Lunes, 18 de noviembre de 2019

Religión en Libertad

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De la visita de San Pablo a Malta, la bella isla mediterránea, otrora española

por En cuerpo y alma

 
            Sí señores porque tal día como hoy 10 de febrero, con no poco boato, ni festejo, ni tradición, celebran los malteses la llegada de San Pablo a la isla en torno al año 60.
 
            La presencia de San Pablo en Malta es algo más que una tradición, pues se recoge en los textos canónicos, más concretamente en el libro de los Hechos de los Apóstoles, un episodio al que el autor del libro (pinche aquí si le interesa conocer más sobre la autoría de los Hechos de los Apóstoles), varios versículos en los capítulos 27 y 28.
 
            Los hechos son los siguientes: Pablo acaba de ser juzgado en Cesarea Marítima, es decir en Palestina, por unos eventos ocurridos en Jerusalén. El mismísimo rey Herodes Agripa en persona determina enviarlo preso a Roma para que se sustancie en la capital la apelación realizada por el propio Pablo, que en el curso del juicio ha declarado su ciudadanía romana.
 
            Rumbo a la capital del Imperio, se produce un naufragio en el barco que lo lleva y el centurión da orden de que los que supieran nadar se arrojasen los primeros al agua y ganasen la orilla; y los demás saliesen unos sobre tablones, otros sobre los despojos de la nave” (Hch. 27, 43-44). Aclara el autor de Hechos que “de esta forma todos llegamos a tierra sanos y salvos” (Hch. 27, 44), texto escrito, como se ve, en primera persona del plural, lo que debe interpretarse como que el autor del libro acompaña a Pablo en aquella tesitura. Y prosigue con su relato:
 
            “Una vez a salvo, reconocimos entonces que la isla se llamaba Malta. Los nativos nos mostraron una humanidad poco común; encendieron una hoguera y nos hicieron acercar a todos nosotros a causa de la lluvia que caía y del frío” (Hch. 28, 1-2).
 
            Los prodigios se suceden. El primero, que tiene que ver con el propio Pablo, termina redundando en su propio beneficio:
 
            “Pablo había reunido una brazada de ramas secas; al ponerla sobre la hoguera, una víbora, que salía huyendo del calor, hizo presa en su mano. Los nativos, cuando vieron el animal colgado de su mano, se decían unos a otros: «Este hombre es seguramente un asesino; ha escapado del mar, pero la justicia divina no le deja vivir.» Pero él sacudió el animal sobre el fuego y no sufrió daño alguno. Ellos estaban esperando que se hincharía o que caería muerto de repente; pero después de esperar largo tiempo y viendo que no le ocurría nada anormal, cambiaron de parecer y empezaron a decir que era un dios” (Hch. 28, 3-6).
 
            A partir de ahí, Pablo se prodiga en milagros.
 
            “En las cercanías de aquel lugar tenía unas propiedades el principal de la isla llamado Publio, quien nos recibió y nos dio amablemente hospedaje durante tres días. Precisamente el padre de Publio se hallaba en cama atacado de fiebres y disentería. Pablo entró a verlo, hizo oración, le impuso las manos y lo curó. Después de este suceso los otros enfermos de la isla acudían y eran curados. Tuvieron para con nosotros toda suerte de consideraciones y a nuestra partida nos proveyeron de lo necesario. (Hch. 28, 710).
 
            La estancia en la pequeña isla mediterránea dura tres meses, después de los cuales “nos hicimos a la mar [una vez más el relato en primer persona del plural] en una nave alejandrina que había invernado en la isla y llevaba por enseña los Dióscuros” (Hch. 28, 11).
 
            Todo lo cual convierte a Malta en una de las primeras comunidades cristianas del Mediterráneo y de Europa, y ha producido en la preciosa isla que un día fue parte de la corona española y que el 23 de marzo de 1530, mediante el llamado Diploma de Castelfranco, el Rey Carlos I de España cede a la orden del Hospital, luego llamada de Malta (pinche aquí si le interesa el tema), abundante tradición paulina.
 
            Para empezar, el lugar en el que según la tradición se produjo el naufragio se conoce como Isla de San Pablo y en ella se levanta una estatua que conmemora el evento. Existe también una Bahía de San Pablo (St. Paul’s Bay). La catedral de la antigua capital de la isla, Mdina, también se halla advocada a San Pablo, y está construída en el lugar en el que según la tradición el apóstol de los gentiles habría llevado a cabo la curación del padre de Publio relatada en Hechos, un Publio que según la tradición, convertido que se hubo al cristianismo, habría sido el primer obispo de la isla. Se relaciona también con el apóstol la Colegiata del Naufragio de San Pablo, una de las iglesias más importantes de la isla, donde una imagen del santo sale en procesión precisamente tal día como hoy, 10 de febrero, y en la que se conserva una parte de la columna en la que fue decapitado en Roma y un hueso de su muñeca. Según la tradición, San Pablo se refugió en una cueva, conocida en la actualidad como las Catacumbas de San Pablo en Rabat.
 
            Y bien amigos, con esta hermosa conmemoración, me despido hoy de Vds., no sin desearles, eso sí y como siempre, que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.

 
            ©L.A.
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