Domingo, 23 de enero de 2022

Religión en Libertad

Blog

De la Inquisición Española y el debate sobre la cifra de sus víctimas mortales

por En cuerpo y alma


 
            Un correcto análisis de la cuestión que hoy les propongo no puede empezar sin señalar que el mencionado tribunal estuvo vigente en España entre los años 1478 y 1813, con dos cortos suplementos de tiempo, el primero entre 1814 y 1820, y el segundo entre 1823 y 1836… Es decir, un total de 354 años.
 
            Y un segundo dato no menos revelador y hasta espectacular: con su extensión por toda España y Portugal, por partes de Italia y por todo América e incluso por partes de Asia, -y más aún dada la reducidísima extensión de los tribunales que le son contemporáneos-, el de la Inquisición Española fue el tribunal con mayor jurisdicción territorial que jamás hubiera existido hasta que él nació. Y aún luego, ha tenido que consolidarse y universalizarse el derecho internacional, ya en pleno s. XX, para que podamos asistir al nacimiento de tribunales con una jurisdicción más amplia que la suya.
 
            Hecha estas dos premisas sobre las dimensiones geográfico-temporales del tribunal que nos ocupa, es obligado hacer una tercera para explicar que los encausados por él acababan, en su grandísima mayoría, o absueltos o “reconciliados”, es decir, devueltos a la comunión eclesiástica, tras ser castigados con penas más o menos graves que se dividían en “de levi” y “de vehementi” y que iban desde penitencias como oraciones, confesiones o peregrinaciones, hasta otras "menos espirituales" como presidio, azotes, minas o galeras.

            En su grado más grave, la pena llegaba a ser de muerte, llamada en la jerga inquisitorial de “relajación”, esto es, de entrega (del latín “lasciare”=entregar) al brazo secular (a la autoridad civil, en definitiva), que es la que ejecutaba la pena.

            Según el sujeto de la misma, la ejecución era de tres tipos: o “en persona”, esto es, sobre la persona del condenado; o “en efigie”, cuando juzgado el reo “en rebeldía” se practicaba la “ejecución” sobre un muñeco o efigie que representaba su persona; o incluso sobre el cadáver, exhumado para la ocasión, cuando se castigaba el comportamiento de alguien que ya había muerto.

            Según el modo en que se llevaba a cabo podía ser, a su vez, de dos clases: o de hoguera si el condenado no expresaba su arrepentimiento; o de garrote vil, si sí lo hacía, aunque fuera en el último momento, ya en el patíbulo, procediéndose en este caso, por lo general, a la quema in situ del cadáver agarrotado (pinche aquí para conocer un caso bien significativo).
 
            Todo esto dicho, y entrando de lleno en lo que es el objeto de este artículo, las cifras de relajados por la Inquisición en sus 354 años de historia han dado lugar a un intenso debate en estrecha relación con la fecunda leyenda negra que inevitablemente sobrevuela la historia de la España de los siglos de oro, uno de cuyos objetos más recurrentes es, precisamente, la Inquisición.
 
            La cifra de máximos por lo que se refiere al tema la encontramos en la “Historia crítica de la Inquisición española”  -la cual ha alimentado la más negra leyenda del tribunal-, escrita por Juan Antonio Llorente (17561823), para quien el total de procesos habría rondado los trescientos mil, con 31.192 quemados en persona y 17.659 quemados en efigie.
 
            Juan Antonio Llorente es, ciertamente, un personaje peculiar. Ordenado sacerdote a la edad de veinticuatro años, tras pertenecer a la Inquisición como comisario del Santo Oficio y como secretario supernumerario de la Inquisición de Corte, simpatizará primero con el jansenismo, lo que le valdrá la condena y separación del tribunal; y luego con el bonapartismo, siendo uno de los componentes de la Junta Nacional que proclama en Bayona a José I Bonaparte rey de España, y más adelante consejero de estado para Asuntos Eclesiásticos en el Gobierno del Rey Botella.
 
