Martes, 11 de mayo de 2021

Religión en Libertad

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Dios, el moco cervical y la píldora

por Cocreadores

Una de las cosas que más me gustan de mi trabajo es la primera sesión con las parejas, la llamamos Sesión Introductoria. Es muy bonito porque les muestras como funciona su cuerpo, como ocurre el proceso en el que un nuevo ser humano comienza la andadura de la vida. Es algo que, aunque lo estudiamos en el colegio, y a estas alturas casi todo el mundo “sabe”, resulta que se enseña muy, pero que muy mal. Vaya, que lo que aprendemos en el cole es solo una parte del asunto, y claro, si nos dejamos lo demás te pierdes mucho, y quizá lo más importante.

 Es curioso porque a casi todas las parejas les sorprende y hacen comentarios de lo muy impresionados que han quedado: “que esto se debería enseñar en el colegio, que si hubieran conocido esto antes…” Pues tampoco se tarda tanto en contarlo, a lo mejor son veinte minutitos y no es tan difícil de entender.

 Y es que cuando profundizamos en cómo Dios nos ha creado, nos maravillamos de su inmensa sabiduría. Los mecanismos de nuestro cuerpo, cuando se estudian nos hablan de esa obra suya que somos los hombres y del amor que ha puesto en ello. Y es normal: nos conmueve su grandeza.

 Por eso hoy quiero compartirlo con vosotros, me refiero al moco cervical, que probablemente os suene un poco a chino. Pues es algo clave en la fertilidad de la pareja. Para que llegue el bebé necesitamos no solo que el hombre tenga buenos espermatozoides y la mujer tenga buenos óvulos, también se necesita buen moco cervical, de buena calidad y en abundancia. Y esto es… a ver, para que os hagáis una idea, el moco cervical es para los espermatozoides como el agua para un pez. Es el medio para que los espermatozoides puedan sobrevivir en el interior del cuerpo de la mujer y nadar hasta el óvulo para poder fecundarlo y así, comience la nueva vida. Si la mujer no tiene buen moco cervical los espermatozoides morirán en pocas horas, como si metieras un pez en cola de pegar o en agua contaminada.

 Como ya os conté en una de las primeras entradas, el doctor sueco Erik Odeblad (1922-2019) estudió el moco cervical en profundidad, sus características físicas y su relación con la fertilidad humana. Él hizo lo que llamamos el mapa del cérvix clasificando todos los tipos de moco que observó. Su investigación ha sido una gran contribución en el campo de la fertilidad ya que en sus estudios se basaron tanto el Dr. Billings como el Dr. Hilgers para desarrollar el Método Billings de la Ovulación y el Modelo Creighton, variación del primero.

 El moco cervical se produce en unas pequeñas cuevitas, llamadas criptas cervicales, que se encuentran en el cérvix o cuello del útero, allí alojadas hay unas células especiales que lo producen en mayor o menor cantidad según los niveles hormonales del cuerpo. Los niveles de hormonas ováricas (estrógeno y progesterona) varían cíclicamente con una periodicidad de aproximadamente un mes, es lo que todos conocemos como ciclo menstrual. Cuando se está acercando la ovulación los niveles de la hormona estrógeno se elevan en el cuerpo de la mujer, este estrógeno es la señal que reciben estas células del cérvix para empezar a producir moco cervical tipo E (o estrogénico), este tipo de moco es muy fluido, muy elástico y transparente y si lo observamos en el microscopio veremos como unos canales por donde pueden nadar los espermatozoides, además, este moco lleva nutrientes para que estos puedan sobrevivir. Es el momento en el que la mujer, por eso, empieza a ser fértil. Después de la ovulación los niveles de estrógeno disminuyen y empiezan a aumentar los niveles de progesterona en sangre. Esta hormona es la señal que indica a las células de deben de interrumpir la producción de el moco tipo E y para que produzcan moco tipo G (gestagénico) este moco es muy denso, blanquecino y pegajoso, y a nivel microscópico podemos observarlo como una red o muro donde los espermatozoides se atascan y de esta manera no pueden avanzar y mueren.

 Espermatozoides que quedan atascados en el moco cervical

 

Por eso Erick Odeblad habla de la “válvula biológica”: cuando hay moco cervical tipo E la válvula estaría abierta, la mujer es fértil ya que los espermatozoides pueden entrar y cuando hay moco tipo G la válvula estaría cerrada y entonces la mujer es infértil. ¿A que es una maravilla? Esta válvula se abre unos días antes de que la mujer ovule y se cierra en seguida después de la ovulación.

