5 claves de León XIV para poner al pobre en el centro: más Cristo y más Palabra, ser refugio y mirar a los santos

El Papa pone a Cristo en el medio del mensaje sobre la Jornada Mundial de los Pobres.
El Papa León XIV ha publicado este domingo el mensaje para la X Jornada Mundial de los Pobres que se celebrará el próximo 15 de noviembre y en el que Santo Padre arroja luz sobre el papel de los pobres en la vida de la Iglesia y en la historia de la salvación, para lo que ofrece cinco aspectos a tener en cuenta.
1. Volver a la Palabra de Dios.
El papa León incide en su mensaje en como “una vez más es necesario volver a la Palabra de Dios para verificar la importancia que los pobres tienen en la vida de la Iglesia”. Y recuerda “un momento histórico dramático” como fue la destrucción del templo de Jerusalén, donde el “pueblo se sintió privado de la presencia de Dios y experimentó una miseria material y moral sin precedentes”.
De este modo, esta Palabra se le presenta a cada generación en toda su actualidad y cómo se pone de manifiesto el contraste “entre quienes se comportan con sabiduría y quienes, en cambio, arrastran su vida como si no hubiera nada por encima de ellos”. Y el Papa incide aquí en como “la pérdida del sentido de la trascendencia en la vida cotidiana ya no es tanto una negación teórica de la existencia de Dios; más bien se manifiesta en la falta de consideración de su bondad y misericordia para la construcción de la justicia personal y social”.
León recalca que “la ausencia de Dios coloca a las personas ya no unas junto a otras en el respeto recíproco, sino unas por encima de otras bajo el signo del dominio y del sometimiento. Así se exhibe una lógica desacralizadora de prevaricación y de descarte que margina y humilla”.
2. El pobre, semejante a Cristo.
“Al pobre no le queda más que gritar hacia Dios (cf. Sal 34,7) y hacer llegar a Él su lamento, con la certeza de ser escuchado porque Dios es fiel y rico en misericordia. Quienes están oprimidos, humillados e indefensos crecen también hoy en la certeza de tener que abandonarse a Dios, cargados de confianza y de espera. En este abandono total, vuelve a florecer el sentido de la propia dignidad, se reconocen hermanas y hermanos con quienes organizar sus sueños, y la esperanza se convierte silenciosamente en realidad. Refugiarse en Dios equivale a encontrar la protección verdadera y segura, aquella que los poderosos no pueden garantizar y prefieren negar”, señala el Papa.
De hecho, destaca que el pobre sabe reconocer más que otros lo esencial porque vive de lo esencial. “Más semejante a Cristo que todos, reconoce a Dios como su propio refugio incluso cuando las circunstancias parecen desmentirlo, y está colmado de esperanza por su justicia, que no tarda en manifestarse”, añade.
3. Cristo, el refugio del pobre.
León añade que ser refugio no es una promesa, “sino que se convierte en realidad en la persona de Jesucristo”.Es más, recuerda que Jesús “desciende hasta el punto más bajo, donde se encuentran los últimos. Sale al encuentro de todos y a cada uno ofrece refugio seguro”, porque “en Jesús, Dios no sólo protege, sino que comparte la pobreza humana hasta la cruz”.
“Los pobres de nuestros días son los olvidados y los marginados: despojados de una palabra y de un rostro, además del pan. Que ellos puedan encontrar al Hijo de Dios, que se hace prójimo de todos sin descuidar a nadie. Que lo encuentren, ante todo, en quienes se dicen cristianos. En la Iglesia, su Cuerpo, es Jesús quien ofrece pan y amistad; trae luz y un horizonte de esperanza; pronuncia el nombre de cada uno y devuelve a todos la dignidad. Jesús de Nazaret es el don de Dios para los pobres. En Él todas las promesas se hacen realidad”, explica el Santo Padre.
4. Llamados a ser pobre con el pobre y también refugio.
Dice el Papa que la comunidad cristiana no puede permanecer insensible, pues “la Iglesia, por su misma naturaleza, está llamada a ser pobre y refugio para los pobres”. Es por ello en que incide en que “la Iglesia, si quiere ser de Cristo, debe ser la Iglesia de las Bienaventuranzas, una Iglesia que hace espacio a los pequeños y camina pobre con los pobres, un lugar en el que los pobres tienen un sitio privilegiado”.
Por tanto, León recalca que “los cristianos están llamados no sólo a buscar refugio en Dios, sino también a hacerse, en Él, refugio para los demás, sin distinguir entre el que asiste y el que es asistido, entre el que parece dar y el que parece recibir, entre el que se presenta pobre y el que siente la necesidad de ofrecer tiempo, capacidades y ayuda”.
5. El testimonio de los Santos.
León XIV recuerda el ejemplo de San Francisco de Asís, que cuando llegó a Roma como peregrino a la tumba de San Pedro fue conmovido por la compasión hacia los mendigos. “Para comprender y experimentar su sufrimiento, se quitó sus propias vestiduras y las cambió por los vestidos andrajosos de uno de ellos, sentándose a pedir limosna y pasando todo el día entre los pobres con alegría de espíritu”, señala el Papa. Y asegura que hoy se puede “experimentar la misma alegría al ponerse en el lugar de los pobres y escucharlos, en vez de sólo hablar de ellos. Quien tiene a Dios por refugio es libre de tomar decisiones proféticas, que testimonian cómo todo puede ser repensado desde abajo, en la humildad y en la fraternidad que, sólo ellas, reparan un mundo herido por la prepotencia”.