Viernes, 23 de octubre de 2020

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Nuevo Misal (5)

LITURGIA EUCARÍSTICA
Cristo el Señor instituyó el sacrificio y convite pascual en la última cena. El sacerdote que representa a Cristo lo hace presente en la iglesia cuando realiza lo mismo que el Señor hizo y encargó a sus discípulos que hicieran.
“Cristo, en efecto, tomó en sus manos el pan y el cáliz, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: Tomad, comed, bebed; esto es mi cuerpo; este es el cáliz de mi sangre. Haced esto en conmemoración mía. De ahí que la iglesia haya ordenado toda la celebración de la liturgia eucarística según esas mismas partes que corresponden a las palabras y gestos de Cristo.
 
  1. En la preparación de las ofrendas se llevan al altar el pan y el vino con el agua; es decir, los mismos elementos que Cristo tomó en sus manos;
  2. En la plegaria eucarística se dan gracias a Dios por toda la obra de salvación y las ofrendas se convierten en el Cuerpo y Sangre de Cristo;
  3. Por la fracción del pan y por la comunión, los fieles, aun siendo muchos, reciben de un solo pan el Cuerpo y de un solo cáliz la sangre del Señor, del mismo modo que los apóstoles lo recibieron  de manos del mismo Cristo”.
En primer lugar se prepara el altar. Es el centro de toda la celebración. Sobre él se colocan el corporal, el purificador, el misal y el cáliz. Luego se traen el pan y el vino. Con viene que lo lleven los seglares. Una cierta austeridad en la presentación de los dones es buena. Nunca pueden quedar en segundo plano  lo que es principal: el pan y el vino.
   Durante el tiempo del ofertorio de puede aportar dinero u otras realidades en bien de los pobres o necesidades de la Comunidad parroquial. Tiene importancia el cántico tanto en la procesión como en el ofrecimiento de los dones.
    Ofrecidos los dones, el sacerdote se lava las manos. Si este gesto se realiza convenientemente, es significativo para las acciones que vienen después. No se trata de una limpieza material. Si no de significar la limpieza de corazón con que debe celebrar el sacerdote.
   El ofertorio no puede ser un espacio neutro en la celebración eucarística. Nosotros, nuestra vida debe colocarse en la patena junto a los dones ofrecidos para que se transformen en don de Dios junto al pan y al vino.
   A continuación el Sacerdote nos dice: Orad, hermanos… Con estas palabras nos invita a la oración inmediata sobre las ofrendas y también a la plegaria eucarística que sigue. Nos ponemos de pie. La oración litúrgica se realiza de pie, salvo inconvenientes como es lógico. Las distintas posturas corporales en la Misa no son indiferentes. En el aspecto externo, la celebración de la Eucaristía es como una orquesta o una representación. Es algo armonioso. Es un pueblo que actúa, por eso, aun en la representación externa resulta bello.
   Con la oración sobre las ofrendas, concluye la preparación de los dones. Nos disponemos así a la Plegaria Eucarística.
 
 
  
                     
 
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