Religión en Libertad

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La evangelización, la vida pastoral cotidiana de nuestras mismas parroquias, sólo cobrarán impulso y eficacia sobrenatural, si es llevada adelante por santos, por personas -laicos, sacerdotes, religiosos- que vivan en santidad y tengan deseos de santidad.

La mediocridad es estéril. La tibieza jamás hace nada bueno. La rutina mata el Espíritu y el celo apostólico. Solamente la santidad puede dar algún fruto digno de Dios y que sirva a los hombres. Recordemos a este respecto las palabras de Juan Pablo II en la encíclica Redemptoris missio:


La solución, la clave, es abrirse a la Gracia, a la acción de Dios y al impulso del Espíritu Santo que, purificando, nos une a Cristo y nos transforma para luego enviarnos. Hemos de cuestionarnos, personal pero también eclesialmente, el tono y el vigor de nuestras parroquias y comunidades cristianas -y lo que cada cual aporta, con santidad de vida-.

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