El Barroquista: La música como lenguaje universal
Con Miguel Ángel Cajigal Vera, historiador del arte y divulgador cultural,
en el Día Internacional de la Música

Miguel Ángel Cajigal ("El Barroquista") es el autor de "Otra historia de la música" (Ediciones B) (Foto cedida por el autor)
El 2025 está siendo un año emocionante para la música, con varias efemérides importantes. Se cumplen 500 años del nacimiento de Giovanni Pierluigi da Palestrina, gran exponente de la música sacra del Renacimiento. Además, se conmemoran los 200 años del nacimiento de Johann Strauss (hijo), conocido como el "Rey del Vals".
Hoy, en el Día Internacional de la Música, hablamos con Miguel Ángel Cajigal Vera, conocido como "El Barroquista", un apasionado de la historia del arte y la música. Con una carrera destacada como historiador, profesor y divulgador cultural, ha recibido reconocimientos como el Premio EDE al Mejor Educador Digital de España en la categoría de Historia en 2022 y el Premio Zapping al Mejor Comunicador/a en la Red en 2025.
En esta entrevista, nos habla sobre su nuevo libro "Otra historia de la música" y su visión sobre la relación entre la música, la fe y la espiritualidad.

Otra historia de la música (El Barroquista): ¿Qué pensaría Bach de la música actual? (Somos B)
"El Barroquista" desmonta los prejuicios establecidos sobre la música y explora su capacidad para trascender fronteras y cambiar la manera en que experimentamos el mundo. Desde los cantos de los esclavos africanos hasta la revolución del K-pop, pasando por la transgresión de Rosalía y la pureza matemática de Bach, la música ha sido el motor de historias, celebraciones y tragedias.
-¿Cómo cree que la música de compositores como Arvo Pärt y Frank Martin logra crear una atmósfera de contemplación y reflexión, y qué características cree que la hacen única en comparación con otros estilos musicales?
-En mi opinión, una clave del éxito de Pärt y Martin está en su capacidad de imbricarse en la tradición más consolidada de la música cristiana, sin estridencias. Introducen sonoridades propias de su época, pero no buscan una gran ruptura. Es un equilibro que me parece difícil de conseguir, porque tenemos a lo largo de la historia de la música eclesiástica gran cantidad de ejemplos de novedades demasiado atrevidas que no agradaban demasiado a los fieles, una cuestión que incluso afectó al propio Bach.
»Por otra parte, otra clave es la preponderancia del coro como “instrumento” principal de sus obras sacras, frecuentemente a cappella. Tras el célebre motu proprio "Tra le sollecitudini", con el que Pío X reordenó en 1903 el uso de la música litúrgica, se dejaron atrás muchas alternativas sonoras más teatrales y se consolidaron dos vías principales, basadas en la tradición y asociadas a esas ideas de reflexión y contemplación: el gregoriano y la gran polifonía romana, en el estilo de Palestrina.
»Tanto Frank Martin y Arvo Pärt como otros ejemplos de excelente música sacra más reciente, como podrían ser Anna Lapwood John Tavener y Karl Jenkins, o “superventas” de la música vocal como Morten Lauridsen y Eric Whitacre, trabajan a partir de armonías corales que, dentro de su modernidad, evocan una y otra vez la idea de grandes coros clásicos a cappella con armonías cristalinas, o bien piezas a partir de un canto llano que recuerda al canto medieval.
Creo que nuestra educación sonora nos ayuda a asociar esos dos “estilos” a un espacio de recogimiento religioso.
-¿Qué cree que es lo que hace que la música de Ígor Stravinski sea considerada una obra maestra, y cómo cree que su uso de la técnica dodecafónica y los textos literarios contribuyen a su impacto emocional?
-Pues en consonancia con la respuesta anterior, creo que Stravinski representa un punto de equilibro entre la modernidad de la música de la primera parte del siglo XX y el universo sonoro heredado de la música europea de los siglos XVIII y XIX. Aunque varias de sus obras más celebradas incluyen estructuras rítmicas y armónicas poco usuales, que llevan al oído más convencional al borde del precipicio, creo que nunca se lanza totalmente a un lenguaje radical, como sí hicieron Arnold Schönberg, Anton Webern y Alban Berg, por citar a los principales espadas del dodecafonismo más puro.
»Quizás lo magistral de Stravinski resida en su capacidad para adoptar el dodecafonismo sin ser dogmático. Estos experimentos, como la atonalidad y el serialismo, resultan instintivamente sensibles a nuestro oído, que se encuentra más confortable con sonoridades más reconocibles.
»Me parece que ahí radica su impacto emocional: en el hecho de que es un tipo de música que nos saca abruptamente del paisaje sonoro en el que habitamos la mayor parte del tiempo, y eso tiene efectos neurológicos y emocionales muy efectivos.
-¿Cómo cree que la música de Ramón Humet, con su uso del canto difónico y la poesía, logra crear una conexión emocional con el oyente, y qué papel juega la creatividad en su proceso artístico?
-El canto difónico es pura intuición. En mi época de cantor de coro hice algunos experimentos, aunque a nivel de mero aficionado, con este tipo de emisión vocal. En sí misma, tiene algo de mágico en su sonido, y quizás sea por eso es un tipo de canto que se encuentra en tantas tradiciones culturales a lo largo del mundo, en continentes muy distantes, y casi siempre vinculado al ámbito religioso.
»Admiro la obra de Humet, aunque no la conozco tanto como me gustaría, pero en su obra vocal me parece intuir una visión espontánea, casi salmódica, donde evoca una música aparentemente improvisada que me resulta muy interesante.
