Este martes el Papa Francisco ha hablado en su homilía en dos aspectos que destacan en Cuaresma, el perdón y la confesión. Así, en la Casa Santa Marta, el Santo Padre explicó que el perdón “es un misterio difícil de entender” y explicó que tanto la vergüenza del pecado como el arrepentimiento del pecador pueden ayudar a ser más receptivos al perdón de Dios.

Tal y como recoge Aciprensa, el Papa indicó en su homilía que “el confesionario no es una lavandería para limpiar las manchas de la conciencia. Al confesarse hay que sentir vergüenza de los pecados”.

De este modo, Francisco consideró que el primer paso para una buena confesión debe ser la vergüenza del pecador:  “Si yo pregunto: ‘Pero, ¿todos vosotros sois pecadores?’. ‘Sí, padre. Todos’. ‘¿Y qué hacéis para obtener el perdón de los pecados?’. ‘Nos confesamos’. ‘¿Y cómo vais a confesaros?’. ‘Voy, digo mis pecados, el sacerdote me perdona, me dice que rece tres Avemarías y después me voy en paz’. ¡Pues entonces no has entendido!”.


Para el Papa, la actitud que relató muestra “la hipocresía de robar un perdón, un perdón que es falso”. E insistió en que sin sentir vergüenza, ir al confesionario es como ir a “hacer una operación bancaria, a hacer un trabajo de oficina”.

“No te has sentido avergonzado de aquello que has hecho. Has visto alguna mancha en tu conciencia y has creído que el confesionario es una tintorería para limpiar las manchas. Has sido incapaz de sentir vergüenza de tus pecados”, añadió.

Por ello, Francisco hizo una llamada para que la gente no tenga miedo a la confesión y a reconocerse pecador.  “Si tú no tienes conciencia de haber sido perdonado, nunca podrás perdonar. Nunca. Siempre existe esa actitud de querer pedir cuentas a los demás”.


En su homilía, agregaba Francisco que “el perdón es total. Pero sólo puede hacerse real si siento mi pecado, si me avergüenzo, si tengo vergüenza y pido perdón a Dios, y me siento perdonado por el Padre. De ese modo puedo perdonar. Si no, no se puede perdonar, somos incapaces de ello. Por eso, el perdón es un misterio”.

Finalmente, el Papa finalizó la homilía pidiendo “la gracia de la vergüenza delante de Dios. ¡Es una gran gracia! Avergonzarnos de nuestros propios pecados y, de esa forma, recibir el perdón y la gracia de la generosidad para dar ese perdón a los demás. Si el Señor me ha perdonado tanto, ¿quién soy yo para no perdonar?”.