El universo no es fruto del azar, sino una obra diseñada por Dios con orden, belleza y armonía divina.
Para coger la Mano del Señor hay que verla.
🔹San Agustín. Tratado sobre el Evangelio de San Juan 17, 11🔹
🔹San Agustín. Tratado sobre el Evangelio de San Juan 17, 11🔹
Es difícil ver a Cristo en la multitud. Es necesaria para nuestro espíritu cierta soledad. Dios se deja ver cuando nuestra atención ha conseguido una cierta soledad. 🔹San Agustín. Tratado sobre el Evangelio de San Juan 17, 11🔹
San Agustín no nos plantea no es un rechazo a los demás, sino una estrategia que nos permita dar un paso atrás dentro de la saturación mediática a la que estamos sometidos. Podríamos decir que enuncia un tipo de ecología de la atención que nos acerque a Dios.
Para los cristianos la soledad no debe ser entendida como aislamiento físico, sino recogimiento de nuestra atención. Es decir, San Agustín los habla de la paz interior que tanto necesitamos. Nuestra atención suele estar todo el día dispersa entre cien mil estímulos. Estímulos que no sólo se refieren a las personas, sino a la dispersión de los deseos, llamadas, tendencias, preocupaciones y sobre todo, al ego. En el tumulto de nuestros propios pensamientos, la voz de Cristo se vuelve un susurro inaudible. La Mano de Cristo, es imposible de ver entre millones flashes de neón. No tenemos tiempo y capacidad para ver Él cómo está delante nosotros tendiéndonos la mano para sacarnos de la tormenta en que vivimos.
San Agustín sugiere que Dios está más cerca de nosotros de lo que creemos. Para verlo, para escuchar cómo llama a la puerta de nuestro ser, hay que dejar de mirar hacia fuera y empezar a mirar hacia dentro. Una "cierta soledad", una paz interior, es el espacio que necesitamos para que el Huésped del alma pueda hablarnos.
Si miramos ahora a las redes sociales, en ellas se vive según el algoritmo de la multitud. Nos dicen que “más es mejor” y que “poco es fracaso”. Si llevamos lo que nos indica San Agustín a la evangelización digital, el desafío es muy grande. Las redes sociales son, por definición multitud, pero la evangelización es una minúscula semilla que lanzamos.
Muchos evangelizadores digitales cometen basan su actividad en sumar más y más ruido al ruido. San Agustín nos recordaría que, para que el mensaje sea eficaz, debe nacer de un encuentro real en la intimidad del ser. Si el evangelizador no vive esta pacífica "soledad", solo se dedica a lanzar contenido sin sentido ni espíritu. No está transmitiendo paz. La Paz del Señor no está en nosotros.
Quizás deberíamos pensar en crear oasis digitales en los que vivir. Es decir, lugares en donde podamos vivir la reflexión de forma tranquila. La evangelización es las redes no es el que nos retiene en la red, sino lo que comparte luz para invitarnos a cerrar los medios para reflexionar y orar.
San Agustín dice que Dios se deja ver cuando se consigue atención en soledad. Hoy la atención es el recurso más escaso. Regalarle nuestra atención a Dios (y no la notificación) quizás pueda ser el primer paso de la santidad en el mundo actual. La "multitud" digital puede ser abrumadora, pero la Verdad tiene un peso propio que nos transforma. No necesitamos luchar para gritar más fuerte que el mundo, porque es imposible. Un mensaje con más profundidad permite espera, tranquilidad y esperanza. Esperanza que actualmente se desvanece entre el ruido y la multitud. Decía san Agustín: “No salgas fuera, vuelve a ti mismo; en el interior del hombre habita la Verdad” (De vera religione, 39,72)
San Agustín no nos aconseja que abandonemos las redes sociales digitales ni las redes sociales humanas. Lo que nos aconseja es que no nos hundamos en las aguas turbulentas de unas u otras redes. Si caemos, Cristo nos tenderá la mano. La clave es entrar en la multitud llevando la paz interior como un escudo y la fe como brújula.
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