Religión en Libertad

Berlín: más allá del oficialista y minoritario Camino Sinodal... hay un auténtico despertar católico

Bautismo de adultos o jóvenes que descubren la fe en parroquias (Köpenick o St. Clemens), iniciativas al margen de vías tradicionales...

Procesión eucarística impulsada por una parroquia berlinesa.

Procesión eucarística impulsada por una parroquia berlinesa.Parroquia de St Joseph en Treptow-Köpenick.

José M. García Pelegrín

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En los últimos años, las noticias sobre la Iglesia católica en Alemania que han alcanzado cierta repercusión internacional han girado en gran medida en torno al llamado Camino Sinodal.

Tanto en su desarrollo como en su pretendida transformación en una conferencia sinodal permanente, este proceso se ha caracterizado por plantear cuestiones canónicas e incluso doctrinales que chocan abiertamente con el Derecho Canónico o con la doctrina tradicional de la Iglesia.

Sin embargo, como muestran diversas encuestas, el Camino Sinodal apenas suscita interés más allá de un sector reducido de católicos, en particular entre quienes trabajan en instituciones eclesiásticas. Al mismo tiempo, las cifras de abandono de la Iglesia siguen siendo muy elevadas. Pero junto a esta realidad están surgiendo brotes de espiritualidad en la base, que en no pocos casos desembocan en conversiones

En Berlín, por ejemplo, durante la pasada Vigilia Pascual fueron bautizados unos doscientos adultos, buena parte de ellos en una parroquia del sureste de la ciudad, en Köpenick.

Hemos conversado con su párroco, Mathias Laminski, así como con varios laicos que impulsan iniciativas de evangelización en la capital alemana por cuenta propia: algunas vinculadas a una iglesia concreta, otras al margen de las estructuras parroquiales tradicionales.

La parroquia de Berlín-Köpenick

En la parroquia de Mathias Laminski se bautizaron durante la Vigilia Pascual veinte adultos, a los que se suman otros nueve a lo largo del año

Köpenick formaba parte del antiguo Berlín oriental, pero el párroco no cree que tenga demasiado sentido preguntarse si se trata de una parroquia “típica” de la antigua RDA, donde muchas personas no fueron bautizadas de niños. A su juicio, las diferencias entre el antiguo Berlín occidental y el oriental se van difuminando cada vez más. Lo que sí subraya es otro dato: en el distrito de Treptow-Köpenick viven unas 300.000 personas, de las cuales solo alrededor de 10.000 son católicas (3,33%).

En el centro (segundo por la izquierda en la foto), el sacerdote Mathias Laminski.

En el centro (segundo por la izquierda en la foto), el sacerdote Mathias Laminski.Parroquia de San José de Treptow-Köpenick.

Laminski creció en la RDA, pero trabajó durante ocho años en Brasil, en la Fazenda da Esperança. Esa experiencia, dice, le abrió los ojos. “Cuando uno vuelve de allí, ve de otra manera a la Iglesia de su tierra”. Muchos problemas internos se relativizan. En su caso, aquella etapa le ayudó a abandonar lo que llama la “mentalidad de los escépticos”.

El mayor interés por la fe católica en su parroquia comenzó a hacerse visible durante la pandemia de covid-19. Mientras en muchos lugares se cerraban iglesias, Laminski tomó la decisión contraria: “Ahora más que nunca es el momento de abrirla”. 

Desde entonces, la iglesia permanece abierta todos los días, no solo con un cartel en la puerta, sino con las puertas de par en par y una persona de contacto presente. Algunos días entran pocos visitantes; otros, entre 60 y 100. También durante la pandemia se siguió celebrando la misa dominical, al aire libre.

De esa apertura surgieron cursos de preparación al bautismo. Los recién bautizados forman un grupo muy diverso: jóvenes, adultos, familias y personas de 30, 40 o 50 años, aunque muchos se sitúan entre los 25 y los 45. Laminski recuerda, por ejemplo, el caso de una joven que se incorporó a los grupos juveniles; más tarde trajo a su madre, después a su padre y finalmente también a una tía.