            Su afrancesamiento es tan intenso que con la derrota francesa en la Guerra de la Independencia abandona España para instalarse en Burdeos, como Francisco de Goya (que, de hecho, le retratará). Precisamente en Francia y con el material recopilado durante su época en el tribunal, Llorente escribe entre 1817 y 1818, su “Historia crítica de la Inquisición Española” en cuatro volúmenes. Expulsado del país de sus amores en 1820 por su actividad masónica, el coincidente advenimiento en España del Trienio Liberal permite al afrancesado ex-inquisidor el retorno a la patria, en la que morirá apenas tres años después.
 
            Aun cuando diéramos por buenas las cifras que defiende Llorente, las más abultadas que se hayan establecido jamás y en las que se basan los trabajos más críticos con la institución, revelador es compararlas con otros procesos similares ocurridos durante los años en los que la Inquisición está en vigor y aún después.
 
            Entre ellos, salta a la memoria inmediatamente la conocida como Matanza de San Bartolomé acontecida en Francia en 1572, que se pudo llevar la vida de diez mil calvinistas en unos pocos días. Sin salir de Francia, el número de ejecutados entre los años 1789 y 1796 durante la Revolución Francesa, sólo en París, no ascendió a menos de tres mil. Y ello por no hablar de la terrible represión de la Vendée, en la que los revolucionarios franceses se ensañan con la resistencia católica en la comarca de ese nombre. Alberto Bárcena, autor del libro “La guerra de la Vendée”, recoge el dato que aporta Reynald Secher según el cual, durante la misma perecieron al menos 117.257 personas. Y eso que si hemos de hacer caso al General Hoche, uno de los jefes de la represión, los muertos, según él mismo informa a su gobierno el 12 de febrero de 1796, habrían alcanzado “los 600.000”. Todo ello en una población de apenas 800.000 habitantes. En procesos todos ellos, ni que decir tiene, sumarísimos, tan diferentes de las minuciosas, y a menudo dilatadas, instrucciones realizadas por la Inquisición.
 
            Durante el gobierno calvinista de la ciudad de Ginebra, las ejecuciones realizadas por la Inquisición Calvinista´ alguna tan sonada como la que puede Vd. conocer pinchando aquí, alcanzaron una cifra muy cercana al centenar, en una población de apenas 20.000 habitantes y en el corto plazo de cinco años.
 
            La implantación de la Reforma Anglicana en Inglaterra pudo producir una cantidad de muertos cercana a los 50.000, puede que más, sólo durante los treinta y siete años que duró el reinado de su protagonista, el uxoricida Enrique VIII. A las que añadir las que habría de cobrarse en posteriores reinados, notablemente en el de su hija Isabel Tudor. Y también las que son producto de la reacción católica acontecida durante el reinado entre ambos, el de María Tudor, la famosa Bloody Mary (“María la Sanguinaria”) que llaman los ingleses, y que, sin embargo, en número de víctimas -probablemente unas trescientas- será bien inferior a las correspondientes a los reinados tanto de su padre, Enrique, como de su medio hermana, Isabel.
 
            Incluso posterior a la vida de la Inquisición, pero en un ámbito geográfico relacionado, las víctimas de la persecución religiosa durante la Guerra Civil Española, según el reputado estudio realizado en 1961 por Antonio Montero Moreno, ascienden a 6.832 en sólo tres años.
 
            Y todo ello por no hablar de la llamada Guerra de los campesinos, ocurrida durante el año 1525 en Alemania en el marco de la Reforma Luterana y en pos de un ideario de tipo religioso milenarista, cuya represión avaló Lutero con palabras como éstas:
 
            “¿Qué razón habría para mostrar a los campesinos tan gran clemencia?”
 
            O éstas no menos expresivas:
 
            “La autoridad debe actuar con tranquilidad y consuelo y asesinar con buena conciencia mientras le quede un soplo de vida. Ésta es su ventaja, que los campesinos tienen mala conciencia y hacen cosas injustas y serán asesinados por ello, y serán presa eterna del demonio”.
 
            Rebelión muy poco divulgada que se saldará con la horripilante cifra de cien mil campesinos muertos, es decir, tres veces y media ¡en un solo año! la más abultada de las atribuídas a la Inquisición Española durante tres siglos y medio.