 Mediante el método Creighton las mujeres aprenden a observar el moco. No solo identifican los días que tienen moco, también su cantidad y su calidad. También identifican el día de su ovulación. Esto lo van apuntando en una gráfica que les sirve para monitorear tanto su fertilidad como su salud ginecológica. Esta gráfica es un instrumento indispensable para el médico de Napro ya que da una información muy valiosa para el diagnóstico, fechas para prescribir la medicación más adecuada, para pedir los análisis adecuados, etc.

 Y ¿que tiene que ver todo esto con la píldora anticonceptiva? Mucho, porque una de las cosas a las que más afecta el consumo de “la pastillita” es a este mecanismo natural de nuestro cuerpo. La mayoría de las mujeres, cuando la toman, piensan que algún día lo dejarán para ser madres, suele ser algo temporal, y que cuando paren de tomarla, su aparato reproductor estará como el día en que empezaron a tomarla, como si fuera completamente inocua. Pero es una trampa, la píldora tiene un efecto envejecedor para el útero y para el cérvix, así que cuando una mujer que ha estado tomando la píldora durante unos años llega a los 35 y empieza a plantearse ser madre; cuando deja de tomarla, sin embargo, se puede encontrar que su cérvix sea como el de una mujer de 45 y produce muy poco moco y de mala calidad, con la consiguiente disminución de su fertilidad.

Lo que muy poca gente sabe y debería darse más a conocer es los efectos secundarios a largo plazo de la píldora. Está compuesta por hormonas sintéticas, no naturales, que van afectando al cuerpo de la mujer de muchas maneras. Y es que es, literalmente, un tóxico ajeno a nuestro cuerpo que va envenenado poco a poco el aparato reproductor de la mujer produciendo una infertilidad muchas veces irreversible. Un “medicamento” que no cura nada, sino que hace un gran daño en un órgano vital, suprimiendo su acción natural. Y puede afectar, aparte de lo que ya os he contado, a nuestra circulación sanguínea, dándose casos de tromboembolismos, hay muchos casos de depresión, de canceres de mama, útero… (no voy a entrar en los efectos abortivos que tiene y de los que tampoco se habla).

En el corto tiempo que llevo trabajo como monitora de Creighton me he encontrado ya varias mujeres que han consumido la píldora y ven, cuando quieren ser madres, que no llega el bebé y cuando empiezan a observar su moco para hacer las gráficas se llevan la sorpresa de que tienen poco moco, poca cantidad y poca calidad. Restaurar esto es muy difícil, a veces el trabajo de los médicos es de verdaderos héroes, y la paciencia de las parejas que quieren conseguir el embarazo es de admirar.

Una de mis usuarias me contó como su ginecólogo le estuvo prescribiendo la píldora alegremente durante años tranquilizándola y diciéndole que era joven y que ya tendría tiempo de ser madre, y en el momento en que quiso el embarazo, después de dos abortos muy dolorosos él directamente le dirigió a reproducción asistida. Se sentía engañada e indignada porque ese medicamento no le había resuelto ningún problema de salud, sino que le había hecho mucho daño. Ahora ella ya ha pasado los 40 años y se encuentra en un proceso de sanación tanto interior como de salud, está graficando Creighton para conocerse y con un tratamiento Napro, con la esperanzan de que, si Dios quiere, llegue ese hijo tan deseado.

Y así se va alimentando la maquinaria económica de las empresas que utilizan la salud de la mujer para engordar sus cuentas, pero no para mejorarla sino para destrozarla. Es un proceso que se retroalimenta, primero la píldora anticonceptiva, después la reproducción asistida. Con la carga de sufrimiento que conlleva para las parejas y más concretamente para las mujeres.

Cuando se separan los significados procreativo y unitivo del acto conyugal va quedando una herida fuerte en el corazón que cuesta reparar, muchas veces es inconsciente, pero después va saliendo también como enfermedades crónicas físicas y espirituales, del alma. Por eso mi artículo pretende ser una denuncia a ese abuso de la mujer: se están utilizando sus ilusiones y anhelos pero no para su bien, sino para hacer un daño casi siempre irreparable.

Pero como desde antiguo, no nos vamos a quedar callados, vamos a seguir trabajando por la vida, el matrimonio y la familia, no vamos a perder la batalla. Dios está a nuestro lado.

 

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