La estatua de San Junípero Serra “fue blasfemamente derribada. Un acto de sacrilegio ocurrió aquí, ese es un acto del maligno. El mal se hizo presente aquí”, declara el arzobispo Salvatore Cordileone, que pastorea San Francisco, una diócesis con 1,7 millones de habitantes de los que un 25% se declaran católicos.

Siendo un acto "del maligno", el arzobispo ha querido responder no sólo con un encuentro de oración, sino específicamente con una oración del exorcismo de San Miguel en el mismo lugar del acto blasfemo, el Golden Gate Park, donde unos violentos manifestantes derribaron días atrás la estatua del santo apóstol de California, iniciador de las misiones que se convertirían luego en grandes ciudades, en la región más rica y poblada de EEUU.

Un grupo de fieles acompañaron al arzobispo bajo la lluvia en su oración en el parque este 27 de junio. El encuentro, especificó el arzobispo, fue “para rezarle a Dios, para pedirle a los santos su intercesión y sobre todo a nuestra Santa Madre, en un acto de reparación, pidiendo a Dios su misericordia sobre nosotros, sobre toda la ciudad, que volvamos nuestros corazones hacia Él”.

Habla el arzobispo Cordileone en la oración del Rosario y de San Miguel Arcángel

“Vinimos para rezar el Rosario”, dijo, pues “Nuestra Señora siempre nos está pidiendo rezar el Rosario pidiendo su intercesión”.

“El Rosario tiene el poder incluso para cambiar la historia”, destacó. Además, dijo, realizó “la oración de exorcismo, la oración de San Miguel, porque el mal está presente aquí, esta es la actividad del maligno, que quiere abatir a la Iglesia, que quiere abatir a los creyentes cristianos”.

“Así que ofrecimos esa oración y bendecimos esta tierra con agua bendita, para que Dios pueda purificarla, santificarla”

El Prelado estadounidense aseguró también que “la presencia de tantos maravillosos fieles fue un momento de real consuelo para mí”, pues “he sentido una gran angustia y una especie de profunda herida en mi alma, cuando vi estos horrendos actos de blasfemia”.

Cordileone pide conocer y amar a Junípero, "héroe grande"

Cordileone destacó que San Junípero Serra fue “un héroe tan grande, un defensor tan grande de las personas indígenas en esta tierra”, y además “fue una parte de mi propia vida mientras crecía, porque crecí muy cerca de la primera misión que fundó, en San Diego”. Por esto, señaló, el derribo de la estatua en San Francisco “infringió una herida profunda en mi alma y he estado muy angustiado”.

El Arzobispo insistió en animar a los fieles al rezo del Rosario. “Hace dos años, a pedido de algunos de los fieles aquí en San Francisco, consagré la Arquidiócesis al Inmaculado Corazón de María, y he pedido vivir la consagración, con la oración diaria del Rosario, con la adoración semanal del Santísimo Sacramento, con ayuno, penitencia”, recordó.

El Prelado alentó además a los fieles a “informarnos, hay mucho que la gente no sabe, hay mucha ignorancia sobre la historia real, así que le pediría a nuestro pueblo aprender sobre la historia del P. Serra, sobre las misiones y sobre toda la historia de la Iglesia, para que así puedan apreciar el gran legado que la Iglesia nos está dando, dándole al mundo tanta verdad, belleza y bondad”.

“Es un legado maravilloso del que deberíamos estar orgullosos”, aseguró, a pesar de que “hay quienes quieren que nos sintamos avergonzados de eso”.

Así se derribó la imagen de San Junípero en el Golden Gate Park de San Francisco

Conocer mejor a San Junípero y el origen católico de California

Junípero Serra fue canonizado en 2015 por el Papa Francisco, y se cumplen 250 años desde que ayudara a fundar las ciudades de lo que hoy es California.

Antes de Junípero y sus misiones, en el territorio vivían indios seminómadas con tecnología de la Edad de Piedra, en tribus de cazadores y recolectores que guerreaban entre sí.

Junípero puso en marcha las misiones y las supervisó 15 años antes de morir, intentando adaptar y mejorar lo que había visto en México. El libro de James A. Sandos "Converting California" recuerda que "el propósito de una misión era organizar una comunidad religiosa aislada que pudiera nutrirse a sí misma física y espiritualmente. El excedente de producción se usaba para alimentar a otras misiones, presidios y pueblos. El ánimo de lucro no se consideraba", afirma Sandos.


Estatua de fray Junípero Serra en el Capitolio de EEUU

El trabajo y la tecnología (desde la irrigación con norias al uso de mulas o burros, desde las herramientas de metal a la cerámica y platería) no buscaban enriquecer a un empresario ni a la Corona -las misiones no pagaban impuestos- sino a la comunidad.

Los indios al bautizarse y entrar en la misión perdían libertad -pasaban de vivir como recolectores a aprender un oficio y tener horarios estrictos y empleos- pero no eran esclavos. Contaban con 5 o 6 semanas de vacaciones repartidas por el año -en las que podían viajar fuera de la misión- y no trabajaban en domingos ni fiestas de guardar (que eran muchas).

Todo el sistema de misiones tenía cierto paralelismo con el sistema de aprendices de oficios. Los indios eran vistos por los franciscanos como unos jóvenes e indisciplinados aprendices a los que había que formar en hábitos, religiosidad, disciplina y un oficio, como a cualquier muchacho aprendiz de México o España.