El curso de preparación al bautismo lo dirige un diácono. Trabaja de forma estructurada y catequética, dice Laminski. Muchos participantes plantean preguntas clásicas sobre la fe y buscan respuestas claras. Laminiski incide en que no son los órganos eclesiásticos ni el “catolicismo de salón” lo que llevan a las personas a la fe, sino una comunidad viva, una Iglesia abierta y una presencia local de fe firme. También le es importante resaltar que, a pesar de representar a una minoría, la parroquia también está presente en la sociedad: en recepciones, en el ayuntamiento, en el contacto con la política.

Sin embargo, tras el bautismo es cuando realmente comienza el camino de los nuevos católicos. Aunque no existe aún una estructura fija para los recién bautizados, el diácono convoca a los grupos de vez en cuando. Hay charlas sobre la fe, veladas para jóvenes adultos, adoración eucarística y círculos de conversación.

Como en otras parroquias berlinesas, también en Köpenick se percibe una elevada movilidad: aproximadamente un tercio de la comunidad se renueva constantemente. “La gente llega, se queda unos años y se marcha”, resume Laminski. Al mismo tiempo, ve la internacionalidad de Berlín como una riqueza. A misa acuden personas de Europa, África, América y Australia, aunque esa diversidad apenas se refleja todavía en los órganos de gobierno.

“A menudo fingimos ser una Iglesia alemana que ya no existe”, afirma. Pero, precisamente en esa internacionalidad, añade, se manifiesta lo católico: personas de todo el mundo celebran la misma Misa, escuchan la misma Biblia y reciben al mismo Señor. “Es algo realmente emocionante”.

La iniciativa “fiat” en la iglesia de St. Clemens

La iglesia católica de St. Clemens fue construida en 1912 por iniciativa de Clemens August Graf von Galen, futuro obispo de Münster y cardenal, cuando trabajaba como capellán en Berlín. Tras ser clausurada y vendida, un grupo de simpatizantes logró recuperarla en 2006. Desde entonces está atendida por padres vicentinos de Kerala, en la India, como Centro de Retiros de la Divina Misericordia.

La consagración durante una misa del obispo con los sacerdotes de San Clemente.

La consagración durante una misa del obispo con los sacerdotes de San Clemente.St Clemens Kirche - Berlín

Hoy acuden a ella muchos jóvenes de distintas partes del mundo, también por su ubicación estratégica en el centro de Berlín, explican Martina, Arturs y Giuseppe, de entre 25 y 35 años. Entre los feligreses se encuentran numerosas personas de todo el mundo: “Dejan a su familia en su país de origen y aquí encuentran una nueva familia”, dice Martina.

En St. Clemens se constituyó un grupo denominado Fiat. El nombre se debe a que la primera actividad que realizaron fue el rezo del rosario; el “sí” de María a Dios les sirve como referencia espiritual.

Arturs llegó a St. Clemens hace unos dos años. Antes había acudido a varias iglesias de Berlín en busca de un grupo de adultos jóvenes; lo encontró en Holywin, una vigilia juvenil celebrada en esta iglesia. “Me atrajo que allí hubiera jóvenes que se tomaban en serio la fe. Supe de inmediato: estoy en casa”.

Lo que atrae a los jóvenes adultos es la combinación de liturgia, música, adoración y una clara doctrina. Los tres jóvenes resaltan que les ayudan los sacerdotes que predican sobre la conversión y la expiación, así como una música que puede ser más moderna y, sin embargo, reverente. Pero, por encima de todo, destacan la Adoración Perpetua: la iglesia está abierta día y noche. “Cuando entras en esta iglesia, sientes algo en tu interior”, dicen.

Un momento de la Adoración Eucarística en San Clemens, que atrae a numerosos jóvenes.

Un momento de la Adoración Eucarística en San Clemens, que atrae a numerosos jóvenes.St Clemens Kirche - Berlín

El grupo Fiat se reúne todos los jueves por la tarde. Por lo general suelen asistir entre 20 y 40 jóvenes. Primero rezan el rosario, después participan en la Misa y pasan un tiempo en adoración. Más tarde hay alguna actividad: una charla, un coloquio, una cena o la organización de otras iniciativas. De estos encuentros han surgido además numerosas amistades.

