El Papa Francisco recibió este jueves por la mañana a unos mil participantes de una peregrinación ecuménica de cristianos luteranos jóvenes, que llegaron a Roma procedentes de la región de Alemania de donde era originario Martín Lutero. El viaje es un proyecto conjunto del departamento de Juventud e Infancia de la Iglesia Evangélica en Alemania Central y de la Iglesia Evangélica de Anhalt, junto con la Oficina de Pastoral Juvenil de la diócesis católica de Magdeburgo.

Los peregrinos entregaron al Papa el pañuelo de peregrino, azul y amarillo, simbolizando ambas denominaciones. Él los anudó alrededor del cuello para ilustrar el destino de unidad que desea. El encuentro finalizó con el Padrenuestro en alemán. 

“Lo que nos une es mucho más que lo que nos divide”, les dijo el Papa en la audiencia que les concedió. “Podemos continuar con confianza nuestro camino ecuménico, porque sabemos que, más allá de muchas cuestiones abiertas que todavía nos separan, ya estamos unidos”.

Después de su discurso, el Santo Padre respondió sin papeles, de forma improvisada, a algunas temas que le plantearon los asistentes. 

“El proselitismo es el veneno más fuerte contra el camino ecuménico”, aseguró el Papa ante la pregunta sobre qué hacer para convencer a los que no tienen fe.

La última cosa que tienes que hacer es ‘decir’. Tú debes vivir como cristiano elegido, perdonado y en camino. No es lícito convencer de tu fe”, ha explicado. Al mismo tiempo ha aconsejado “preparar la tierra para el Espíritu Santo, el que trabaja en los corazones. Él debe decir, no tú”.




Los “grandes reformadores de nuestras Iglesias” son los santos, respondió el Papa a otra pregunta. Son “los hombres y las mujeres que siguen la palabra de Dios y la practican”. Quizá no son teólogos –ha precisado– pero son gente humilde con el alma inundada de Evangelio.

Finalmente, un estudiante de teología le ha preguntado al Pontífice qué le gusta y qué no le gusta de los luteranos.

Me gustan los luteranos buenos, los que siguen la fe de Jesucristo. No me gustan los católicos tibios y los luteranos tibios”, ha asegurado.

De este modo, ha recordado que “no se puede ser cristiano sin practicar las bienaventuranzas, sin hacer lo que Jesús nos enseña en Mateo 25”.


Además, ha querido subrayar una contradicción, de los que quieren defender el cristianismo en occidente y por otro lado están contra los refugiados y las otras religiones.

Es hipócrita –ha concluido– decirse cristiano y expulsar a un refugiado, un hambriento, uno que necesita ayuda. “Si yo me digo cristiano y hago estas cosas, soy un hipócrita”.

El testimonio que el mundo se espera de nosotros –ha señalado el Papa en su discurso leído al inicio del encuentro– es sobre todo el de hacer visible la misericordia que Dios tiene con nosotros a través del servicio a los más pobres, a los enfermos, a quien ha abandonado la propia tierra para buscar un futuro mejor para sí y para sus seres queridos. “Al ponernos al servicio de los más necesitados experimentamos estar ya unidos: es la misericordiosa de Dios la que nos une”.



El Santo Padre ha querido dar gracias a Dios porque luteranos y católicos, “estamos caminando en el camino que va del conflicto a la comunión”. Tal y como ha recordado el Papa, se ha recorrido ya “una parte importante del camino”.

Y a lo largo de este camino se han encontrado sentimientos contrastados: “dolor por la división que todavía existe”, pero también “alegría por la fraternidad ya encontrada”.

La presencia numerosa y entusiasta de este peregrinación –ha observado el Papa– es un signo evidente de esta fraternidad, y llena de esperanza de que se pueda continuar creciendo en la recíproca comprensión. 

Asimismo, ha recordado que a finales de octubre viajará a Lund, Suecia, y junto con la Federación Luterana Mundial recordarán, después de cinco siglos, el inicio de la Reforma de Lutero y darán “gracias al Señor por cincuenta años de diálogo oficial entre luteranos y católicos”.

Del mismo modo, el Papa ha explicado que parte esencial de esta conmemoración será “dirigir nuestra mirada hacia el futuro” para dar un testimonio cristiano común al mundo de hoy, que “tanta sed tiene de Dios y de su misericordia”.


Finalmente, el Pontífice ha invitado a los jóvenes a ser “testigos de misericordia”. Por eso les ha pedido que mientras los teólogos llevan adelante el diálogo en el campo doctrinal, ellos continúen buscando “con insistencia” ocasiones para encontrarse, conocerse mejor, rezar juntos y ofrecer su ayuda los unos a los otros y a todos los que lo necesitan. 

Y así, libres de todo prejuicio y fiándose solo del Evangelio de Jesucristo que anuncia la paz y la reconciliación, serán “verdaderos protagonistas de una nueva estación de este camino, que, con la ayuda de Dios, conducirá a la plena comunión”.