Un encuentro inesperado con la Virgen: la historia de Andrea Leoz
La Virgen la llama por su nombre y le regala un encuentro con una vidente en Medjugorje

Andrea Leoz
Andrea Leoz, una joven rumana, comparte su conmovedora experiencia en Medjugorje, donde la Virgen María se ha aparecido en varias ocasiones.
En este testimonio, Andrea relata en primera persona cómo experimentó que la Virgen la llamó por su nombre y le regaló un encuentro inesperado con una de las videntes, Marija, en un momento de gran necesidad espiritual. Su historia es un recordatorio de la amorosa presencia de la Virgen en nuestras vidas y su deseo de guiarnos hacia su Hijo.
"TE HE LLAMADO POR TU NOMBRE"
Andrea Leoz
Esta es mi segunda visita a Medjugorje, un pueblo sencillo de Bosnia donde la Santísima Virgen sigue apareciéndose y sigue dando muchos frutos y milagros al mundo, un mundo tan necesitado de Dios.
Para contar lo que viví recientemente en 2025, he de empezar por mi primer viaje a Medjugorje. Por la gracia de Dios, con más de 30.000 personas en la montaña de las apariciones, una locura, pero ni sé por qué ni cómo, viví en primera fila una de las apariciones. Fue precioso el momento de la aparición, ver a aquella mujer en éxtasis hablando con la Virgen. La pude ver como a alguien que tienes enfrente, no podía entender el regalo que la Virgen le regaló a aquella vidente. Fue maravilloso y jamás olvidado.
Pero esto no se acaba aquí. Mi segundo viaje fue un poco egoísta por mi parte, pues no quería viajar allí, no estaba en mis planes. Dicen que cuando vas a Medjugorje es porque la Virgen te llama. Y tanto que llama, que me lo dejó muy claro. Más señales no podía recibir, pues Ella me dejó una huella muy fuerte en el corazón, su presencia real y su amor incondicional a los hijos más descarriados. Me veía tan rebotada con Ella que hubiera sido capaz de renunciar a la obra que tiene Ella para mí, como gran pecadora que soy.

Andrea Leoz con un grupo de amigos valencianos.
En este segundo viaje, cuando llegamos a Medjugorje, no me lo podía creer, pues era real que volví allí en compañía de una amiga de la infancia. Fue un precioso viaje bendecido con 100 valencianos que se hizo una preciosa comunidad, una unión fraternal muy palpable. Pudimos compartir, reír, escuchar testimonios, historias de almas tan sufridas que estaban dispuestas a viajar 40 horas en bus a Medjugorje con la esperanza de que la Virgen les hablara al corazón, reparara sus heridas... Eran tantas almas presentes en aquel pueblo tan especial, que no fui consciente de lo bendecida que estuve en esos días.
Hubo un día que tuvimos día libre para ir donde quisiéramos, yo quise aprovechar para andar sola por el pueblo, ir sin rumbo, pero algo me vino al corazón. Pregunté a alguien del pueblo dónde estaba el monte de las apariciones para ir caminando y me dijo aquel señor que era una locura ir andando, que estaba lejos. Y con mi impulso, cogí un taxi sin pensarlo, pidiéndole que me llevara allí, hablando con el taxista sobre las apariciones, videntes, milagros... No nos entendíamos en absoluto.
Llegando casi donde quería ir, se desvió y me llevó donde no esperaba. Recuerdo mi reacción de miedo, de incertidumbre, en un coche de un desconocido sin hablar el mismo idioma y sola. Fue un momento algo angustioso, tengo que decir, y a la vez sentía que estaba protegida pasara lo que pasase. Pero a lo lejos vi un cartel enorme que decía MAGNIFICAT. Al bajar del taxi, entendí que me quería llevar a un hotel, entendió todo lo contrario a lo que hablamos en el coche. Al entrar en la puerta, me apareció de sorpresa una de las videntes. No me lo puedo creer. Recordé lo que nos dijo a los jóvenes valencianos el traductor nuestro: "Es imposible conocer a la vidente". Para mí se me hizo posible, me lo regaló sin merecerlo. Se me acercó la vidente, yo no tenía palabras, no sabía qué decirle, sentía muchísimo miedo de tenerla cerca mirándome, no entendía por qué, pero quería llorar. Y en ese momento le dije a la vidente: "Marija, hace dos años estuve en una de las apariciones y usted también estuvo".
Su respuesta no fue nada clara, pues tampoco nos entendíamos. No me importaba; me basta con estar con ella y vernos cara a cara. Al momento, Ella me respondió y me dijo: "Hoy no". Y en un instante, cogió una tarjeta, me la dio y me dijo en su idioma, pero pude entender lo que quería decirme: "Manda un mensaje a este número". Pero no entendí su intención, no entendía por qué me dijo esto. Pero le di las gracias.
Al salir del hotel, en una puerta pequeña de fuera, me volvió a aparecer la vidente de sorpresa. Me dijo algo, pero no la entendía, y quise acercarme a ella otra vez. Y sentí en el corazón que le tenía que decir: "Reza por mí, por favor, lo necesito". Y mirándome tiernamente, me dijo: "Sí, que Dios te bendiga y la Madona".
Al volver al hotel donde me hospedaba con mis amigos, les conté lo vivido a algunos. Ellos no se podían creer lo que viví, se quedaron asombrados. Y una de ellas, que había viajado muchas veces, me dijo: "Andrea, la vidente te ha invitado a una de sus apariciones privadas". Entonces, ahí no me dejó ninguna duda que la Virgen quería decirme algo.
Mis amigos y yo pensamos entre todos en organizar para ir un grupito a una de las apariciones con la excusa de la invitación repentina mía. Pues así lo hicimos. Llegó el día de la aparición privada, fuimos un grupito con una idea alocada, entrando por distintas puertas del hotel de la vidente, pero conseguimos reunirnos todos juntos y ver qué pasaba... En el momento en que nos tomaron nota para ver si estábamos en la lista de los que iban a la aparición privada, era de suponer que no tendríamos la suerte de estar en esa lista, pero entre todos dijimos que la vidente me había invitado, y no sé cómo ni por qué, fue todo rápido, sin pensarlo, pues se acercaba la hora de la aparición. Uno de los vigilantes dijo: "SOLO PUEDE ENTRAR UNA PERSONA". Sin pensarlo, todos mis amigos dijeron: "QUE ENTRE ANDREA".
No me dio tiempo a decir que NO, pues no daba tiempo a decir NO. Y entrando por el pasillo hacia la sala de la aparición privada, sentía una rabia dentro de entrar sola sin mis amigos, pues no me lo merecía, y otros lo necesitaban más que yo.
Y aquí no termina. Al entrar en la sala, no quedaban sillas, estaba todo completo, no había ningún hueco, y me arrodillé en un lugar rápido sin pensarlo, pues estaban rezando todos el rosario. Pero en el momento que escuché rezar a una mujer con el micrófono, levanté la cabeza y no pude creerlo; era la vidente Marija, la tenía enfrente de mí Yo ya me dije: "Esto ya es demasiado, ¿qué más puedo pedir?".
Todo se me dio sin merecerlo y sin pedirlo. Pero yo no dejaba de pedirle al Señor que entraran todos mis amigos, y al pasar un rato, giro mi cabeza hacia la puerta donde se entra y me veo a mis amigos dentro. Me alegré tanto de que todos pudieran vivirlo también.
En el momento de la aparición, entendí algo muy claro que me lo quedo como algo muy personal de la Virgen hacia mí: "TE HE LLAMADO POR TU NOMBRE".

La llamada de la Virgen: un encuentro personal con la fe.