Religión en Libertad

Rafael Vázquez: “El diálogo no niega la misión, la hace más evangélica”

El nuevo consultor del Dicasterio llama a descalzarse ante el misterio del otro, terreno sagrado del Espíritu.

Rafael Vázquez, nuevo consultor del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso.

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Desde las costas de Marbella —donde nació el 4 de abril de 1978— hasta las aulas de la Universidad Gregoriana de Roma, donde obtuvo su doctorado en Teología Dogmática, Rafael Vázquez Jiménez ha forjado un itinerario pastoral marcado por el encuentro auténtico. Ordenado sacerdote el 11 de septiembre de 2004, ha sido párroco en San José de Fuengirola (Málaga), profesor en el CSET San Pablo, delegado episcopal de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso desde 2015, miembro del Patronato de la Fundación Lux Mundi y director de la revista Pastoral Ecuménica desde 2017.

Ahora, el Papa León XIV lo ha nombrado consultor del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso —cuyo prefecto es el cardenal George Jacob Koovakad—, un organismo clave para fomentar relaciones con religiones no cristianas (excepto el judaísmo), en un momento en que el mundo clama por puentes de paz.

En esta exclusiva, el teólogo malagueño —director del secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Subcomisión para Relaciones Interconfesionales de la CEE— desvela su visión: el diálogo como “acercamiento al otro en el tú a tú, con limpieza de corazón”, la recepción viva de Nostra aetate, la fraternidad frente a conflictos, el rol de los jóvenes en periferias plurales, la presencia religiosa en una Europa secular y los retos internos de la Iglesia. No es solo teoría: Vázquez propone una Iglesia que se hace coloquio, testigo de un Dios que se revela en el misterio del hermano.

-Profesor, viene de coordinar el ecumenismo y el diálogo interreligioso en España y ahora entra en el corazón de este Dicasterio en Roma: ¿cuál es, para usted, la gran prioridad espiritual y pastoral del diálogo interreligioso hoy, más allá de los discursos oficiales?

-El acercamiento al otro en el tú a tú, con limpieza de corazón, sin prejuicios, sin imágenes preconcebidas… Dejando que el otro se muestre como es, y no acercándonos al que es diferente por lo que otros me han contado. Cuando nos miramos cara a cara y entramos en el misterio del otro haciéndolo un hueco en nuestro corazón, caen muchos prejuicios que impiden el diálogo y el encuentro. Esto implica un gran respeto por la identidad de los interlocutores, que no puede ser manipulada. Que cada uno sea quien es en el diálogo y juntos decidan buscar la Verdad, que no es arma arrojadiza, sino aquella por quien todos debemos dejarnos poseer, y a la que todos hemos de convertirnos.

«El acercamiento al otro en el tú a tú, con limpieza de corazón, sin prejuicios...» (Rafael Vázquez)

-Acaba de editar el Comentario teológico a los documentos del Vaticano II (vol. II), con Unitatis redintegratio, Dignitatis humanae y Nostra aetate; si tuviera que escoger un punto de estos textos que aún no hemos tomado del todo en serio, ¿cuál sería y cómo cambiaría nuestra manera de dialogar con otras religiones?

-Los textos del Vaticano II han de cobrar vida en la Iglesia, no son colecciones de documentos sino hoja de ruta para la Iglesia del s. XXI. Creo que necesitamos hacer vida aquel texto del Nostra aetate en el que se dice que “la Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero” (NA 2). Lo que nos invita a apreciar la acción de Dios que sobrepasa las barreras institucionales de la Iglesia católica, y nos hace conectar con los demás a partir de un terreno común. Dejamos de ser extraños para reconocer todo lo que hay en común entre nosotros. Y otro texto que considero importante hacer vida es uno de Dignitatis humanae que dice que “la verdad no se impone sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra suave y fuertemente en las almas” (NA 1). Se acabaron los tiempos de las imposiciones, es el tiempo de la propuesta, de la oferta, del diálogo, de suscitar la búsqueda, y hacerlo descalzándonos —como Moisés ante la zarza ardiente—, conscientes de que pisamos un terreno sagrado ya tocado por la acción el Espíritu.

«Descalzándonos como Moisés ante la zarza ardiente» (Rafael Vázquez).

-En varios escritos ha insistido en la fraternidad universal, de Abu Dabi a Fratelli tutti: ¿cómo se mantiene fiel la Iglesia a Jesucristo sin diluir su identidad cuando se sienta a la mesa con religiones implicadas también en tensiones y conflictos políticos?

-Quienes se sientan a dialogar conocen bien las reglas del juego, que el Papa Francisco sintetizó así: hablar desde la propia identidad sin “falsearnos” para ser complacientes; ser valientes para acoger la alteridad como un don, y el otro como alguien del que puedo aprender; y no utilizar estrategias en el diálogo, nadie va con doblez de intención, sino con la apertura a hacer camino juntos, sabiendo que no hay hoja de ruta, pues los caminos del diálogo siempre sorprenden. Yo añadiría que las personas de fe que entran en diálogo lo hacen convencidos de que la fe no es obstáculo para la convivencia y la paz, sino que es el fundamento imprescindible de la concordia y la amistad social. No podemos creernos el discurso de que las religiones son motivo de enfrentamiento y luchas, al contrario, las religiones, bien entendidas y no degradadas por las ideologías, son instrumentos de comunión y fraternidad.

