Es una tarde de sonrisas, de fotos, de alegría y de carantoñas, pero este momento podría no haber existido porque estos bebés podrían no haber nacido.

Sus madres pensaron en abortar. No lo hicieron porque, en medio de toda la confusión y opacidad que rodea a ese acto, hallaron una mano amiga y un hombro en el que apoyarse en la misma puerta del abortorio. Y el salvar la vida de sus pequeños les hizo aproximarse a la fe.


“Notamos que estas mujeres tenían una gran necesidad espiritual”, cuenta Marta Velarde, responsable de la Asociación Más Futuro.

Son rescatadores, y ayudan a las mujeres a continuar con sus embarazos. Además, les presentan la fe, para que sepan que Dios les ha dado una oportunidad de apostar por la vida. 

Más Futuro nació a partir de una pregunta: ¿Por qué hay mujeres que, habiendo abortado una primera vez, vuelven a hacerlo?

“Les falta algo en sus vidas”, responde Marta, dedicada desde hace más de treinta años al movimiento provida en España. Por eso, después de salvar a sus bebés, desde esta asociación se ayuda a las madres a descubrir la fe.


“Cuando ya las hemos rescatado, y, antes de que nazcan sus hijos, les proponemos que bauticen a los pequeños. Así, muchas comienzan a conocer la Iglesia y se acercan a Dios. Pero nuestra propuesta parte siempre de la libertad; de cualquier otra forma, no tendría sentido”, añade Velarde.

A las puertas de las principales clínicas abortistas de Madrid, intentan que las mujeres no cometan un error del que se arrepentirán siempre. Así le sucedió a Jenifer, quien conoció Más Futuro después de haber abortado.

“Sé que si les hubiera conocido antes, no lo hubiera hecho”, asegura. Jenifer se desahogó con Marta, lloró y sintió paz gracias a sus consejos y acompañamiento.

Para mí, conocer a Marta ha sido un regalo de Dios”, concluye. A los tres meses de haber terminado con la vida de su hijo, volvió a quedarse embarazada.

Pero esta vez “sabía que contaba con el apoyo de Más Futuro. Ellos son como mi familia”.

Hace tres meses nació Miriam, y ha devuelto la alegría a Jenifer, una mujer que, tras abortar a su anterior hijo, había perdido las ganas de vivir hasta el extremo. Ahora mira a Miriam y su rostro cambia, aunque todavía confiesa: “Me he reconciliado con Dios, pero pienso mucho en lo que hice. Todos los días le pido que me perdone y pienso en cómo habría sido mi hijo o mi hija, me imagino su cara… un bebé es inocente y no tiene por qué pagar por nada”.


Más Futuro nació hace casi dos años. Entre sus objetivos, no tenían pensado atender a mujeres que ya habían abortado, pero, como comenta Marta Velarde, “cada vez llegan más”.

Desde Más Futuro toman su mano y les ayudan a hacer las paces con esos hijos que nunca llegaron a nacer. “Les decimos que primero pongan un nombre a ese bebé que no tuvieron, después, que le hablen y, por último, que hagan las paces con Dios”, explica Marta.

Ella ha sido testigo de cómo acercarse al sacramento de la confesión ha cambiado la vida de muchas de estas mujeres marcadas por una herida profundísima. Y es que, como dice Melanie, otra de nuestras protagonistas, “un hijo no sustituye a otro”. Ella tuvo que esgrimir este argumento con fuerza para defender al bebé que se estaba gestando en su vientre.  «»


Con quince años se quedó embarazada y sufrió enormes presiones desde su colegio; “Sin el bebé vivirás mejor”, le decían. La insistencia por parte de la gente de su entorno hizo que se presentara un día en un abortorio para informarse.

A la salida, un rescatador le entregó un papelito que rezaba: “¿Embarazada y agobiada?”. “Pensé: ‘¿quién en esta vida está para ayudarte?’”, comenta.

Inmediatamente, llamó a Más Futuro para recibir apoyo. Materialmente le ofrecieron todo lo que necesitaba e, inmaterialmente, mucho más de lo que esperaba.

Tanto, que ella misma ha hecho de rescatadora para otra amiga que ha pasado por la misma experiencia que ella, un embarazo imprevisto en la adolescencia.

Melanie no puede apartar el rostro de su pequeña Janelle de un año. “Dicen que un hijo te cambia la vida. Me parece que no. Te da una vida nueva y llena todos tus vacíos”, cuenta. “¿No puedes dejar de sonreír cuando hablas de Janelle?”, le decimos. Y, después de sonreír aún más, añade a sus escasos diecisiete años: “Soy feliz con ella”.


Tampoco Rosana puede apartar la mirada de Alicia, y es que la pequeña es inusualmente despierta. “Nos ha cambiado por completo”, dice la madre. Pero ese cambio no se presumía tan feliz cuando supo que estaba embarazada.

Hacía pocas semanas que habían llegado sus tres hijos de Paraguay, después de más de seis años de separación, y ella soñaba con colmarles de cariño y de caprichos. Sin embargo, la llegada de un bebé quebraba muchos de esos planes y le sobrepasaron las circunstancias.

Acudió sola a una clínica abortista. A la salida, se encontró a los rescatadores, pero no les hizo caso, aunque ellos se dieron cuenta de que no podían dejarla sola. 


Continuó adelante con su embarazo pero, transcurridos tres meses, en una revisión, el médico le dijo que su bebé tenía síndrome de Down y que podía deshacerse de él. “No podía hacer otra cosa que llorar”, recuerda.

La Providencia quiso que Marta la telefoneara ese mismo día. “Cuando me llamó fue como si se me apareciera la Virgen”, asegura con lágrimas en los ojos. Rosana dice que no ha rezado tanto en su vida como cuando su pequeña estaba en camino.

En Más Futuro le brindaron “el apoyo espiritual que necesitaba”, recuerda esta madre, quien se ha acercado mucho más a la fe. La última pregunta le aflige, baja el rostro y se queda pensando: “¿Si hubiera abortado? Lo habría llevado hasta el último día en la conciencia y en el corazón. No habría parado de preguntarme por qué”.


La crisis económica tiene muchas ramificaciones. Una de las más dramáticas para el derecho a la vida es la que se deriva de la falta de ayudas públicas a las mujeres embarazadas.

RedMadre, en un reciente informe, señala que un 56 por ciento de las mujeres que llegan hasta ellos se había planteado el aborto por falta de recursos económicos, además de por presiones por parte de la pareja o la familia.

Un 42 por ciento de ellas lo pensaron por cuestiones laborales, mientras que solo el 2 por ciento pensaron en acabar con su embarazo por una malformación del bebé que esperaban. 

Desde esta organización afirman que, ante la terrible situación de estrechez económica que afrontan muchas familias, un 30% más de mujeres con pareja estable e hijos se ha planteado el aborto.