Sábado, 22 de junio de 2024

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«El Espíritu Santo intercede por nosotros con gemidos inefables.»

Reflexión Domingo XVI del Tiempo Ordinario

por La alegría de la Buena Noticia

«El Espíritu Santo intercede por nosotros con gemidos inefables.»

Queridos hermanos

Estamos en el Domingo XVI del Tiempo Ordinario. ¿De que habla hoy la Palabra? La primera Palabra es del libro de la Sabiduría y hace una confesión: “No hay otro Dios al cuidado de todo más que Yahvé”. Es Dios quien nos cuida y ¿qué signos da? Primero, que es un Dios que perdona los pecados de los hombres. Segundo, que discierne y tiene misericordia, tiene indulgencia.

Por eso respondemos con el Salmo 85: “Tu, Señor, eres grande y clemente, rico en misericordia con los que te invocan y escuchas mi oración. Todos los pueblos vendrán, porque tú eres el único Dios. Eres clemente, misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal.” Por eso hermano, qué Palabra tan bonita que estamos escuchando, es un Dios que tiene misericordia, que ama.

La segunda Palabra que nos ofrece la Iglesia es de la Carta a los Romanos, dice: “El espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad”. Hermanos, invoquemos el Espíritu Santo y él vendrá en nuestra ayuda. No sabemos rezar como nos conviene, no sabemos gritar; pero el Espíritu Santo intercede por nosotros con gemidos y escudriña los corazones, es decir, tiene discernimiento.

Por eso, hermanos, el Evangelio, que es esta buena noticia, primero nos habla qué es el reino de Dios. El Reino de Dios comienza con algo pequeño, insignificante, no pretencioso, no triunfalista; y pone tres parábolas: el trigo y la cizaña, el grano de mostaza y como la levadura. “El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo, pero mientras la gente dormía…” Interesante, todos nos hemos dormido, los cristianos estamos dormidos, la humanidad está dormida, nos estamos matando, está apareciendo la corrupción, la destrucción del hombre, no defendemos la verdad, la vida, la libertad. Por eso hubo un hombre que, de noche, cuando todos estaban dormidos, sembró cizaña en medio del trigo; y le pregunta al amo: Señor, ¿no sembraste buena semilla en el campo? ¿de dónde sale esta cizaña, este mal? El enemigo la ha sembrado. Hermanos hay un enemigo que siembra en nosotros la duda, la corrupción, y ese es el demonio, el que nos acusa, el enemigo lo ha hecho, dice el Señor. Y el criado pregunta: ¿no sería mejor arrancar la cizaña y limpiar? Cuando el agricultor descubre la cizaña se llena de tristeza. En cierto momento de nuestra vida también nosotros descubrimos la presencia del mal junto al bien. ¿quién lo introdujo dentro de nosotros y a nuestro alrededor sin darnos cuenta?

El dueño tiene otra perspectiva, la de la paciencia, porque el deseo de acabar con el mal corre el riesgo de desestabilizar el bien, se necesita paciencia por parte del dueño y grandes dotes de mansedumbre. Es necesario la espera paciente y mansedumbre, por intransigencia y la rigidez son peligrosas, es decir los límites del bien y del mal.

No es el árbol el que da fuerza a la semilla, sino que es la semilla la que desarrolla al árbol. Por esto es importante comprender la pequeñez, la humildad “del hoy”, así como la levadura desaparece en la harina. La levadura es el reino, es la fuerza que hacer fermentar el mundo y los cristianos estamos llamados a ser aquello que la levadura ha hecho fermentar para ser pan ofrecido al Señor y partido en el mundo.

Y continúa el Evangelio: El reino de los cielos también se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta, esta semilla es la más pequeña de todas las semillas. Es el anuncio del kerigma, que va en una palabra a veces tonta o con gente que no ha estudiado, pero anuncian una verdad potente, fecunda. Por eso, hermanos, no con medidas potentes, sino humildes, como lo es la levadura. Hermanos, el Señor nos invita a tener paciencia, a buscar lo humilde, no lo grande, no lo pretencioso, lo que nos da triunfo. “Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre, el que tenga oídos que oiga”. Hermanos, busquemos lo humilde, allí está Dios, en lo pobre, no en la gloria del hombre, sino en la gloria de Dios, que se manifestó en la muerte de Jesús, en la humillación de Jesús, en lo humilde. Pues bien, hermanos que este Espíritu habite en medio de vosotros en este domingo.

Que la bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre todos vosotros.

Mons. José Luis del Palacio

Obispo E. del Callao

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