El valor de lo oculto (los contemplativos)
En la Iglesia no todo es lo visible o lo activo; en la vida y Misterio de la Iglesia ocupan un lugar preeminente las realidades invisibles: la Presencia de Dios, el Don del Espíritu, la Gracia, la Comunión de los Santos.
Ya pasaron los años en que todo se quería visible, concreto, activo y se miraba la vida de clausura con recelo y prevención. Y esto era así por desconocer el valor más profundo de la oración, la contemplación y la penitencia en el Corazón invisible de la Iglesia, en la Comunión de los santos. Se argumentaba que había mucho que hacer en el mundo y en la sociedad... ¿y acaso no es hacer inmolarse como Cristo por el mundo, orar por el mundo como Cristo oraba, estar con Cristo en el Tabor proyectando luz sobre ese mundo al que se decía que se quería ayudar...? Desde aquí, en primer lugar, el reconocimiento y la gratitud amorosa a la vida de clausura de tantos monjes y monjas que en el silencio monástico, en la oración asidua y en la generosa penitencia derraman torrentes de vida sobre todo el Cuerpo Místico, permiten que broten ríos invisibles de Gracia que nos fecundan a quienes estamos en el mundo (¡demasiado en el mundo a veces!).
Las palabras del papa Benedicto en un monasterio de clausura espero que nos sirvan a todos para valorar este género de vida, apreciarlo, tenerlo presente, rezar con ellos y por ellos, sostenerlos con nuestra ayuda económica.