Aristides de Sousa Mendes era un diplomático católico portugués que arriesgó su vida y arruinó su carrera profesional por salvar a miles de judíos cuando era cónsul de su país en Burdeos durante la II Guerra Mundial. Despedido y despojado de todo acabaría muriendo en la indigencia en 1954. Sin embargo, en Israel es considerado “justo entre las naciones”, Portugal acaba de aprobar un reconocimiento oficial para él y el Papa Francisco quiso recordar a este “cristiano coherente” durante la Audiencia de este miércoles.

Al igual que otros diplomáticos como el español Ángel Sanz Briz, que salvó a 5.000 judíos húngaros, Aristides de Sousa no pudo mantenerse impasible ante la furibunda persecución a los judíos. Y como católico devoto que era decidió actuar aún sabiendo que las consecuencias de sus actos serían terribles para él por parte del gobierno portugués, encabezado entonces por Salazar.

“Hace ochenta años decidió seguir la voz de la conciencia y salvó la vida de miles de judíos y otros perseguidos. La libertad de conciencia se puede respetar siempre y en todas partes; y que cada cristiano dé un ejemplo de coherencia con una conciencia justa e iluminada por la Palabra de Dios", indicó el Santo Padre refiriéndose concretamente a este diplomático.

Por su parte, el Yad Vashem, el Memorial del Holocausto, relata de este “justo entre las naciones” que era un “católico devoto y de buen corazón” que al ver la situación crítica de los refugiados “decidió desobedecer las instrucciones explícitas de su gobierno. Recibió la visita de una delegación de los refugiados, encabezada por el rabino Jaim Kruger, a quienes prometió emitir visados de tránsito a todo aquel que lo necesitar, agregando que quien no pudiese pagar por los visados los recibiría gratis”.

El cónsul, con el rabino Kruger

De Sousa Mendes estableció una oficina improvisada en el consulado y ayudado por dos de sus hijos y algunos judíos que se encontraban cerca comenzó a emitir visados de tránsito. Durante tres días y tres noches trabajó sin descansar ni un minuto hasta que una vez concluido se desplomó exhausto. Entre el 15 y el 22 de junio acabaría sellando 1.575 visados, es decir, salvó 1.575 vidas.

Su actuación para salvar a estos cientos de judíos entraba en conflicto directo con las órdenes recibidas desde Lisboa. Su gobierno, oficialmente neutral en la guerra, había ordenado negar las visas a extranjeros o judíos que hubieran sido expulsados de su país.

Burdeos estaba situado en la Francia bajo el control de las autoridades alemanas de ocupación, y rápidamente se fue corriendo el rumor de la ayuda que este diplomático portugués estaba prestando a los judíos.

Estos rumores acabarían llegando a Lisboa, desde donde recibió las primeras llamadas exigiéndole que dejara de ayudar a estos refugiados. Su respuesta, tal y como recoge Vatican News, fue clara y muestra la importancia de su fe en esta decisión: “Si debo desobedecer prefiero hacerlo ante los hombres que no ante Dios”.

Finalmente, desde Portugal le ordenaron en 1940 abandonar el consulado y regresar a Portugal. Incluso le enviaron dos hombres para escoltarle. Sin embargo, su conciencia le decía que todavía podía hacer más aún sabiendo que esto agravaría más su propia situación profesional y personal.

Todavía en suelo francés, Sousa Mendes, su familia y los dos escoltas enviados desde Lisboa pasaron por el consulado portugués en Bayona y vio una multitud de refugiados cerca de las oficinas.

Haciendo caso omiso de las objeciones del cónsul local, le ordenó emitir de inmediato visados a todos los solicitantes. Él mismo estampó los mismos agregando con su propia letra: “El Gobierno de Portugal solicita amablemente al Gobierno de España permitir al portador de este documento cruzar España libremente. El portador es un refugiado del conflicto en Europa y está en camino a Portugal”.

Fotograma de la película Désobeir que muestra al Sousa hablando con los guardias civiles de la frontera con España para permitir el paso de los refugiados

Después de proveer a los solicitantes del tan buscado documento los acompañó personalmente a un puesto fronterizo español y se aseguró que lo cruzaran sin incidentes. Esta imagen ha quedado plasmada en el cine a través de la película Désobéir, estrenada en 2009, y en la que se cómo agentes de la Guardia Civil en la frontera revisaban estos documentos y permitían la entrada a territorio español de estos refugiados.

Una vez en Lisboa, Arístides de Sousa Mendes fue juzgado por un tribunal disciplinario, despedido del servicio diplomático y se le confiscaron todos los beneficios obtenidos, por lo que su familia, formada por 13 hijos, quedó en la indigencia. Moriría en la pobreza en 1954. Cuando se le pidió que explicara por qué había hecho esto respondió: “Si miles de judíos están sufriendo por un cristiano (Hitler), no hay duda que un cristiano puede sufrir por tantos judíos”.

Israel le otorgó el título de “Justo entre las Naciones” en 1966 mientras que tras la lucha de su familia fue rehabilitada su imagen en Portugal en 1988. Ahora oficialmente, el Parlamento portugués le considera un héroe y una tumba con su nombre, aunque no sus restos, estará presente en el Panteón Nacional.