Serrano Oceja: El emotivismo como nueva ideología del Estado
La nota CEE interpela a Hakuna y a la educación católica en emociones
José Francisco Serrano Oceja, periodista y catedrático en la Universidad CEU San Pablo de Madrid (Foto: captura El Debate)
La reciente nota "Cor ad cor loquitur" de la CEE ha avivado debates sobre emotivismo en la fe juvenil, con ojos puestos en Hakuna o Effetá.
José Francisco Serrano Oceja, catedrático de Periodismo en la Universidad CEU San Pablo y experto eclesial, hoy en el diario ABC la contextualiza como alerta cultural: «Emotivismo como ideología del Estado», que moldea generaciones ansiosas y exige revisar la educación católica.
Relee el texto a la luz de MacIntyre y La Civiltà Cattolica sobre la Gen Z —atraída por belleza litúrgica y adoración—, pero vulnerable a un «bombardeo emocional» sin formación en virtudes. Defiende estos movimientos como modernos Cursillos y cita el punto 36 sobre Eucaristía para un examen pastoral amplio.
- Cuando se ha publicado la Nota hemos pensado en Hakuna, Emaús o Effetá porque son realidades eclesiales de primer anuncio que ahora están pegando fuerte. Pero no son las únicas. Podíamos pensar que cumplen ahora la función que en su momento, cuando el catolicismo sociológico era dominante, en los años cincuenta del siglo XX, tuvo Cursillos de Cristiandad. No son las únicas realidades de esta naturaleza. Lo que ocurre es que dan respuesta a las demandas de sentido, trascendencia y pertenencia del sujeto contemporáneo, particularmente de los jóvenes.
La Nota no habla de ninguna de ellas en concreto. Pero hay puntos que, leyéndolos, uno inmediatamente relaciona con algunas imágenes que tenemos en nuestra cabeza. Te pongo un ejemplo. Dice el punto 36:
“(…) En algunos ambientes se detecta un recurso excesivo a elementos de tipo emotivo, incluyendo prácticas de culto a la Eucaristía fuera de la misa que desvirtúan y descontextualizan el sentido propio de la adoración al Santísimo Sacramento. La adoración eucarística, sea de forma privada o pública, prolonga e intensifica lo acontecido en la celebración litúrgica, pues adoramos a aquel que hemos recibido[34].
Esta relación intrínseca invita a cuidar la dimensión comunitaria de la adoración eucarística, ya que la relación personal con Jesús sacramentado pone al fiel en comunión con toda la Iglesia, al hacerle tomar conciencia de su pertenencia al cuerpo de Cristo [35]. El sentido netamente eclesial de la adoración eucarística implica el respeto y la fidelidad a las normas litúrgicas[36], que evitará el subjetivismo y la arbitrariedad de formas del culto eucarístico, así como el uso de elementos extraños a lo dispuesto en el Ritual. Todo ello plantea el reto de garantizar, tanto a los fieles como a los ministros ordenados, una buena formación litúrgica que ayude a situar la celebración de la Eucaristía, especialmente la dominical, en el centro de la vida personal, comunitaria y eclesial[37]”.
Leyendo este punto, inmediatamente me han venido a la mente fotografías que todos hemos visto.
Por cierto que, en este sentido, también la religiosidad popular, en varias de sus formas, se debe sentir interpelada por este documento, lo que significa que hay más instituciones que debieran darse por concernidas.
. Hay varios aspectos y varios trabajos significativos para entender esta dinámica antropológica del sujeto emotivista. Entiendo que los obispos han tenido en cuenta que, desde que se publicara “La inteligencia emocional” de Daniel Goleman, el mundo pedagógico y educativo se volcó en la educación emocional como forma de revalorizar esa dimensión de la inteligencia. Por cierto, un modelo de inteligencias hoy puesto en cuestión. Eso quiere decir que llevamos quince años con el sistema educativo desarrollando lo emocional y con miles y miles de libros de supuesta espiritualidad y de psicología emocional asentando las bases de ese sujeto que se mueve por el deseo, que suele ser inmediato y que está sometido a los impulsos del ahora mismo y del aquí que marca la cultura de la satisfacción mediática. No olvidemos que estamos hablando de la “generación ansiosa”. Puedo seguir citando bibliografía, por ejemplo, “Emociones tóxicas” de Bernardo Stamateas. Bibliografía que explica muy bien el clima cultural y pedagógico que se ha potenciado en las nuevas generaciones y que incide decisivamente en aquello sobre lo que ahora se apostilla. Incluso desde el punto de vista de la política, se están desarrollando estrategias de lo que se denomina la “gobernanza emocional” dentro del capitalismo avanzado. De hecho, se habla del emotivismo como la nueva ideología del Estado. En este sentido, el documento de los obispos es una invitación a la libertad interna y externa.
