Martes, 18 de junio de 2024

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Pascua 2023: Evangelización y trascendencia

La Puerta es Cristo. ¿Entras a través de Él?

La Puerta es Cristo. ¿Entras a través de Él?
Cristo es la Puerta...

por La divina proporción

Dice Cristo: Yo soy la Puerta: quien por mí entrare será salvo, y entrará, y saldrá, y hallará pastos. (Jn 10, 9). ¿Qué es Cristo para nosotros? ¿Es la Puerta o sólo una elemento socio-cultural en nuestra vida? Actualmente, la religión se ha convertido en un bien de consumo. Un producto que se adecúa a lo que queremos sentir y vivir. Algo que se ofrece a cambio de sensaciones humanas. Actualmente, la religión y la fe, se ajustan a nosotros, no al revés. Entendemos la religión como una herramienta que capta "consumidores". Esto lo podemos ver en la gran cantidad de "cristos" que se ofrecen, publicitan y se propagan en las redes sociales, libros, películas e incluso en comics. Nos sorprendemos cuando alguna propuesta pseudo-artística se ríe del Señor y de nuestra fe. Pero nosotros mismos no dudamos en hacer adecuaciones constantes de la Misión, Mensaje y Misterio Cristiano. Pero Cristo sólo es uno:

Entra por la puerta el que entra por Cristo, el que imita la pasión de Cristo, el que conoce la humildad de Cristo, que siendo Dios se ha hecho hombre por nosotros. Conozca el hombre que no es Dios, sino hombre, porque el que quiere parecer Dios siendo hombre, no imita a Aquel que siendo Dios se hizo hombre. Porque no se te ha dicho: seas algo menos de lo que eres; sino, reconoce lo que eres. (San Agustín, De verb Dom. Serm 49)

Recordemos el episodio evangélico del endemoniado que se presenta a sí mismo como "legión" o "multitud". Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y él le dijo: Me llamo Legión, porque somos muchos. (Mc 5, 9). Legión, multitud, confusión, desesperación y sinsentido, van irremisiblemente unidos a quien disgrega, separa y nos hace enfrentarnos unos a otros. El enemigo, el dia-bolos, el que separa, sabe confundirnos con miles de reflejos que se contraponen unos a otros. Algo se convierte en diabólico cuando nos induce al enfrentamiento. El enemigo lo sabe hacer muy bien. Cristo dijo: Yo y el Padre uno somos. (Jn 10, 30).

Como indica San Agustín, "...entra por la puerta el que entra por Cristo". ¿Entrar por Cristo? ¿Qué es esto? Cristo es Camino, Verdad y Vida. Es la Piedra Angular que desechan constantemente los arquitectos humanos. Es la Luz del mundo y el Agua Viva que quita la sed de sentido que nos destroza. Es la resurrección que nos permite salir de lo cotidiano y alcanzar lo trascendente. Es la Vid, que da la vida para que sus sarmientos (nosotros) demos fruto. Cristo es la Puerta que nos une y reúne con Dios. Entrar por esta Puerta, conlleva dejar atrás todos los sinsentidos aparentes y agradables, que nos ofrece el mundo. No se trata de alejarse del mundo, sino de ser símbolo de Cristo.

En la maravillosa Carta a Diogneto, uno de los documentos cristianos más antiguo, se puede leer:

Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo. El alma, en efecto, se halla esparcida por todos los miembros del cuerpo; así también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo. El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo. El alma invisible está encerrada en la cárcel del cuerpo visible; los cristianos viven visiblemente en el mundo, pero su religión es invisible. La carne aborrece y combate al alma, sin haber recibido de ella agravio alguno, sólo porque le impide disfrutar de los placeres; también el mundo aborrece a los cristianos, sin haber recibido agravio de ellos, porque se oponen a sus placeres.

Entrar por la Puerta que es Cristo es negarnos a nosotros mismos, tomar la cruz y seguir las pisadas del Señor. Dicho en otras palabras, dejar espacio interior para que que el Espíritu Santo habite en el templo que todos somos. Aceptar los vientos y tormentas del mundo, como una oportunidad de reflejar la Luz de Dios. Pisar justo donde Cristo pisó, para no equivocarnos de camino. A veces somos tan vanidosos que creemos que nosotros podemos reinventar el Camino, reinventar al Señor. La religión no es un bien de consumo, sino las formas que nos permiten reunirnos en Nombre del Señor, para que Él esté en nosotros.

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