El universo no es fruto del azar, sino una obra diseñada por Dios con orden, belleza y armonía divina.
Evangelizar necesita compartir esperanza desde nuestros límites e incapacidades.
🔹San Agustín. Sermón 197, 2🔹
🔹San Agustín. Sermón 197, 2🔹
No eligió reyes, o senadores, o filósofos, u oradores, sino que eligió hombres que eran sencillos, pobres e ignorantes pescadores. 🔹San Agustín. Sermón 197, 2🔹
La lógica de Dios no siempre se ajusta a la lógica humana. Mientras el mundo busca luces, aplausos, credenciales, poder y prestigio, Dios busca sencillez, disponibilidad y humildad. San Agustín subraya aquí que el éxito de la Iglesia no se debe al talento humano, sino a la Gracia. Si Jesús hubiera elegido oradores y filósofos, el mundo habría dicho: "El cristianismo triunfó gracias a su retórica brillante o a su lógica impecable". No fue así aunque que todavía nos cueste aceptarlo.
Al elegir pescadores, que son hombres rústicos, queda claro que la transformación de los corazones es obra del Espíritu Santo. Como dice San Pablo: "Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros" (2 Cor 4,7). El "elitismo social" nunca nos lleva lejos, porque toda apariencia ostentosa esconde vacío. No necesitamos ser "expertos" ni tener un alto cargo para ser llamados por Cristo. La santidad y la misión son para el humilde "pescador": el trabajador, el estudiante, la persona común. En el fondo todos somos personas comunes, aunque nuestra soberbia nos induzca a disfrazarnos de grandes seres y pensar que somos “elegidos” por estas apariencias del mundo.
La soberbia es el mayor obstáculo para escuchar el llamado de Dios . El pescador, acostumbrado a esperar y depender de la providencia, tiene el espíritu siempre abierto para ser llenado por Dios. Tiene esperanza y por eso sigue adelante.
Si trasladamos la cita de Agustín al ecosistema de las redes sociales, la lección es contracultural y liberadora. No necesitamos ser un "orador grandioso" que arrastra a las personas. En las redes sociales, a menudo pensamos que para evangelizar necesitamos ser expertos en comunicación y marketing, tener el mejor equipo de grabación, una iluminación perfecta, montar shows atractivos y guiones virales. San Agustín nos dice claramente que el mensaje de Cristo no depende de nuestra capacidad de edición ni de nuestra elocuencia. Un testimonio de quien le cuesta hablar es auténtico y vale más que una retórica perfecta dicha sin amor.
La lógica de las redes busca acumular seguidores, likes o estatus. Jesús no busca influencers que se señalen a sí mismos, sino pescadores que lancen la red con esperanza. El pescador es paciente, soporta la mala noche sin pesca y sabe que el resultado no depende solo de su habilidad. Los "pescadores" hablan el lenguaje de la gente real. En la evangelización digital, la gente está cansada de discursos elevados y la pesada moralina distante. ¿Qué necesitamos realmente? Necesitamos la cercanía de alguien "sencillo" que n os comente sinceramente: "Saben, yo también sufro, yo también dudo, yo también tengo días que me quedo sin fuerzas, pero he encontrado esperanza en la Palabra, que es Cristo". Eso es lo que Cristo nos indica que debemos hacer, porque la “Buena Noticia” es que todos y todo, tenemos sentido en Él. Nadie sobra en el banquete de bodas si viene vestido de humildad y sencillez.
Nuestras imperfecciones hacen que el Evangelio sea accesible a los demás. El contenido del mensaje es Cristo que nos llena de esperanza, no nosotros. Dios no nos pide que seamos expertos en marketing digital ni teólogos cum laude para hablar de Él en las redes. Nos pide que seamos nosotros mismos, con sencillez y que compartamos un mensaje de esperanza.
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