Esto quiere decir que la educación, (por cierto, aquí habría que hacer un examen de conciencia sobre qué se ha hecho y qué se está haciendo en los centros dirigidos por la Iglesia), ha olvidado la formación del carácter, de la voluntad, en las virtudes, y se ha entregado a no poco de lo que se entiende por la educación en valores, que lo es también de las emociones y de los afectos.
- Perdona que cite un reciente artículo de la revista La Civiltà Cattolica en español, se titula “Enfrentados. Sobre la ruptura intergeneracional en la fe católica”, de Ignacio González Sexma, a quien no conozco. Señala, a propósito de la Generación Z, las siguientes características de su forma de vivir la fe, que comparto:
- La fe de estos jóvenes nacidos a finales del siglo XX e inicios del siglo XXI, supone un cambio significativo respecto a las generaciones anteriores, sobre todo la «Generación X», que es la de sus padres y la de los coetáneos a estos, incluidos catequistas, sacerdotes, religiosos/as…
- Pasan del giro antropológico al giro teológico. No ponen el acento tanto en la experiencia personal ni en la lucha por la justicia, como en la bondad y la belleza de Dios mismo. Jesucristo no es solo un profeta revolucionario y liberador, sino que es también el Hijo de Dios, Segunda Persona de la Trinidad. Simplificando mucho, podríamos decir que su cristología, aunque no lo formulen así, está influida por Hans Urs von Balthasar: «La belleza reclama para sí tanto valor y fuerza de decisión como la verdad y el bien. Y no se deja separar ni alejar de sus dos hermanas sin arrastrarlas consigo en una misteriosa venganza».
- Para estos jóvenes, la liturgia, vinculada a la belleza, via pulchitudinis, es un camino privilegiado para facilitar el encuentro con Cristo. En consecuencia, dan también bastante importancia a las formas. Dentro de la preocupación por la belleza, la música juega un papel fundamental.
- El deseo de vivir una fe más auténtica y sencilla genera un mayor cuidado de la vida sacramental: la misa dominical cobra gran importancia para ellos; en los últimos años, en algunos lugares, ha aumentado mucho la presencia de jóvenes en la misa diaria.
Es esta porción personal del Pueblo de Dios a la que hay que acompañar y educar. Quien tenga hijos en esa edad, o incluso de la generación Y, sabe de lo que estoy hablando. O quien tenga relación con estudiantes universitarios.
- No sé muy bien y en concreto a qué lecturas te refieres. Si ha habido una coincidencia de interpretaciones, por algo será. Pero ya sabes lo que decía Nietzsche sobre este mundo en el que vivimos, y esto es lo que me preocuparía de la recepción del documento, que solo nos quedáramos con las interpretaciones que lleguen a opacar al texto. Decía el autor de "La gaya ciencia": «Ya no existen los hechos, solo las interpretaciones». Por cierto, es un texto muy rico en perspectivas que hay que leer varias veces, incluso meditar.
- Hay un título de un libro de ese gran sacerdote de Madrid que es José Manuel Horcajo, cuyo título sintetiza lo que preguntas. Se titula “Emotivistas por dentro y utilitaristas por fuera”. El emotivismo de MacIntyre implica la renuncia selectiva a
la moralidad y el ethos comunitario. El emotivismo reduce los juicios morales a la expresión de preferencias personales, con lo que se disuelve lo común objetivo en lo permanente individual subjetivo. McIntyre se pregunta en el fondo sobre la relación entre normas morales objetivas y la aceptación cultural. El emotivismo oculta en el fondo la verdad sobre nosotros mismos. Esto nos lleva a otra cuestión.
Ya no estamos en la época de un catolicismo moral, es decir, de una forma de entender la propuesta cristiana que se presenta como una sola moral. Recordemos aquí a Benedicto XVI y el arranque magistral de su encíclica “Dios es amor”: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. Y quienes están certificando esto, la tarjeta de presentación del cristianismo como una mera moral, que es una trampa que la modernidad le puso al cristianismo, son los jóvenes.
La tarea clarificadora, por tanto, propia del ministerio episcopal, ha tenido en cuenta estos factores. Estoy seguro de que los obispos han atisbado la dirección en la que camina el pueblo cristiano y se han puesto a la cabeza.
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