Martínez-Sellés: Las comisiones de eutanasia son una «burocratización» del sufrimiento
El cardiólogo alerta de una pendiente resbaladiza y reclama más psiquiatría, paliativos y acompañamiento frente a la muerte provocada.
Dr. Manuel Martínez-Sellés, cardiólogo y experto en bioética, reflexiona sobre la eutanasia, el sufrimiento psíquico y el deber médico de proteger siempre la vida.
El caso de Noelia, la joven parapléjica que ha pedido la eutanasia tras varios intentos de suicidio y una historia de sufrimiento físico y psíquico muy complejo, ha reabierto en España el debate sobre los límites de la llamada “muerte digna”. El doctor Manuel Martínez-Sellés, cardiólogo, experto en bioética y presidente del Colegio de Médicos de Madrid, prefiere no juzgar un caso que no conoce en detalle, pero advierte que muchas solicitudes de eutanasia nacen de un sufrimiento que no se aborda bien: depresión, estrés postraumático, dolor crónico, soledad.
Señala que el deseo de morir en estos contextos suele ser ambivalente y a menudo reversible, denuncia que cuando hay intentos de suicidio “lo ético es prevenir, no facilitar la muerte” y recuerda que el Código de Deontología prohíbe provocar o colaborar en la muerte del paciente.
A su juicio, la aplicación de la ley en pacientes jóvenes y vulnerables confirma la pendiente resbaladiza vista en otros países y alimenta un miedo nuevo: que el médico deje de ser protector de la vida para convertirse en gestor de la muerte, en un sistema que “burocratiza” el sufrimiento en lugar de responder con psiquiatría, cuidados paliativos y acompañamiento humano.
-Lo primero quiero aclarar que no conozco el caso. He leído algo de lo que se ha publicado, pero no tengo información suficiente para saber los motivos que han motivado dicha petición. Toda solicitud de eutanasia conlleva una experiencia de sufrimiento que con frecuencia no se aborda de forma correcta.
Indudablemente, un caso así sugiere una situación de sufrimiento complejo y multifactorial: discapacidad física, posible trastorno de estrés postraumático, dolor crónico, antecedentes de violencia y conducta suicida.
-Quiero insistir en que no puedo opinar del caso concreto. Pero es bien conocido que las ideas e intentos de suicidio son algunos de los criterios diagnósticos de varias psicopatologías. La libertad de decisión puede verse comprometida por situaciones como una depresión mayor o un estrés postraumático. La evidencia indica que el deseo de morir en estos contextos suele ser ambivalente, dependiente del estado clínico y frecuentemente reversible. Muchos psiquiatras consideran que, en estos casos, la solicitud puede estar fuertemente condicionada por la desesperación, más que ser una expresión plenamente autónoma y estable. La verdadera libertad requiere condiciones internas de integración psíquica, no solo ausencia de coacción externa.
-Cuando un paciente tiene ideas suicidas e intenta quitarse la vida lo éticamente correcto es intentar evitarlo, no lo contrario. De hecho, seguimos teniendo la figura del ingreso contra la voluntad del paciente cuando el psiquiatra que evalúa el caso cree que hay riesgo de suicidio. En estos casos la evaluación debe incluir un diagnóstico completo, una valoración estructurada del riesgo suicida y de la capacidad de decisión (competencia), así como un análisis de factores tratables. Cuando hay intentos de suicidio previos, lo correcto en la prevención activa, no facilitar la muerte. Pero, lamentablemente, es cierto que nuestro sistema sanitario no siempre ofrece este nivel de atención y, con frecuencia, estos pacientes se enfrentan a una insuficiencia de recursos o continuidad asistencial.
-La eutanasia está condenada por la Asociación Médica Mundial y por el Código de Deontología Médica Español, cuya última versión se publicó después de la despenalización de la eutanasia en nuestro país. La pendiente resbaladiza o plano inclinado se ha comprobado en los países que nos precedieron en su legalización, como en el caso del Benelux. Esta demostración empírica se ha traducido en una expansión progresiva de indicaciones: de enfermedad terminal a crónica; de sufrimiento físico a psíquico; de ancianos a jóvenes; de patología a pobreza. Cuando el sufrimiento se convierte en criterio para terminar la vida, los límites tienden a difuminarse. Que, en este caso, se esté planteando en una joven sin enfermedades terminales ni dolor incontrolable podría ser una muestra de ello.
