Reseñamos la película de Borja Martínez-Echevarría, cuatro testimonios edificantes de personas dañadas por el aborto
«Heridos», pero sanados, y antes, tocados por la paz de Dios: película de esperanza en el duelo

Moni cuenta su historia impresionante en la película Heridos, con los detalles de su trauma escondido y luego su conversión
Heridos es un documental emocionante, con cuatro historias reales de sanación y fe tras el trauma del aborto, que se estrena este 7 de noviembre en cines españoles.
Las 4 historias que nos cuenta se complementan, con sus similitudes y diferencias:
- Carlos, hoy de 52 años, ayudó a abortar siendo joven a una novia con la que sólo compartía las relaciones sexuales; nunca volvió a verla, pero cuando años después él retomó la fe de su infancia, entendió la herida que eso dejó en su corazón; la adoración eucarística recondujo su vida;
- Moni iba de fiesta, parece que le colocaron algo en la bebida y la violaron estando inconsciente; abortó, y trató de ahogar su herida en más fiesta y alcohol, aunque acumulando fobias y traumas; ella encontró la fe y mucha alegría en un Cursillo de Cristiandad, pero la sanación requeriría más;
- Mónica se sintió metida en una cinta transportadora, todos le empujaban al aborto, nadie le habló en otro sentido; ya en camilla ante el médico, quiso irse, huir, pero no la dejaron; tras años de herida, psicólogos y pseudoterapias new age, rezando en una iglesia sintió paz; y luego, en Medjugorje, una auténtica conversión;
- Thynna abortó en Quito, Ecuador, a los 23 años, siendo la séptima de 13 hermanos, y la cuidadora de los más pequeños; abortó sin hablar con su padre, que la habría ayudado, y justo después de abortar entendió, con horror, que ella, que cuidaba bien a sus hermanos, podía también haber cuidado a su bebé; el trauma la golpeó hasta que pudo confesarse diez años después, y empezó su camino de sanación.
Cada historia es distinta, y tiene sus matices, tanto en la asombrosa facilidad y banalidad del mal, la facilidad para acabar con la vida de un hijo, y de dañar la propia alma y psique, y también matices en los pasos de sanación, ligados también a la conversión, pero con su propia dinámica psicológica.
Recreaciones dramatizadas, imágenes simbólicas
El director Borja Martínez-Echevarría combina los testigos reales, protagonistas de los hechos, con la dramatización de escenas con actores (que fluyen perfectamente, sin impostación ni afectación), y el uso de planos con fuerza simbólica que ayudan a reposar y encauzar lo que escuchamos. Estas imágenes simbólicas nos muestran estanques, nieblas, piscinas... y también desiertos y secarrales, signos de vida y muerte.

Una escena dramatizada con actriz en Heridos; hay unas cuantas, pero los testimonios son de personas reales que dan la cara con su historia
Son relevantes también las imágenes en parroquias reales donde suceden algunos de los hechos espirituales que tocan a los protagonistas, imágenes que muestran su belleza y calidez. Para muchos que van a misa a ellas, o a lugares similares, pueden ser espacios cotidianos, pero para los protagonistas son el lugar donde Dios les respondió en la oración.
Aunque los testigos emocionan y se emocionan al contar su historia, no se trata en ningún momento de un bombardeo de sentimientos. Toda la película busca un equilibrio: el hombre es mente, cuerpo y alma, es emoción y razón, es lucidez y, a veces, necedad. La banalidad del mal ("perdónalos, porque no saben lo que hacen"; o lo que decía Dios a Jonás de los ninivitas, "no sabían distinguir su mano derecha de su mano izquierda") se combina con la terrible claridad de San Pablo en Romanos 7: "Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago".
El miedo que secuestra
Mónica tiene muy claro que en su caso se sintió secuestrada, primero por el miedo, pensando que no tendría refugio familiar. Luego, por la estructura en la que entró: cuando quiso salir del abortorio, ya no la dejaron. Y vio mucho: "vi a mi hijo, rodeado de sangre, yo estaba atontada por la anestesia, me dejaron sola con todo ese dolor físico -porque era doloroso- y emocional, y supe que ya nunca podría recuperar a mi hijo".
En cambio, Moni, no vio casi nada: no vio cuando la violaron, apenas vio nada de su aborto, le dieron un papel, enseguida volvió a trabajar, volvió a salir de fiesta y más fiesta, y empezó a desarrollar extrañas fobias, ansiedad, miedo a estar sola...
Thynna, en Ecuador, se sentía horrible. "Yo miraba a un espejo y veía un monstruo. Nunca intenté suicidarme, pero sentía que ya no quería seguir viviendo..."
La película cuenta además con la aportación de algunos expertos. El psicólogo y veterano activista provida Jesús Poveda relaciona los síntomas (muy diversos, distintos en cada caso y en su activación) con los del estrés postraumático, no muy distintos a los de un superviviente de guerras o desastres extremos.
Poveda también da algún contexto histórico rápido. Habló en persona en los años 80 con Ernest Lluch, el socialista y Ministro de Sanidad impulsor de la despenalización del aborto. Lluch le dijo que el aborto no tenía más problema que una operación de apendicitis y que era necesario para que España entrara en la Unión Europea. Ambas cosas eran falsas. El documental no lo cuenta, pero con esa ley se abortó "legalmente" en España a más de un millón de bebés entre 1985 y 2010, personas que hoy tendrían entre 40 y 15 años. Luego llegó la ley de Rodríguez Zapatero. Ernest Lluch moriría asesinado por la banda terrorista ETA en el año 2000 (el documental tampoco entra en ese dato, para no alejarse de sus 4 protagonistas).