Las misiones imitaban el sistema de aprendices

Como a los aprendices indisciplinados -o a los soldados indisciplinados- se les podía dar unos azotes con una cuerda, pero en la detallada documentación de la época no consta que ningún indio muriera por azotes en las misiones (y los militares y civiles, rivales de los franciscanos, de haber conocido casos, los habrían denunciado y difundido). Nada que ver con los esclavos en EEUU o las colonias británicas, que podían ser azotados hasta morir sin que nada lo impidiese.

Las misiones hispánicas en California, origen, hace 250 años, del Estado más rico de EEUU

Las misiones, cuando nacieron, en la mente de Junípero Serra y de las autoridades civiles al principio, eran como una escuela que debía durar diez años, imitando esta idea. En 10 años pensaban aclimatar a los indios a la cultura hispánica (catolicismo, monogamia, sedentarización, oficios) y después se pensaba que una misión funcionaría ya como cualquier pueblo mexicano: la misión dejaría –en teoría- de estar aislada de los blancos, dependería del obispo con su párroco diocesano y de las autoridades civiles, pagaría impuestos y sería como cualquier otro pueblo de México.

Pero aunque ese era el plan original, en 70 años de historia de las misiones, ninguna lo consiguió: para enfado de las autoridades civiles, que querían el control de los talleres y tierras misionales, los indios –insistían los franciscanos- nunca estaban listos, nunca maduraban, nunca alcanzaban a ser “gentes de razón”.

Serra no puede ser culpado por el fracaso de 70 años de sistema: fundó la primera misión en 1769, y murió 15 años después, en 1784. Sólo los últimos 5 años tuvo la autoridad de ser prefecto de misiones.

Serra fue protector de los indios

Que Serra fue un protector de los indios -que los protegía de los soldados- es indudable. Cuando los indios kumeyaay de la misión de San Diego en 1775 mataron a su amigo y paisano, el fraile mallorquín Luis Jayme, Serra pidió que los militares no hicieran campaña armada contra los culpables, reclamando perdonar a los jefes rebeldes.

También logró que las autoridades mandaran al gobernador Pedro Fages bien lejos, a pelear contra los apaches a Sonora, porque en California presionaba para que los soldados pudieran rondar -es decir acosar- a las chicas indias de las misiones. Serra estaba dispuesto a mover toda una misión 14 kilómetros para proteger a los indios cristianizados de los soldados y sus abusos.

Las misiones funcionaron mal por varias cuestiones: las enfermedades, la intolerancia de los indios a la lactosa, la sífilis no sexual (por cortes de tatuajes tradicionales de los indios), el agrupar a los indios en grandes dormitorios (peor para las enfermedades)... pero no por falta de amor de Junípero a los indios.

Así derribaron el 22 de junio otra estatua de San Junípero en Los Ángeles, activistas indios chumash... la realidad es que los chumash que sobreviven son, precisamente, los que aprendieron oficios y se urbanizaron en las misiones; la costumbre chumash de abortar a cada primer embarazo tampoco ayudaba al crecimiento de este pueblo

Los anglosajones exterminaron a los indios en 12 años

Pero quien de verdad exterminó a los indios californios fueron los anglosajones 30 años después de irse España de la región. Y lo hicieron en apenas 12 años. Sandos recuerda que cuando se descubrió oro en California en 1848, vivían en la región unos 150.000 indios nativos. Doce años después, exterminados con armas de fuego - a 5 dólares la cabellera- quedaban 30.000. Precisamente esos que sobrevivieron eran los que habían aprendido oficios en las misiones y vivían sedentarios en pueblos y ciudades, con sus talleres, párrocos e iglesias.

El libro “Murder State: California’s Native American Genocide 1846-1873,” de Brendan C. Lindsay, recuerda que el gobierno californiano destinó un millón de dólares a pagar recompensas por matar indios. Jamás nada parecido se hizo en la California hispana.

Las críticas al sistema de misiones hispánico olvidan que otras dos potencias de hombres blancos -Rusia y Estados Unidos- se acercaban a la zona. Los anglosajones, como hemos visto, exterminaron a los indios californianos en apenas 12 años. Los rusos prácticamente esclavizaron a los indios de las islas Aleutianas y no habrían tratado mejor a los indios.

Un hombre culto que lo dejó todo por evangelizar

Robert Senkewicz y su esposa Rose Marie Beebe, profesores en Santa Clara University, autores de "Junípero Serra: California, Indians and the Transformation of a Missionary", de 500 páginas, señalan que Serra era un hombre culto, titulado en filosofía, seguidor del franciscano medieval Duns Scoto, que defendía la evangelización con el arte, los afectos y el sentimiento, y que intentaba traer obras de arte de México a las misiones.

Recuerdan que fue un hombre que podía haberse quedado tranquilamente viviendo en Europa como profesor y predicador franciscano, pero a los 36 años decidió embarcar para evangelizar en el Nuevo Mundo, de 1749 a 1767 trabajó en México con nativos ya evangelizados y a partir de 1769, Junípero, con 56 años y una pierna muy dañada, se lanzó a recorrer California y a fundar misiones en condiciones duras y con un estilo de vida más que austero.