Algún día sabremos cuánto debemos a las personas que integran la inmensa mayoría del movimiento provida español, y al extraordinario esfuerzo que llevan años desplegando para hacer que se escuche cada vez más fuerte la voz de los que no tienen voz. Gracias a ese trabajo silencioso y perseverante de los que nunca perdieron la esperanza, hoy se viven en España momentos de impaciente expectación por el anuncio del gobierno en favor de la vida de los concebidos y el apoyo que precisan sus madres.

Ninguna ley puede legitimar la muerte de un inocente y nadie en la actualidad, desde un punto de vista moral o científico, puede ya alegar en favor del aborto nada que no responda sino a puros criterios de rancio corte ideológico. Eso ha sido posible gracias al esfuerzo de todos los que una vez al año se manifiestan en torno al «Sí a la vida»; a la silenciosa e impagable dedicación de las sufridas voluntarias que en toda España acompañan diariamente a cientos de madres con dificultades; al apoyo y seguimiento de los medios de comunicación que han apostado decididamente por la vida y la maternidad; y, justo es reconocerlo, al progresivo cambio de mentalidad de algunos políticos en defensa de la vida, que se han comprometido a revertir la espeluznante actual deriva abortista.

Y aunque existe una creciente e intensa indignación por el ya largo retraso del gobierno en dar cumplimiento a su promesa electoral en favor de la vida, no obstante debemos evitar limitarnos a la tentación de señalar con el dedo a persona alguna en el ámbito de la política o de la sociedad civil, pontificando sobre cuál o cómo habría de haber sido su actuación personal, porque si algo ha hecho fuerte, sano y eficaz a gran parte del movimiento provida español es precisamente su sentido positivo, alentando todo lo bueno que se produce, incentivando cada paso en la buena dirección, tratando con caridad a todo el mundo y no juzgando a nadie sin perjuicio de llamar a las cosas por su nombre.

No olvidemos que muchos hemos podido ser en algún momento insensibles o perezosos ante la necesaria defensa de la vida, incluso más de uno hemos podido ser condescendientes con algunas de las premisas que han venido enarbolando los proabortistas, cuando tratan de hacer pasar por bueno lo que es malo; pero aún si hubiese sido perfecta nuestra actuación en este terreno, nada sería más estéril que limitar nuestra actuación a la crítica de lo que hacen o dejan de hacer los demás, pero sin implicarnos personalmente en la defensa real y activa de la vida y la maternidad. Debemos criticar programas electorales y su nivel de cumplimiento; debemos criticar la iniquidad del aborto y la inacción del gobierno de turno y del Estado, pero debemos también trabajar activamente en el apoyo a cada mujer embarazada en riesgo de aborto; incluso en nuestras críticas tiene que notarse que apreciamos la dignidad de la persona a la que criticamos pues la defensa de la vida es universal y omnicomprensiva.

El ministro de Justicia, Alberto Ruíz Gallardón, ha anunciado que a partir del próximo trimestre se dará luz verde al anteproyecto de ley que derogará la actual ley del aborto. Aunque el paso legislativo anunciado no coincide en términos absolutos con una mayoría considerable de españoles que, como en el caso de RedMadre, abogamos por una ley que defienda sin excepciones la vida del concebido y el apoyo a la maternidad, sin embargo se habrá iniciado en España un primer paso adelante de extraordinarias consecuencias para la vida de cientos de miles de españoles, y de fructíferos y esperanzadores alcances fuera de nuestras fronteras.

Si España se convirtiese en el primer país de Europa Occidental que revierte —aunque sea parcialmente— la tendencia abortista imperante desde los años 70 del siglo pasado, y si lo hace en estos momentos en que en América Latina se está introduciendo lenta pero inexorablemente la ideología abortista siguiendo el modelo europeo, España podría convertirse en una referencia en la recuperación del derecho a la vida como ya lo es una gran parte de la sociedad norteamericana. Me ilusiona pensar que este proceso se vaya a poner en marcha en mi país en próximas fechas, aunque sé que sólo será un primer paso en una carrera larga y que exigirá tiempo, esperanza y perseverancia. Sólo llega al final del camino el que da el primer paso en la senda por pequeño, dubitativo y perezoso que sea ese primer paso.

Antonio Torres, presidente de la Fundación Redmadre

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