Poveda recuerda que el aborto se aprobó a base de "mentiras absurdas", como que se producían 300.000 abortos clandestinos anuales, "algo imposible en un país con 400.000 nacimientos al año".
Otros dos expertos consultados en el documental son María Prieto, psicóloga de la Universidad de Comillas, y María José Mansilla, de la asociación católica Spei Mater, que desde 2010 acompaña a mujeres dañadas por el aborto.
La psicóloga enumera algunos pasos necesarios para sanar esa herida. El primero, es reconocer el mal causado, porque sin eso sólo se puede obtener un falso perdón que no sana. El segundo paso es pedir perdón e intentar reparar. Por desgracia, la víctima principal, el bebé, ha muerto. ¡Ni siquiera hay tumba donde dejar flores o hablarle! Pero se pueden hacer rituales de despedida, ponerle nombre, escribirle una carta de perdón, e intentar reparar el daño ayudando a otras personas. En una tercera fase, hay que reconstruir la vida, "recomenzar nuestros valores, aprender de la herida para crecer y volver a la comunidad de la gente de bien, aceptarnos con nuestra herida del pasado y trabajar para que algo así no se repita nunca más".
Aunque técnicamente no se necesita ser cristiano o creyente para dar estos pasos de sanación, la realidad es que los que se entregan a Dios con su herida encuentran sanación, verdad y crecimiento con más frecuencia y facilidad.
A Thynna, por ejemplo, le ayudó mucho confesarse, hablar con un sacerdote acogedor como si fuera su padre, porque con su padre no pudo hablar.
Dios empieza a hablar aportando paz
Carlos, en su desesperación al desmoronarse su vida familiar, ya maduro, recordó que de niño, en su colegio jesuita, él tenía fe, iba a misa por gusto y en la capilla se sentía bien. Dejó todo eso al crecer, con las fiestas y los ligues. Pero acudió a una parroquia donde exponían el Santísimo por la noche, y sintió paz, y repitió, y repitió. Sin embargo, dos veces que intentó confesar su participación en el aborto no recibió perdón ni sanación: un confesor quiso quitarle gravedad al asunto ("quizá ni era tuyo el bebé"), otro no supo acogerlo y escucharlo.
Por eso habla un sacerdote asesor de Spei Mater pidiendo extremar la delicadeza, acogida y escucha al penitente en estos casos: "es tierra sagrada", avisa. También advierte de que Dios perdona el pecado confesado, pero psicológicamente la persona herida puede necesitar mucho más para sanar, procesos de acompañamiento, escucha y duelo como los que ofrecen en Spei Mater y Proyecto Raquel.
Además de historias de sanación, en Heridos vemos también historias de conversión. No es un documental sombrío, sino luminoso, y con muchas sonrisas.
La historia de Moni es especialmente reveladora. Aún metida en fiestas, ya estaba con un novio único. El padre del novio les animó en 2019 a ir a un Cursillo de Cristiandad. La conversión fue fulminante, con una experiencia de amor y lágrimas sorprendente.
Quiso confesarse y el sacerdote les explicó que como convivían sin casarse no podía confesarles hasta que cambiaran de vida, viviendo un noviazgo casto. A Moni eso no le molestó, al contrario, le gustó y lo apreció. "Esto no es un timo ni una secta, esto es real, si fuera una secta me dirían sí a todo", se dijo. La historia, lo adelantamos, tiene final feliz y escenas de boda.
Cine y televisión
«Heridos», lo que pasa tras el aborto: hablamos con el director de la película
Pablo J. Ginés
La película recrea con detalle la experiencia de sanación en Medjugorje de la otra Mónica, dónde fue con su padre a un incómodo Vía Crucis en el que participaba a disgusto. Sintió que Dios le hablaba de forma bastante impactante y tomó conciencia de la necesidad de pedir perdón. Medjugorje también ayudó a Carlos.
En los cuatro testimonios explican que con Dios, antes de la sanación, llegó la paz. La paz fue el primer fruto e indicio de que era posible sanar. Y la sanación iba llegando después. María José Mansilla, de Spei Mater, insiste: incluso con fe y amor de Dios, la persona que ha abortado es a la vez víctima y culpable, la persona dañada, el bebé ya no está, y la sanación requiere todo un proceso. Mónica, que fue a muchos psicólogos mundanos y a terapias New Age, dice que nada de eso le ayudó: la fe y Proyecto Raquel sí lo hicieron.
Hacia el final de la película, Carlos reflexiona sobre algunos aspectos específicos de la herida del aborto en el varón, con imágenes de un San José con el Niño, modelo de padre nutricio y protector, sobre el que los cristianos intentan construir una civilización de amor y familia que proteja a hombres, mujeres y niños.
El documental es emocionante, luminoso y edificante. Es ágil y nos acerca a sus protagonistas. Ayudará a muchas personas a aportar esperanza y vida nueva para los heridos, y visibilizar esas heridas que la banalidad del mal quiere ocultar en nuestra sociedad.
- La lista de cines para ver este documental incluye pases en Madrid, Barcelona, Sevilla, Cádiz, Toledo, Valencia, Valladolid, Córdoba, Vigo, Málaga, Cantabria y, una semana después, en Elche, Guadalajara y Granada. La película dura 77 minutos.
- Los grupos de 50 personas o más pueden contactar con la distribuidora para pedir pases especiales. Además, cualquier persona con ganas de apoyar la película, su distribución y concienciar sobre las heridas que causa el aborto puede hacerlo contactando en este formulario.