Amén de ello, en las parroquias acostumbran a existir viviendas que se ponen a disposición de sus sacerdotes. Incluso se puede llegar a alquilar algún piso cercano si las necesidades exceden a lo que la parroquia puede ofrecer, los cuales se ceden gratuitamente a los curas, si bien éstos sufragan de su bolsillo los gastos de agua, luz, gas, teléfono, etc.. Es muy frecuente, sin embargo, que el cura párroco no haga uso de esas viviendas eclesiásticas y viva en su propia casa familiar, solo o acompañando a sus padres, etc., en cuyo caso no recibe compensación alguna. Y que levante la mano haya oído hablar de un sindicato de curas o haya visto alguna vez a un cura manifestarse, romper papeleras o hacer huelga para pedir aumento de sueldo. Conocido todo lo cual, a lo mejor la próxima vez que le venga a Vd. a la cabeza la celebérrima expresión, (“vivir como un cura”), a lo mejor hasta se lo piensa Vd. dos veces y no la pronuncia, o si oye a alguien hacerlo, puede que hasta le pregunte: “¿pero tú te has parado a pensar lo que gana un cura?”. ©L.A. encuerpoyalma@movistar.es
Otros artículos del autor relacionados con el tema De las sorprendentes finanzas de la IglesiaLos seminaristas belgas pasarán exámenes psicológicos para evaluar su inclinación hacia la pedofiliaDel testamento vital que propone la Conferencia Episcopal