Religión en Libertad

La Mujer que escucha

Escuchar y meditar las palabras de su Hijo, es el secreto que nos propone María.

Una procesión de Nuestra Señora de Fátima en su santuario de Portugal.

Una procesión de Nuestra Señora de Fátima en su santuario de Portugal.Francisco Xavier Franco Espinoza / Cathopic

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En la regla de San Benito las primeras palabras que se leen son: "Escucha hijo"

Escuchar es el principio del conocer sapiencial. Esto contrasta con el conocer visual o con el medir del conocimiento racional científico, al que estamos sometidos los humanos del siglo XXI. 

Los impactos visuales son eso, meros impactos. Impactos que pasan tan rápido como llegaron. Sin embargo, en la sociedad actual es lo importante. Los impactos son la medida de los negocios, de las redes sociales y de la IA. En esta sociedad ser influencer es la meta de muchos jóvenes y tener muchos seguidores el camino para llegar a esa meta, que conlleva ser reconocidos por multitudes y también buenos rendimientos económicos, aunque eso no hace crecer a las personas por sí sólo.

El silencio es eliminado de nuestras vidas porque tenemos que estar "conectados". ¿Conectados? Ciertamente el ser humano es un ser-con. Necesitamos al “otro” para crecer y para ser, pero no necesitamos estar conectados, sino compartir con nuestros semejantes aquello que les puede enriquecer. Conocer es un proceso exclusivamente personal y profundamente enriquecedor; de hecho, "en la infinitud de la inteligencia reside el transcender humano", según el filósofo Leonardo Polo. (Epistemología, creación y divinidad. p.65). 

In-formar es distinto de formar. Dar forma requiere algo más que recibir información, requiere escuchar, aceptar y donar

Los pueblos semitas aprendían recitando los salmos y las oraciones, aprendían por el oído, así transmitían sus tradiciones. Lo escuchado reposa en lo profundo de nuestra intimidad personal y nos enseña a utilizar una herramienta que todos tenemos y que pocos utilizan: el hábito de la sabiduría, que es un hábito innato.

La sabiduría nos protege del ruido de la información y nos lleva al crecimiento del conocer verdadero: "Escucha, Israel" o "Shemá Israel" (Deuteronomio 6:4-9. A) Abraham era un hombre que escuchaba a Yahvé, aunque no sabía su nombre, y que por su fe tuvo una descendencia mayor que toda la arena del mar. 

Moisés escuchó el nombre de "Yahvé" y se lo proclamó a todo el pueblo de Israel y él vio la tierra prometida, pero no la pisó

La Virgen María es la Mujer que escucha. Son muy pocas las palabras que recogen los evangelios de ella, sin embargo, rezuman sabiduría. Escucha a José que le propone aceptarle como marido y escucha al ángel, que le propone ser la Madre del Mesías. A José vuelve a escucharle cuando le propone salir de noche para salvar al Niño y otra vez vuelve a escucharle cuando tienen que regresar a Jerusalén a recoger al Niño perdido, donde tienen que escuchar los reproches de Jesús, que les dice que no entienden nada. Toda la vida de María es escucha. 

Durante la predicación de Jesús ella siempre siguió discretamente a su Hijo, junto a las mujeres, y finalmente está al pie de la Cruz. No dice nada, pero está, escucha y asiente

También escucha a la humanidad cuando esta se encuentra perdida y al no encontrar pastores que la lleven a los buenos pastos, por su amor de Madre, vuelve a la tierra a despertar a sus hijos: "Escucha hijo". 

María nunca elaboró discursos, no fue a la escuela de su tiempo, porque las pocas escuelas de Israel eran sólo para varones. ¿De dónde sacó y sigue sacando tanta sabiduría? 

"María, por su parte, guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón" (Lucas 2:19). Con la sabiduría se encuentra a Dios, que eso es hacer oración. Con el ruido de los impactos visuales no se llega a entrar en la intimidad personal, no nos conocemos y no podemos conocer lo más interesante: la intimidad divina.

Escuchar y meditar las palabras de su Hijo, es el secreto que nos propone María; y utilizar el hábito de la sabiduría para conocer a Dios y crecer en virtudes, el secreto que nos propone el pensador Leonardo Polo. 

El camino está claro y los medios también, sólo falta que nos pongamos a ello.  

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