            Y es que como bien dice uno de los grandes expertos sobre la Inquisición Española, el británico Henry Kamen, “la ejecución de herejes era tan constante en la cristiandad durante el siglo XV, que la Inquisición no puede ser acusada en este punto” (cfr. su obra “La Inquisición española”). A lo que, visto lo visto, aún habría que añadir: "y ni siquiera fue, ni mucho menos, la peor".
  
            Pero no hemos de cerrar aquí el tema, pues la obra de nuestro afrancesado sacerdote, inquisidor primero, jansenista después, bonapartista más tarde, y masón por fin, se halla hoy día fuertemente cuestionada, tanto por la indisimulada animosidad que Juan Antonio Llorente exhibe hacia una institución de la que formó parte, como por la oscuridad de sus fuentes, muchas de las cuales, por cierto, destruirá después de haber utilizado.
 
            La última obra que sobre el tema ha visto la luz pública tal vez sea el breve, pero no por ello menos ameno e interesante, ensayo de Juan Ignacio Pulido Serrano titulado “La Inquisición Española. Breve historia de una institución”. En ella, el autor, que presenta un resumen de la cuestión tal como se halla al día de hoy, y después de leer los principales tratados sobre el tema, habla de unos 150.000 procesos (op. cit. pág. 170), de los cuales terminarán en pena de muerte “por debajo del 5% de los casos totales, tal vez entre el 1% y el 2%”.
 
            Es decir, una cifra nunca superior a las 7.500 ejecuciones, y muy probablemente tan baja como 1.500 o, a lo sumo, 3.000… ¡en tres siglos y medio y en la más vasta jurisdicción que haya tenido nunca un tribunal de justicia! Cifras que llevan a uno de los grandes expertos sobre la Inquisición Española, el historiador Bartolomé Benassar, a realizar en su obra “Modelos de la mentalidad inquisitorial: métodos de su pedagogía del miedo” una afirmación tan inesperada como ésta:
 
            “La gente de mediados del siglo XVI en adelante sabía que la Inquisición mataba poco”.
 
            Más allá de que la sola acción de ejecutar personas y de quemarlas por no profesar la misma fe del que le juzga sea una actividad impresentable y absolutamente indefendible, -y todavía más desde los argumentos que ofrece el mensaje cristiano según lo expresa el Evangelio-, conveniente es que se vayan poniendo en el adecuado contexto las cifras que expresan la actividad de la Inquisición, y se comparen con procesos que ocurrían en situaciones equiparables, para preguntarse a continuación por el cómo y el porqué de la activísima y eficacísima propaganda contra el tribunal en cuestión, frente al silencio, y hasta la complacencia, que observamos ante éstos.
 
            Pero eso es ya harina de otro percal. Por hoy, queridos amigos, que hagan Vds. mucho bien y no reciban menos. Y hasta la próxima.
 
 
 
            ©L.A.
            Si desea suscribirse a esta columna y recibirla en su correo cada día, o bien ponerse en contacto con su autor, puede hacerlo en encuerpoyalma@movistar.es. En Twitter  @LuisAntequeraB
 
 
Otros artículos del autor relacionados con el tema
(haga click en el título si desea leerlos)
 
Del número de judíos que abandonó España con ocasión del Edicto de Granada de 1492
De Cayetano Ripoll, último ajusticiado por la Inquisición
Del libelo de sangre y el Santo Niño de La Guardia
De Miguel de Servet, quemado vivo en la hoguera por la Inquisición calvinista
De Franco y el Holocausto judío
Del peligro y el error de descontextualizar la Historia
 
 

 
5€ Tu donativo es vital para mantener Religión en Libertad
10€ Gracias a tu donativo habrá personas que podrán conocer a Dios
50€ Con tu ayuda podremos llevar esperanza a las periferias digitales
Otra cantidad Tu donativo es vital para mantener Religión en Libertad
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit. Ex facilis officia sapiente recusandae neque, asperiores labore numquam dolorum ut, illo provident voluptatibus.
Si prefieres, contacta con nosotros en el 680 30 39 15 de lunes a viernes de 9:00h a 15:30h
Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter

¡No te pierdas las mejores historias de hoy!

Suscríbete GRATIS a nuestra newsletter diaria

REL te recomienda