Liderar con pasión y trascender: lecciones de los fundadores
Miguel Ángel Millán Asín, experto en liderazgo
Miguel Ángel Millán Asín
En un mundo donde el liderazgo se mide cada vez más por la eficacia y el reconocimiento, Miguel Ángel Millán Asín, experto en liderazgo y acción social, nos recuerda que la verdadera trascendencia se logra a través de la pasión, la ética y el servicio. En su libro "Liderar con pasión y trascender", Millán Asín analiza la vida de los fundadores de congregaciones y descubre lecciones valiosas para líderes de hoy en día.
En esta entrevista, nos habla sobre la importancia de la fe, la compasión y la libertad interior en el liderazgo, y cómo estos valores pueden inspirar a líderes en todos los ámbitos de la vida.
Pioneros en carrera espiritual: principios eternos de servicio y ética.
-Creo que el liderazgo actual puede recuperar, al menos, cinco rasgos muy vigentes:
- Propósito y misión. No hay liderazgo posible sin un “para qué”, sin un sentido de misión.
- Discernimiento y perseverancia. La misión no siempre está clara; a veces requiere años de búsqueda y maduración.
- Pasión compartida. Cuando se clarifica la misión, hay que vivirla con pasión y saber contagiarla: nadie sostiene una obra solo.
- Fe y confianza. Los fundadores pusieron su confianza en Dios; hoy todo líder necesita confiar en algo que lo trascienda: principios, sentido, bien común.
- Riesgo y conflicto. Emprendieron sin “planes de negocio” ni estudios de mercado, muchas veces sin recursos. Partieron de cero, asumieron riesgos y gestionaron conflictos y persecuciones, desde fuera y desde dentro.
-Destacaría cuatro claves:
- Fidelidad al espíritu, no a la forma. Ser fieles al carisma no significa repetir mecánicamente lo de siempre, sino mantener vivo el espíritu fundador. Ellos vivieron conectados con la realidad, captaron necesidades y dieron respuestas. La mayoría fueron innovadores, no siguieron la corriente, y aportaron propuestas de valor. Caer en la rutina y no arriesgar suele ser el inicio del declive.
- Vivir el carisma con entusiasmo, convencidos de que vale la pena. Ser capaces de compartir un sueño que seduce y atrae. Con lamentos, quejas y negativismo no se construye nada duradero.
- Cuidar la incorporación de nuevos miembros y la formación. Muchos fundadores insistían en “calidad, no cantidad”.
- Cultura de equipo y participación. No buscaban fidelidad a su persona, sino a la misión. La visión compartida que perdura se construye alrededor de proyectos, no alrededor de personalismos.
Y añadiría una idea más: a veces una obra se transforma. Algunas iniciativas nacieron en un contexto concreto y, con el tiempo, quizá deban reorientarse, integrarse en otras o incluso cerrar con dignidad, con la conciencia tranquila del deber cumplido.
-En mi libro anterior, "Humanización y gestión por valores", abordo más ampliamente este tema. En el fondo, los estilos de liderazgo responden a valores, más allá de la personalidad. En los fundadores vemos un liderazgo de servicio, desde la humildad, con un respeto radical a la dignidad de las personas (incluso del adversario) y, sobre todo, es un liderazgo por amor. La eficacia y la eficiencia son importantes, pero no todo vale: no se puede asumir que el fin justifica los medios. El liderazgo que trasciende combina resultados con ética, cuidado de las personas y coherencia con la misión.
-Tras muchos años en puestos de responsabilidad, buscando respuestas para ejercer mejor mi labor, me encontré con los fundadores desde una pregunta muy concreta: más allá de la dimensión religiosa, ¿cómo hicieron para liderar y gestionar sus fundaciones? Leer sus vidas desde mi experiencia de liderazgo fue apasionante: empecé con Ignacio de Loyola y Teresa de Jesús, y seguí con muchos más. De esa lectura —y de mi experiencia en el ámbito social— trasladaría tres lecciones muy aplicables hoy:
- Poner a la persona en el centro. El liderazgo compasivo no es blando; es profundamente exigente porque implica reconocer dignidad y acompañar de verdad.
- Decidir sin deshumanizar. Se puede ser firme sin perder humanidad: la autoridad se legitima por el servicio.
- Sostener la esperanza. En contextos vulnerables, el líder no solo organiza: transmite sentido, serenidad y futuro.
-En el libro aporto 20 claves. Si tuviera que seleccionar algunas, destacaría:
- Cultivar la vida interior: silencio, oración, meditación.
- Desapego: no identificarte con tu obra, por buena que sea; tener libertad interior para asumir incluso el fracaso con paz.
- Humanidad también en el conflicto: mostrar afecto e interés auténtico por las personas, incluso por quienes te atacan; responder al mal con bien es profundamente transformador.
- Practicar la revisión de vida personal y comunitaria. Saber perdonar y pedir perdón.
-La clave no está en la edad, sino en cómo se vive la vida. Ha habido fundadores muy jóvenes y otros que comenzaron a fundar con más de 70 años; algunos con salud y otros con enfermedades o discapacidades. Los años, por sí solos, no dan sabiduría.
La madurez del liderazgo se nota especialmente en la capacidad de crear legado: formar personas, transmitir un espíritu y preparar el relevo sin aferrarse al control. Y tenemos ejemplos muy elocuentes incluso en vidas breves, como san Carlo Acutis, que con solo 15 años dejó un legado impresionante.
-La pasión solo se sostiene si se cuida su fuente: la interioridad. Sin vida interior, el liderazgo se convierte fácilmente en activismo, y el activismo termina pasando factura.
La clave es alternar acción y profundidad: trabajar con intensidad, pero desde un centro interior.
Respecto a medir la trascendencia, es relativo. Lo más superficial es medirla solo por la continuidad de las obras. Sin negar su importancia, es más decisivo:
- El impacto real: si hoy siguen aportando valor y respondiendo a necesidades.
- La transmisión del carisma: que el espíritu llegue a equipos, profesionales y voluntarios, incluso cuando ya no haya religiosos en primera línea.
- La capacidad de inspirar más allá de “los propios”: el mayor caso de éxito es cuando el carisma entusiasma también a personas que ni siquiera son católicas, trascendiendo las fronteras de la Iglesia (Francisco de Asís, Teresa de Jesús, Don Bosco, Teresa de Calcuta…).
-La fe, bien entendida, no es un adorno: es una fuente de sentido. Aporta tres cosas muy prácticas:
- Horizonte: Te recuerda que el fin no eres tú ni tu éxito, sino la misión y las personas.
- Libertad interior: Te ayuda a no absolutizar el poder, el reconocimiento o los resultados.
- Ética del cuidado: Te empuja a liderar desde la dignidad, la compasión y la justicia, incluso cuando eso cuesta.