Al acercarse las celebraciones del denominado Orgullo Gay, testimonios como el de Mauricio Clark, un célebre ex presentador de la cadena mexicana Televisa que abandonó la vida homosexual, desatan las iras de los lobbys LGBT. En las últimas fechas se ha puesto en marcha una campaña para censurar su acceso a redes sociales acusándole de "discurso de odio" a raíz de un tuit donde recogía su experiencia personal:

 

Clark, de 39 años, llegó a ser uno de los periodistas más conocidos de Televisa, en la que trabajó durante 17 años entrevistando a los principales personajes del espectáculo, los deportes y la política.

"Antes mi día a día era con las estrellas del ‘canal de las estrellas’, estar en Nueva York o Los Ángeles con lo más prestigiado de Hollywood. Antes, mi día a día era estar con los medallistas olímpicos, con los futbolistas, con un Messi, con un Maradona, con un Pelé. Tuve la oportunidad de estar con la familia Mandela, cenando con ellos en Sudáfrica, de estar frente a frente con la Reina Sofía de España”, explicó Clark a ACI Prensa.

En esa época, en la cual Clark cayó en adicciones como la pornografía, la prostitución, la masturbación y las drogas, vivía una vida en el ámbito gay que abandonó hace tres años: “Hoy, gloria a Dios, mi día a día no es lo que me ofrece este mundo. Hoy mi día a día es con hermanos que están pasando por muchas situaciones por las que yo pasé: con prostitutas, con prostitutos, con drogadictos, con alcohólicos, con homosexuales, con personas que tienen problemas serios y que muy pocos están dispuestos a atender”, afirmó. Y lleva a cabo ese trabajo codo con codo “con las personas de las que me burlé públicamente por muchos años: con sacerdotes valientes, con religiosas, con laicos comprometidos”.

Clark afirma que ha recibido amenazas de muerte por criticar la agenda LGBT. En una reciente aparición televisiva, fue recibido hostilmente por los presentadores. Sin embargo, para Mauricio lo peor ocurrió cuando se apagaron las cámaras, informa ACI Prensa: “Cuando cortaron las cámaras, se acercaron varios que estaban ahí, que fueron amigos y que incluso fui a sus bodas y compartí la mesa. Se acercaron a insultarme, a agredirme. No me quedó más que desearles bendiciones y la respuesta fue muy fuerte”.

“Si yo estuviera diciendo una mentira o estuviera escondiendo algo traería la cola entre las patas, pero gracias a Dios lo que menos tengo ahorita es miedo... Anunciar las buenas nuevas es lo menos que puedo hacer, gritar a los cuatro vientos 'Hey, Dios existe’”, explica, al tiempo que denuncia la "dictadura que están buscando imponer”.

En cuanto a los ataques mediáticos, afirma que, “como reportero y comunicólogo... sé cómo funcionamos los medios de comunicación, sé cómo manipulamos, sé cómo mentimos muchos medios, porque hay fines detrás que lamentablemente ni siquiera los empleados conocen”.

Clark destacó que la fortaleza para resistir los insultos proviene del Espíritu Santo. “Antes, por una cuestión ínfima, por algo mínimo, terminaba en todo el abanico de adicciones de donde el Señor me rescató. Hoy, gracias a Dios,  a pesar de tener a una comunidad como el LGBT encima, puedo estar con la frente en alto por lo mismo, porque solamente estoy siendo testigo de la grandeza, misericordia y compasión de Dios, nuestro Señor”.

El periodista mexicano destacó además que “la comunidad LGBT es una comunidad sumamente vulnerable, quebrantada emocionalmente, y de esa vulnerabilidad es de donde se están aprovechando muchos políticos mafiosos. Aunque parezca una locura ahorita, a quienes estoy buscando defender es a la comunidad LGBT, porque conozco sus carencias, sus dolencias y esa vulnerabilidad”, aseguró.

"Lo que hoy me tiene en pie son los Sacramentos”, dice Clark, así como “el rezo del Rosario, la confesión continua, al menos cada 15 días. Eso es lo que le recomiendo a las personas, que si quieren tener un cambio en su vida, abrir su corazón, lleven con plena conciencia los Santos Sacramentos. En mis planes no estaba seguir a Cristo ni dejar la vida homosexual atrás. Cuando Dios, nuestro Señor, tocó mi corazón, en el momento que menos esperé, fue cuando mi vida cambió para siempre. Hoy estoy entregado en cuerpo y alma a servir a Cristo y al prójimo. Todo ha cambiado de una manera tan hermosa, que me queda claro que no hay entendimiento humano”.

“Dios Nuestro Señor te quita tantas cosas, empezando por el miedo", concluye: "Te quita las culpas, las frustraciones, la apatía, toda esa parte malévola con la que mis ojos antes veían. Te quita esa mirada perversa y te entrega unos nuevos ojos y un corazón de carne y hueso y están al servicio de Cristo y del prójimo".