«Hablar desde la propia identidad sin “falsearnos” para ser complacientes; ser valientes para acoger la alteridad como un don» (Rafael Vázquez)

-Ha trabajado el vínculo entre sinodalidad, ecumenismo y pastoral juvenil; ¿qué pueden enseñar las nuevas generaciones —que conviven naturalmente en ambientes plurales— a una Iglesia que todavía teme a veces el diálogo interreligioso?

-Las nuevas generaciones de millenials o los boomlets, nativos digitales, ya no solo viven en espacios físicos religiosamente plurales, sino también espacios digitales en los que la oferta de espiritualidad es muy amplia. No miran a un musulmán o a un budista como alguien habita tierras lejanas, sino con aquellos con los que convive en el día a día. Es muy positivo que antes de plantearse la cuestión por la pertenencia religiosa del otro, ya haya podido surgir una relación de amistad o se hayan ayudado mutuamente en ocasiones varias, lo que facilita mucho el diálogo, pues se descubre de manera natural que es mucho más lo que une que lo que separa. Sin embargo, también hay que estar alertas, pues el pluralismo religioso no pude justificar el relativismo, una vivencia de la fe desde el desarraigo, sin una clara identidad religiosa, o haciendo compatible doctrinas y principios que proceden de universos religiosos distintos, en una especie de melange que no salva.

"Se descubre de manera natural que es mucho más lo que une que lo que separa" (Rafael Vázquez)

En el contexto de una Europa cada vez más secularizada, usted ha reflexionado sobre libertad religiosa y presencia de la Iglesia en el espacio público: ¿qué modelo de colaboración entre religiones imagina para que la fe sea propuesta y no impuesta?

-Las religiones han de ser aceptadas como legítimos interlocutores en el juego democrático, y tienen una sabiduría y una experiencia amasada a lo largo de siglos que pueden aportar mucho a la sociedad en diversos ámbitos: la espiritualidad, la antropología, los problemas éticos, etc. Lógicamente han de respetar los campos de acción civiles y su autonomía y no pretender modelos teocráticos, pero sí han de aportar su punto de vista en el debate público y ser respetadas como tantos otros estamentos de la sociedad. No comparto los modelos laicistas que pretenden borrar a las religiones del espacio público, pues es pretender eclipsar la dimensión trascendente del ser humano, que es esencial. Siendo así, estoy convencido de que las religiones pueden prestar un gran servicio al bien común y a la sociedad. Pero tampoco comparto las interpretaciones fundamentalistas de la religión que hacen algunos grupos, que pretenden imponer y establecer dicotomías que provocan enfrentamientos.

«Las religiones han de ser aceptadas como legítimos interlocutores en el juego democrático» (Rafael Vázquez)

-Como párroco, delegado diocesano y ahora consultor romano, ¿cuáles son hoy los mayores obstáculos internos dentro de la propia Iglesia católica para asumir en serio el ecumenismo y el diálogo interreligioso como parte de la vida ordinaria, no solo de las “semanas de oración” o de los grandes gestos?»

-Sigue siendo necesaria la formación en el campo del diálogo ecuménico y del diálogo interreligioso. Me encuentro en medios llamados católicos, redes sociales de personas que quieren defender el catolicismo auténtico y entre muchos fieles, sacerdotes y religiosos una oposición al ecumenismo y al diálogo interreligioso. No es más que falta de formación y conocimiento de los grandes principios que sustentan estos diálogos. No entendería que alguien pretenda ser un católico de “pro” negando el Magisterio de un Concilio ecuménico. Por ello, aunque se han dado grandes pasos, el reto sigue siendo grande. El conocimiento y la formación son instrumentos lentos, pero eficaces a la larga, para una sana reforma y la desaparición de los miedos. Así podrán darse otros pasos interesantes, como la colaboración en proyectos comunes al servicio de la justicia y los más pobres. El trabajo común al servicio del hermano nos acerca y construye fraternidad. No es lo mismo hablar del hermano, que trabajar y descubrir en el otro a un hermano con el que trabajo codo con codo.

"Formación: instrumento lento pero eficaz contra los miedos" (Rafael Vázquez)

-Trabajará junto al cardenal Koovakad, llamado a impulsar un diálogo interreligioso “al servicio de la paz”: si pudiera señalar tres campos muy concretos donde le gustaría que el Dicasterio dé pasos visibles en los próximos años, ¿cuáles serían y por qué?»

-El Dicasterio para el Diálogo Interreligioso tiene una importante labor en el proceso de recepción de la declaración Nostra aetate del Concilio Vaticano II, y en la promoción y la defensa de la libertad religiosa en todos los países, especialmente de las minorías religiosas, sean las que sean. Además, es importante hacer entender en la Iglesia que el diálogo no niega la misión de la Iglesia, sino que es parte de la misión de la Iglesia y que dialogar no es doblegarse al otro, sino dar testimonio de un Dios que quiso hacerse Palabra, y una Iglesia que se hace coloquio. Y, como no, creo que el Dicasterio puede ser un gran signo de esperanza para esta sociedad, que ha roto muchos cauces de diálogo e incluso ha inhabilitado organismos internaciones de diálogo y paz. La promoción de encuentros de todo tipo y la colaboración entre las religiones para favorecer la convivencia y la paz entre los pueblos es un gran signo de esperanza, que puede iluminar las sombras en las que viven tantos pueblos.

«El Dicasterio puede ser un gran signo de esperanza [...] para favorecer la convivencia y la paz entre los pueblos» (Rafael Vázquez).

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