La batalla laicista en Estados Unidos por dominar ideológicamente la prestación de los servicios sanitarios se enfrenta a gigantes económicos católicos cada vez más importantes, buena parte de ellos, además, sin ánimo de lucro. 

El 7 de diciembre, y tras un año de negociaciones, Dignity Health y Catholic Health Inititatives acordaron su fusiónDignity Health, con sede en San Francisco, institución fundada en 1986, era el quinto proveedor de salud en Estados Unidos y primero en California, con 39 hospitales (24 de ellos católicos) en 21 estados. Sus orígenes están en las Hermanas de la Misericordia fundadas en 1831 por la Venerable Catherine McAuley, religiosa irlandesa cuyas religiosas cruzaron el Atlántico veinte años después. Catholic Health Initiatives nació en 1995 de la unión de cuatro sistemas nacionales de salud católicos, y actualmente presta servicio en 100 hospitales en 17 estados. Ambos unidos sumarán 139 hospitales en 28 estados, con 25.000 médicos y 159.000 empleados.

Poco después se supo que otros dos grandes proveedores católicos de salud, Ascension, con presencia en 22 estados, y Providence St Joseph Health, otro gigante hospitalario, están estudiando también su fusión, lo cual pondría bajo un solo operador 191 hospitales en 27 estados, creando el mayor proveedor privado de salud de Estados Unidos.

El beneficio consolidado de los dos primeros suma 28.400 millones de dólares, por 44.800 millones de los segundos. En total, 73.200 millones de dólares, desbancando los 64.600 millones de dólares del líder actual, Kaiser Permanente.

Actualmente, según las estadísticas que aportan los grupos laicistas que combaten contra la presencia católica en la atención sanitaria, los hospitales en Estados Unidos se reparten, en funcion de su propiedad, de la siguiente forma:

Seculares sin ánimo de lucro: 45,6%
Con ánimo de lucro: 26,3%
Públicos: 14,7%
Católicos sin ánimo de lucro: 9,4%
Otras confesiones sin ánimo de lucro: 4,0%

En los últimos quince años, el número de hospitales católicos creció un 7,9%, con caídas importantes en el resto de categorías, salvo los hospitales con ánimo de lucro, que crecieron un 50%, y donde también están presentes empresas con importante presencia de inversores católicos.

Los informes laicistas que observan "preocupados" esta creciente importancia de la atención sanitaria católica, señalan que los hospitales católicos se rigen por las Directrices Éticas y Religiosas para los Servicios Católicos de Salud que establece la conferencia episcopal estadounidense. Por tanto, en la formalización de los seguros privados, donde es fundamental el recurso local a camas de hospital de las instituciones católicas, el peso social de esas directrices se multiplica.

Este mapa muestra el porcentaje de camas de hospital dependientes de instituciones católicas en cada estado:


Fuente del gráfico: Growth of catholic hospitals and health systems: 2016 update of the miscarriage of Medicine report (informe contrario a la presencia católica en el ámbito sanitario).

Se comprende entonces la desesperación de los sectores laicistas tras la derogación por Donald Trump del mandato abortista de Barack Obama, que habría permitido a medio plazo el cierre a base de multas de todos los hospitales católicos, o bien su desnaturalización al aceptar pagar en los seguros de sus empleados por métodos abortivos, anticonceptivos o de reproducción asistida que la Iglesia rechaza.

Con este crecimiento de las instituciones sanitarias católicas (que atienden a pacientes de cualquier creencia religiosa) y su papel cada vez más importante en el sector asegurador, la influencia moral de la Iglesia en la sociedad norteamericana se multiplica.

Como modificar los parámetros empresariales y financieros de la prestación sanitaria privada no es fácil, la Administración Obama ideó el mandato abortista y puso a su frente a una católica, Kathleen Sebelius, secretaria de Sanidad entre 2009 y 2014. Junto a esa estrategia de coacción estatal pura, se mantiene un intenso acoso mediático laicista a la conferencia episcopal estadounidense para que suavice, o convierta en social y políticamente irrelevante, su posición favorable a la cultura de la vida.

En ese sentido, la reciente elección del arzobispo Joseph Naumann, arzobispo de Kansas City, como presidente de la Comisión de Actividades Provida es toda una garantía, pues pertenece al sector episcopal menos dispuesto a transigir: "Si la Iglesia guarda silencio sobre la destrucción de la vida, está siendo negligente", advirtió. Las presiones para la elección de un obispo más complaciente habían llegado desde numerosos ámbitos mediáticos, políticos, diplomáticos e incluso eclesiásticos.

La vigilancia para que ningún hospital católico se aleje de las directrices episcopales se convierte, así, en un factor decisivo para la lucha cultural en Estados Unidos.