-¿Qué características cree que son esenciales para que una obra de música sea considerada una obra maestra, y cómo cree que compositores como Bach, Mozart y Beethoven logran crear música que es a la vez emocionalmente poderosa y estéticamente hermosa?
-El concepto de “obra maestra” es algo sobre lo que he reflexionado mucho en mi actividad divulgativa y también desde mis primeros libros. En el caso de la música, a veces abusamos de este término para referirnos, en realidad, a obras que son muy famosas, más allá de su indudable calidad técnica.
»Diría que la “obra maestra” se configura con ese binomio: una creación sólida que se consolida, hacia la posteridad, gracias a su valor como modelo ejemplar. Si pensamos en el “Requiem” de Mozart, o en las Pasiones de Bach, son piezas que superan su propio valor musical, hacia las cuales han mirado decenas de generaciones para aprender de ellas.
»Aunque la música resulta un arte muy emocional, lo cierto es que transmitir emociones con ella requiere de una gran maestría. Estos tres gigantes de la música europea, sin duda, alcanzan ese nivel de emoción y belleza porque tenían un conocimiento muy profundo de las herramientas de su arte.
-¿Cómo cree que la música de Hakuna Group Music ha logrado conectar con el público juvenil y crear un movimiento en torno a su música, y qué características cree que hacen que su estilo sea atractivo para esta audiencia?
-A lo largo del siglo XX, la música religiosa ha abrazado lenguajes más populares, precisamente como reacción a buena parte de lo que hemos hablado hasta ahora: el gregoriano y la polifonía clásica, ambos ejemplos cantados en latín, o las grandes obras corales de maestros de los siglos pasados resultaban seguramente demasiado solemnes y, en muchos casos, seguramente incomprensibles para una mayoría de creyentes.
»Si el motu proprio de Pío X, del que antes hablamos, fue un punto de inflexión notable en la música eclesiástica, es indudable que la gran revolución la marcó el espíritu del Concilio Vaticano II.
»A partir de entonces se ha vivido esta popularización de la música religiosa, que de alguna manera reproducía un camino que ya se había transitado en otras iglesias, como las americanas. Pero todo esto se quedaba en el ámbito del templo, donde en vez de cantar con órgano se cantaba con guitarras y las lenguas vernáculas tomaban el espacio del latín.
»Un fenómeno como Hakuna Group Music toma esa música, que bebe del vocabulario del pop, y la lleva a eventos y conciertos públicos. Algo que en realidad no es tan extraño, si recordamos que los oratorios de Händel no se interpretaban en iglesias, sino en teatros, como espectáculos públicos.
-¿Cómo cree que la música puede ser utilizada para expresar la fe o la espiritualidad, y qué papel cree que juega en la vida de las personas?
-La música, por su fuerte ascendente sobre nuestras emociones, tiene capacidad para inducirnos estados de ánimo y pensamiento. Es un “poder” que tienen los sonidos y que fascina, desde hace tiempo, a la neurociencia.
»Quizás sea el único arte que posee estas capacidades o, por lo menos, el que las muestra de manera más intensa y efectiva. De hecho, en mi nuevo libro, “Otra Historia de la Música”, dedico un capítulo especial al uso religioso de la música. Porque sabemos que todas las culturas han usado el arte de los sonidos para sus ritos, lo cual deja muy claro el valor elevado que el ser humano, en todo momento y lugar, le ha dado a esta capacidad de crear arte sonoro.
»Por otro lado, frente a otras formas de arte, la música tiene una capacidad notable para acompañar a las personas: en un paseo, de camino a clase o en pleno trabajo, su vía de entrada auditiva hace posible compatibilizar la escucha con otras tareas e, incluso, puede aligerarlas en cierto modo, como ocurría con los espirituales cantados por la población esclavizada en Estados Unidos.
»Quizás tengo un sesgo fuerte en esto, porque soy músico al tiempo que historiador del arte, pero me interesa especialmente esa capacidad de crear una música para cada situación humana, un fenómeno que he intentado explorar en el libro.
-¿Qué opinión le merece la música cristiana contemporánea, y cree que está logrando conectar con las nuevas generaciones?
-Creo que, en cuanto ha aceptado su propia diversidad, a partir sobre todo del citado Concilio Vaticano II, ha logrado naturalizar sus paradojas.
»Por un lado, la música sacra de tradición clásica se mantiene como un tesoro solemne, pero por otro se ha adoptado ese estilo más pop, del que acabamos de hablar, que permite conectar con otros públicos, especialmente jóvenes.
»Es interesante que esto haya sucedido sin grandes colisiones, porque en el pasado, entre los siglos XVII y XIX hubo tensiones notables cuando la música dentro del templo se parecía demasiado a la que se cantaba en las calles, las tabernas o los teatros de ópera.
»Había, en cierto modo, razones históricas para ello, ya que a partir de la Reforma los usos de la música en diferentes iglesias fueron puestos en tela de juicio, pero también empleados como rasgos diferenciales. En todo caso, este equilibrio alcanzado entre lo popular y lo devoto quizás esté condenado a romperse en algún punto, pero mientras se mantenga, resultará muy efectivo.
»Empezamos esta entrevista hablando de Arvo Pärt y Frank Martin, que hacen una música totalmente diferente a la de Hakuna. Pero en la medida en que se ha entendido que pertenecen a ámbitos y ocasiones diferentes, sin trauma ni conflicto, su coexistencia ofrece un panorama musical mucho más rico.
Para ver los títulos de "El Barroquista" publicados en Penguin Random House (Somos B), siga este enlace.
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