“Los cristianos del Vicariato Apostólico de Mongo (www.eglisemongo.org), a 500 kilómetros de N’djamena, capital de Chad, han experimentado un acontecimiento eclesial particular: la consagración de la Catedral de San Ignacio”, escribe a la Agencia Fides el P. Clément Marie Bonou, de los Franciscanos de María Inmaculada.

La catedral se encuentra a los pies de la montaña, en una región al 94% musulmana. El edificio, definido por el Gobernador de la región como “una joya arquitectónica” es de forma ortogonal con cuatro ábsides y tiene capacidad para un mínimo de 600 fieles.


Los frescos que adornan las paredes interiores representan los principales acontecimientos en la Biblia desde el Génesis hasta el Apocalipsis. También hay algunas imágenes que recuerdan la vida de la Iglesia local, en particular, “el testimonio de los cristianos durante los años de guerra en Chad, ya que esta zona era conocida por ser un bastión de los rebeldes”.

Un testimonio tan intenso que el Vicario Apostólico del lugar, Mons. Henri Coudrey, lo describió como “los hechos de los apóstoles de Mongo”.


El edificio fue construido con piedras de las montañas de la zona, pero Monseñor Coudrey ha recordado que la Catedral es la expresión del testimonio de fe de los cristianos locales, que representan una casa de “piedras vivas”.

El Vicario Apostólico finalmente ha dado las gracias a los donantes que han permitido la realización del lugar de culto: las Obras Misionarias Pontificias, Ayuda a la Iglesia Necesitada, y algunas diócesis en el extranjero. Pero incluso los fieles locales han hecho su contribución a través de una colecta especial, “como las dos monedas de la viuda pobre del templo de la que habla el Evangelio”.