Religión en Libertad

Carmen María López: la poesía como camino hacia lo divino

La poeta murciana, Premio Adonais 2025, une fe y belleza en "Oración de la lluvia"

La autora sostiene el Premio Adonáis como confirmación pública de un trabajo poético tejido en silencio, lectura y experiencia vivida.

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Hay en la poesía de Carmen María López (Caravaca de la Cruz, 1991) una respiración honda, como de quien contempla el mundo con asombro y temblor. Su palabra brota desde el silencio y busca nombrar lo que nos trasciende: el misterio, la belleza, lo divino que habita lo cotidiano. Profesora titular de Teoría de la Literatura en la UNED y doctora por la Universidad de Murcia, combina una sólida formación filológica con una sensibilidad poética que se interroga sobre el tiempo, la muerte y el amor a la luz de la fe .

En la Biblioteca Nacional, la poeta comparte en voz alta unos versos nacidos del diálogo entre fe, memoria y mirada contemporánea.

En diciembre de 2025 recibió el Premio Adonáis de Poesía por "Oración de la lluvia", un libro de plegarias interiores donde lo humano se funde con lo eterno, destacado por su “emoción creciente que atraviesa el tiempo, las generaciones y las herencias literarias con un lirismo a la vez hondo y luminoso”.

López, heredera de la tradición metafísica que enlaza a John Donne con Miguel Ángel y los poetas de la espiritualidad contemporánea, escribe desde una mirada agradecida, consciente de la palabra como don y revelación.

En esta entrevista, comparte cómo la oración, la belleza y el anhelo de trascendencia se entrelazan en su escritura.

- En su poemario "La madre de nadie", ganador del VII Premio ESPASAesPOESÍA, se percibe una búsqueda de lo trascendente y lo divino. ¿Cómo se relaciona su fe católica con su poesía y qué papel juega la espiritualidad en su obra?

-La poesía, de algún modo, es una búsqueda de lo trascendente. Lo era así desde sus orígenes. Los primeros poemas eran cantos. Por eso creo que se puede leer la Biblia como un texto poético, además de como historia sagrada. A mí más que una poesía estrictamente religiosa o espiritual, me interesa la “poesía metafísica”, aquella en la que hay un anhelo de trascendencia. La lectura de John Donne, un poeta metafísico inglés del siglo XVII fue un descubrimiento, por ese diálogo con el ser y la preocupación constante sobre la muerte, el tiempo, Dios y el amor.

-Acaba de ganar el Premio Adonáis con su poemario "La madre de nadie". ¿Qué significa para usted este premio y cómo se siente al recibir este reconocimiento a su trabajo?

-El Premio Adonáis es el más antiguo y uno de los más prestigiosos de España. Conseguir este galardón supone unirme poéticamente a una cadena de escritores a los que admiro. En la colección Adonáis han publicado poetas con los que he crecido. Pienso en José Hierro, Premio Adonáis de 1947 por su libro “Alegría”. Y como José Hierro tantos otros autores (José Ángel Valente, Ángel González, Blanca Andreu, Basilio Sánchez, Eloy Sánchez Rosillo…). El Adonáis tiene un brillo especial por eso, porque une voces poéticas que resuenan en la memoria. Porque, de algún modo, en su colección a cargo de la editorial Rialp se recoge la historia de la poesía en lengua española de los últimos setenta años. Por eso nunca imaginé ganar el Adonáis. He vivido la noticia con una mezcla de inmensa felicidad y sorpresa.

-Como profesora de Teoría de la Literatura y especialista en la obra de Javier Marías, ¿cómo cree que su formación filológica influye en su enfoque literario y en la creación de sus poemas?

-La docencia, la investigación filológica y la creación poética son parcelas de mi vida distintas y, sin duda, diferenciadas. Mi formación filológica puede, en algún punto, influir o modelar mi visión sobre la creación literaria, pero solo en una etapa inicial, la de pensar el poema. Siempre he sentido que al escribir poesía me distancio de mi “yo académico”, el que escribe libros y artículos de investigación, para dejar espacio a un “yo poético”, más irracional, menos sujeto a las normas de la academia, más libre y visceral. Experimento una metamorfosis. La filología está ahí, está Javier Marías, están las lecturas, la cadena de autores, pero en la escritura poética ese saber filológico se adelgaza y no debería verse ni asomar demasiado. La escritura literaria es el territorio de la libertad por excelencia.

Entre anaqueles y autores de referencia, la poeta se reconoce heredera de una tradición que alimenta su voz y su búsqueda interior.

- En su poema "Capilla Sixtina", se describe la obra de Miguel Ángel como una búsqueda de la belleza y la verdad. ¿Qué cree que es la relación entre la belleza, la verdad y la fe en la poesía y en la vida? ¿Cómo escribió este poema?

-El poeta John Keats, que escribía de un modo formidable y además murió muy joven, decía que la verdad es belleza y la belleza verdad. Que a esa conjunción es a la que el ser humano debe aspirar. Es una idea romántica, quizá ya superada, aunque en su fondo la verdad y la belleza se interconectan. El poema “Capilla Sixtina” es un diálogo con el artista Miguel Ángel Buonarroti, el autor del David y quien pintó el fresco de la Capilla Sixtina en el Vaticano. Siempre que viajo a Roma me detengo a contemplar esa maravilla, esa obra de arte que une el cielo y la tierra, lo divino y lo humano. Y todas las veces la he contemplado con el mismo asombro. De esa capacidad de asombro nació este poema. Lo escribí dialogando con el artista, porque su obra es una forma de elevación. El poema se cierra con estos versos: “La vida es del tamaño de un pincel. / En ella cabe todo: lo divino y lo humano”.

-En su obra, se percibe una conexión entre la poesía y la oración. ¿Cómo cree que la poesía puede ser una forma de oración y qué papel juega la oración en su escritura?

-Oración de la lluvia es una especie de plegaria poética en dos tiempos o movimientos (“Lo divino” y “Lo humano”). Al tomar el simbolismo de la oración en el discurso poético nace un canto marcado por la humildad, la piedad y el agradecimiento. El libro se detiene a explorar las cosas sencillas, a interrogar al yo, a trazar un diálogo con escritores y artistas que han moldeado mi educación literaria, pero también a conversar sobre la familia y sus lazos. La oración, en el fondo, es un “tono”, igual que otros artistas escriben sátiras o elegías. Unida a la oración está la lluvia como forma de recogimiento, entrega y piedad. Escribir es llover, digo en uno de los versos del libro. 

Escribir es llover. Contemplación y palabra en la poesía de Carmen María López

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