Lunes, 26 de septiembre de 2022

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La historia de Ángel

por Cuestión de vida

La historia de Ángel empieza, como tantas otras, con un diagnóstico de síndrome de Down. Y como dicen los padres de estos niños, el único disgusto que te dan es el día de su diagnóstico.

Ni siquiera fue a través de la terrible prueba eugenésica de la amniocentesis, sino a través del triple screening, donde el índice de tener SD era del 64% y posteriormente confirmado a través del ADN fetal.

Es una noticia dura; cuando estás embarazada estás especialmente sensible y todo lo que deseas es que el embarazo vaya bien y que el niño esté bien y de repente el mundo entero se te viene encima y entras en shock.

Esto también le paso a la mamá de Ángel, cómo no, hasta ahí es lo normal y lo habitual. Ella se había quedado sin trabajo y su circunstancia económica no era buena, nada buena, puesto que el trabajo de su pareja es bastante precario y ya tenía otro hijo.

Pero lo cierto es que lo más pesa no es eso, sino la presión para que se aborte de todo el mundo, la familia, la pareja, las amigas… En este caso y gracias a Dios, la pareja la apoyó.

Cada vez que le confesaba a alguien que su hijo iba a venir con SD era una bofetada, primero a su hermana, que le decía que iba a destrozarle su vida a toda la familia, especialmente a su otro hijo y le acosaba para que abortara, después a sus padres, que no querían que lo tuviera tampoco, principalmente por el terrible y absoluto desconocimiento del SD y del horror del aborto. Después incluso se enfrentó a amigas de su parroquia que la miraban con cara de horror al hablar del síndrome de su hijo como si fuera la desgracia más horrorosa sobre la faz de la tierra, las que menos, y recomendándole el aborto las que más.

Cada vez que iba a una visita médica era otra estación en su Via Crucis, porque a cada momento insisten e insisten en abortar. No quiero meter en un mismo saco a todos los profesionales sanitarios ni mucho menos, pero lo cierto e innegable es que  un embarazo, cuando el bebé está diagnosticado de cualquier enfermedad o síndrome, es un calvario de presiones para que ese embarazo no llegue a término.

Afortunadamente, la mamá de Ángel tenía fe, fe en Jesucristo, que es la Vida y esto es lo fundamental. Y Dios le puso en su camino a personas que la apoyaron, encontró a Proyecto Ángel y a través nuestro otras ayudas, como la de un maravilloso matrimonio con un niño SD que les habló desde la experiencia, tranquilizándolos infinitamente.

Y así nació Ángel, precioso por cierto porque mira que es guapo y pareciéndose muchísimo a su madre y a su hermano, yo tuve la suerte de ir a conocerle nada más nacer.

Y como nos habían anunciado los papás del niño con SD que los habían acompañado, todas las dificultades que te ponen antes de que nazcan desaparecen cuando el bebé ya está aquí y todo es más fácil. Los abuelos de Ángel se enamoraron de él en cuanto lo vieron y así siguen, tres años después, cada día más embelesados

La vida de Ángel es un don inmenso para su familia, pero Ángel es un afortunado porque 9 de cada de 10 niños SD nunca llegan a nacer, y la herida de su ausencia y la decisión de abortarlos destruye a la familia entera y nos destruye como sociedad.

Mientras tanto, tenemos la hipocresía de celebrar el día de los niños con SD mientras permitimos, o más bien forzamos, su genocidio planificado. Yo ya he aprendido en estos dos últimos años, especialmente, que hay muertos de primera, de segunda y otros que directamente no importan nada, y entre estos están los niños con SD abortados por no dar el estándar de calidad exigido para tener derecho a vivir. Pero son otros los muertos por los que los medios de comunicación nos dicen que tenemos que rasgarnos las vestiduras y lamentarnos profundamente, estos no, porque no tienen ni nombre ni tumba ni quien los defienda y no dan votos.

Una palabra de afecto, especialmente para la mamá de Ángel, a quien considero mi amiga y otra para vosotros, padres a los que han diagnosticado un síndrome o malformación a vuestros hijos: no tengáis miedo, dejaros acompañar, pedid ayuda porque la presión sabemos que es mucha y el shock es grande, pero tened confianza que vuestro hijo ya está ahí y os necesita y os aseguro que jamás os arrepentiréis.

 

 

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