-Es un riesgo evidente. Se podría llegar a cuestionar no solo la confianza en los médicos, sino en todo el sistema sanitario. La medicina se debe regir por el principio de no causar daño ni muerte: "Primum non nocere". Si el médico pasa a ser el que la provoca, puede generarse una ambivalencia en la percepción social del rol médico. En pacientes vulnerables (discapacidad, ancianidad, depresión), podría surgir la duda: ¿Me están cuidando o evaluando si mi vida merece continuar? Es famoso el caso de un paciente de ELA al que la profesional que supuestamente le debería ir a ayudar le planteó la posibilidad de eutanasia. El médico debe ser, ante todo, acompañante y protector de la vida, especialmente cuando la persona no puede sostenerla por sí misma.
-Las Comisiones de Garantía y Evaluación (CGE) son los órganos autonómicos responsables de verificar y autorizar las solicitudes de eutanasia en España. Pero los objetores de conciencia no pueden formar parte de ellas, por lo que no puede estar en ellos un médico que defienda la vida y cumpla con nuestro código deontológico, que explícitamente dice en su Artículo 38.4 que "El médico no deberá provocar ni colaborar intencionadamente en la muerte del paciente".
Respecto a jueces, fiscalía y Generalitat, entiendo que se limitan a cumplir la ley que tenemos actualmente vigente, una ley que va en contra de la esencia de la práctica médica. Estas instituciones buscan garantizar la legalidad, evaluando requisitos técnicos, no entran en cuestiones éticas o en valoraciones de si es necesario proteger a una paciente vulnerable. Se centran en la validez formal de la solicitud, no en comprobar si hay un adecuado acompañamiento clínico y humano; es una “burocratización” del sufrimiento.
-Como he dicho antes, prefiero no pronunciarme sobre este caso concreto. Para mí todas las vidas humanas son dignas desde su principio hasta su fin. La dignidad de la vida (y de la muerte) no depende de la autonomía funcional, ni del nivel de sufrimiento, ni del sexo, raza, religión, situación socioeconómica, etc. Esta es la base de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Por tanto, a mí este caso me interpela y me hace cuestionar si la respuesta ha sido terapéuticamente adecuada y si ha habido un acompañamiento adecuado o si se ha interpretado el sufrimiento como “irreversible” demasiado pronto. Creo que debemos preguntarnos si estamos ofreciendo suficiente presencia, vínculo y sentido, o solo soluciones técnicas.
-Seguimos estando en la cola de Europa en cuidados paliativos. Ojalá se hiciera una inversión real que permitiera cambiar esta situación. En cualquier caso, es bueno recordar que, además de los cuidados paliativos, existen distintas vías (aunque desiguales en acceso y no siempre disponibles en el ámbito público) unidades del dolor, salud mental especializada, rehabilitación integral, hospitalización a domicilio y redes de apoyo social y comunitario. La clave está en intensificar el acompañamiento, personalizar los tratamientos, humanizar la asistencia sanitaria, reducir el abandono social y reforzar la continuidad asistencial. El desafío no es solo médico, sino también social, cultural y estructural. Egoístamente, creo que nos interesa construir un sistema donde nadie sienta que la muerte es su única salida. Lo digo porque a todos nos puede tocar estar en una situación de enfermedad y sufrimiento.
Epílogo
Mientras se publican estas palabras, el caso de Noelia se acerca a su desenlace. En Barcelona se han organizado vigilias de oración ante el hospital para decirle, en nombre de muchos, que su vida importa y que su vida vale. Su padre y sus abogados siguen agotando las últimas vías jurídicas y claman por más tiempo, más tratamiento y más esperanza, no por una inyección letal.
Al mismo tiempo, los datos oficiales recuerdan que en 2024 se practicaron 426 eutanasias en España y que la ley sigue extendiéndose en silencio.
En este contexto, la llamada del doctor Martínez‑Sellés a “prevenir el suicidio, no facilitar la muerte”, a fortalecer la psiquiatría, los cuidados paliativos y el acompañamiento, y a no “burocratizar” el sufrimiento, resuena como una interpelación urgente a la conciencia de los médicos, de los legisladores… y también de los creyentes.
Una vela encendida ante la cruz en una capilla de hospital: la oración que recuerda que ninguna noche es definitiva y que toda vida herida sigue siendo digna de ser amada.