Sobre el hombre y la civilización del amor
Sólo un hombre nuevo, renovado por la gracia de la redención de Cristo, puede construir algo nuevo y valioso; sólo un hombre nuevo puede edificar una cultura y una civilización nuevas, la "civilización del amor" según el término acuñado por Pablo VI.
El mundo, la cultura, la sociedad, no se cambian a base de leyes, como si las leyes por sí mismas fueran buenas por el mero hecho de ser promulgadas (iuspositivismo) al margen de la moralidad: sobran los ejemplos. Incluso las leyes más justas quedarán en nada si el hombre no se ha hecho a sí mismo justo (por la Gracia de Dios). Las diferentes estructuras de pecado existentes no se solventan con la promulgación de leyes, porque éstas serán de nuevo vulneradas si el hombre no es bueno ni se va haciendo bueno. El problema es más radical, el problema es la conversión y la transformación del hombre y entonces la vida social mejora buscando el Bien. La homilía de Pablo VI al clausurar el Año Santo de la Reconciliación, en 1975, une, con insuperable estilo, estas dos realidades. Primero el hombre nuevo, convertido:
Segundo momento: el hombre que está situado delante de Dios y está siendo iluminado por Él, transforma su corazón, se convierte en hijo y desde ese momento puede empezar a edificar algo realmente bueno y valioso según el deseo de Dios. Esta construcción es la "civilización del amor":