Los jóvenes adultos ven St. Clemens como un contrapunto espiritual a la ciudad. Berlín suele asociarse con inquietud, arbitrariedad y desorientación. Precisamente por eso, la iglesia actúa como una “roca en medio de la tormenta”: un lugar donde la verdad no se adapta al espíritu de los tiempos. Internet también desempeña un papel importante. Muchos volvieron a entrar en contacto con la fe primero a través de la red, por ejemplo, por medio de youtubers católicos o podcasts de apologética. Sin embargo, el paso decisivo conduce a la presencia: a la Misa, a la adoración y a los sacramentos.

St. Clemens es además una de las iglesias berlinesas más conocidas por la disponibilidad del sacramento de la confesión. Hay largos horarios de confesión todos los días. Para personas que durante años no habían tenido relación con la Iglesia, este templo se ha convertido en un punto de encuentro especialmente significativo.

Actualidad del cristianismo

Discord es conocida sobre todo como plataforma para videojuegos. Sin embargo, también alberga un gran servidor cristiano en lengua alemana. A través de él, Maximilian Koch organiza estudios bíblicos, oraciones diarias y encuentros con jóvenes. Por ejemplo, en su serie Actualidad del cristianismo aborda asuntos como la persecución de los cristianos, la libertad de expresión y la presencia del cristianismo en los medios de comunicación.

Fue en Discord donde Maximilian conoció a William Pick. Tras una conversación durante un estudio bíblico, William invitó a Maximilian a asistir a la misa tridentina en el centro de Berlín. Para Maximilian, aquel encuentro coincidió con un momento en el que estaba redescubriendo la Iglesia católica.

Maximilian se crió en el protestantismo. La oración, las visitas a la iglesia y la lectura de la Biblia con su abuela marcaron su infancia. Sin embargo, durante la juventud perdió la fe. Sólo pasados los treinta volvió a plantearse si en su vida faltaba algo. Al mismo tiempo, le incomodaba el modo despectivo en que en ciertos ambientes se hablaba del cristianismo, como si fuera algo patriarcal, reaccionario o de extrema derecha. Ese rechazo terminó acercándolo de nuevo a la fe.

Una experiencia decisiva fue un accidente de moto en Grecia, en 2023. Poco antes, un amigo judío le había aconsejado comprarse una cadena con una cruz. Al día siguiente, Maximilian salió despedido en una curva. Cuando levantó la cabeza, vio un autobús justo delante. Un segundo más tarde, dice, habría chocado contra él. “En ese momento supe: Dios está ahí”. Desde entonces volvió a leer la Biblia, organizó estudios bíblicos y encontró el camino desde Internet hasta la iglesia.

William también procede de un entorno protestante. Durante la pandemia comenzó a plantearse preguntas fundamentales sobre la vida. Varios amigos católicos de Estados Unidos lo acercaron a la Iglesia. Después de hablar con ortodoxos, protestantes y católicos, alguien le recomendó asistir a una misa en latín. Aquella primera misa, cuenta, le “encantó”. Desde entonces empezó a acudir todos los domingos. Más tarde decidió convertirse al catolicismo.

De unos pocos contactos nació una tertulia. Al principio, muchos fieles se iban directamente a casa después de misa. William y otros querían crear un espacio donde quedarse, comer juntos, hablar y conocerse. A la primera reunión acudieron seis personas. Luego los amigos trajeron a otros amigos. Al cabo de unos seis meses ya eran unos cincuenta participantes, y en el encuentro más concurrido llegaron a reunirse más de ochenta. La mayoría tiene entre 20 y 30 años.

Con el tiempo se desarrolló un programa: un breve discurso antes del almuerzo sirve de punto de partida para la conversación. A ello se suman charlas espirituales, estudios bíblicos, grupos de WhatsApp, actividades deportivas, visitas a museos y veladas de cinefórum. Además de católicos, participan también ortodoxos, evangélicos y otros cristianos.

Muchos jóvenes, dicen Maximilian y William, “sienten algo” cuando acuden a Misa, pero no saben cómo interpretarlo. Por eso la catequesis, aunque necesaria, no basta. Importa también la formación del carácter y el acceso a la cultura cristiana. Koch ve detrás de este nuevo interés por la fe una experiencia de soledad y de decepción con la política, la cultura y las instituciones. Precisamente por eso, sostiene, crece el anhelo de Dios, de tradición y de amistad con personas que comparten las mismas inquietudes.

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