La archidiócesis de Granada (España) se prepara para una fecha muy especial, la beatificación el próximo día 6 de mayo de la joven y laica Conchita Barrecheguren. Con motivo de este acontecimiento, el arzobispo José María Gil Tamayo acaba de hacer pública una carta pastoral

Nacida en Granada el 27 de Noviembre de 1905, Conchita no llegó a cumplir los veintidós años de vida. Pese a ello, fue tiempo más que suficiente, para llevar una vida tocada de lleno por la santidad. 

Hacer extraordinario lo ordinario

Al regreso de un viaje a Lisieux (en 1926), una leve ronquera sirve de anuncio de la tuberculosis que padece. Poco a poco, la enfermedad mina sus fuerzas. Es entonces cuando la fe de Conchita sabe descubrir que los planes de Dios no son los suyos.

Lo extraordinario de Conchita es su vida ordinaria y común; pero, además, su modo de aceptar y afrontar la cruz y el alejamiento de todo lo que pudiera distraerla del crecimiento espiritual. Murió el 13 de Mayo (festividad de la Virgen de Fátima) de 1927. La Causa de Beatificación se inició el 21 de Septiembre de 1938.  

Otro dato interesante es que, después de la muerte de Conchita, en Junio de 1945, Francisco Barrecheguren, ya viudo y solo, decide ingresar en la Congregación de los Misioneros Redentoristas. Hoy es Siervo de Dios de la Iglesia Católica.

Desde el 29 de noviembre del año 2007, las reliquias de Conchita se encuentran, junto a las de su padre, en el Santuario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Granada. En 2014, por intercesión de Conchita, una niña de 16 meses es curada de un síndrome con daño multiorgánico causado por el estreptococo del grupo A.

"Con esta beatificación, la Santa Iglesia propone a Conchita como modelo de vida cristiana. Una ejemplaridad, que tiene principalmente estos tres rasgos: su vida familiar, que genera un espacio de crecimiento humano y cristiano donde brotan los frutos del Evangelio. Su juventud, vivida desde la fe en Jesucristo y que le lleva a descubrir su vocación como identificación con la voluntad de Dios. Su enfermedad, que le ayuda a interpretar la fragilidad de la vida humana y a ofrecerla a Dios", comienza diciendo Tamayo.

El arzobispo de Granada destaca la sencillez de Conchita. "El Papa Francisco alude a esta 'santidad de la puerta de al lado' (GE,7). Resulta fácil constatar esa santidad en Conchita Barrecheguren. He ahí su originalidad y su propuesta de santidad para nuestro tiempo: vivir el día a día de la fe, en el estado laical y en medio de sus propias tareas y en las comunes de sus contemporáneos", expresa.

Las reliquias de Conchita se encuentran, junto a las de su padre, en el Santuario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Granada (España).

"Conchita es una mujer de fe, que sabe recorrer el camino de su vida con presteza y al paso de Dios, sin adormecerse y sin dejar la vida pasar, sino viviéndola con intensidad. Sus pocos años y su juventud tienen mucha calidad que se deriva, especialmente, de haber descubierto la iniciativa y voluntad de Dios. Identificarse con esa iniciativa divina sólo es posible por amor a Jesucristo, pues únicamente el amor puede unir voluntades", añade.

Un modelo, especialmente para los jóvenes. "La persona de Conchita Barrecheguren, con sus 21 años, es una referencia de vida cristiana y santa adecuada especialmente para los jóvenes de hoy. De ella y de su juventud, se puede destacar su capacidad para vivir con los pies en la tierra, sin eludir la realidad de su momento histórico y abierta al deseo del Cielo", dice la carta pastoral.

"Es mujer de su tiempo, sin añoranzas desfasadas de un ayer que no vivió; sin conformismo resignado con un presente que busca imponerse; y distanciándose, hábilmente y con libertad asombrosa, de supuestos avances que le parecen distracciones de aquello que había descubierto como esencial para su vida. En sus pocos años fue capaz de madurar con el auxilio del Espíritu Santo como persona y cristiana", comenta.

Y Conchita es, sobre todo, una joven de fe. "Sabe vivir cotidianamente centrada en la Cruz y en la Eucaristía. Hoy, cuando surgen dificultades para vivir la fe, Conchita hace una oferta de fe decidida, confiada y segura. Toda su vida diaria y pública es testimonio coherente con su vida cristiana. Si algo tiene su fe de 'veinteañera' es firmeza, estabilidad y permanencia", expresa el arzobispo.

Para esta joven, si hay algo determinante es la familia. "Hay en ella una doble ejemplaridad actualmente necesaria: su pertenencia a una familia cristiana, lugar de búsqueda y colaboración con la voluntad de Dios, y su fe juvenil, recibida, cultivada y compartida en familia. Esta familia creyente, también es el ámbito adecuado para la aparición y cuidado de la vocación religiosa y sacerdotal", afirma.

 

Puedes ver aquí un vídeo sobre Francisco y Conchita Barrecheguren.

"Ella se realiza así: es de Jesús y así firma desde pequeña: de Jesús. Conchita descubre que el Señor la quiere en la vida ordinaria de su casa, su familia, su juventud y, finalmente, en una enfermedad, que interpreta como llamada y vocación a identificarse con Jesucristo crucificado: 'Dios me quiere enferma. A cada uno le señala su camino en este mundo, y el mío es éste. Estoy en la edad en que Dios da las vocaciones, y la mía es sufrir'", concluye la carta.