Olimpiadas de Invierno: León XIV cita 10 momentos históricos de apoyo de la Iglesia al deporte
El Papa publica una extensa carta con motivo de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina d'Ampezzo.
Oriol Cardona, en esquí de montaña, es una de las opciones españolas de medalla en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026.
Este viernes comienzan los Juegos Olímpicos de Invierno 2026 en Milán-Cortina d'Ampezzo, que se celebran esas dos y en otras cuatro sedes del norte alpino de Italia, y que serán seguidos por los Juegos Paralímpicos.
El deporte, "vida en abundancia"
Con este motivo, el Papa ha dado a conocer este viernes una carta "sobre el valor del deporte" titulada La vida en abundancia. En ella hace numerosas consideraciones sobre la importancia de la práctica deportiva para promover la paz en el mundo, para la formación y el desarrollo de la persona o para la inclusión y solidaridad entre personas incluso en el aspecto competitivo.
En este último aspecto, hace un guiño a su deporte favorito, el tenis, al sugerir que "un intercambio prolongado en el tenis" es "una de las partes más entretenidas de un partido" porque "cada jugador empuja al otro hasta el límite de su propio nivel de habilidad": "La experiencia es estimulante y los dos jugadores se incitan mutuamente a mejorar; esto vale tanto para dos niños de diez años cuanto para dos campeones profesionales".
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Riesgos éticos del deporte
León XIV señala igualmente algunos riesgos del deporte, como "cuando el deporte pretende sustituir a la religión... volviéndose absoluto, totalizante, incapaz de relativizarse a sí mismo", o cuando suscita en quienes lo practican "el peligro del narcisismo", con el cual "el atleta puede quedar fijado al espejo del propio cuerpo vigoroso, del propio éxito medido en visibilidad y aprobación", en un "culto a la imagen y al rendimiento" que "amenaza con fragmentar a la persona, separando el cuerpo de la mente y del espíritu".
También apunta al "impacto del transhumanismo y de la inteligencia artificial", pues "las tecnologías aplicadas al rendimiento amenazan con introducir una separación artificial entre cuerpo y mente, transformando al atleta en un producto optimizado, controlado, potenciado más allá de los límites naturales", y entonces el deporte se convierte en "un laboratorio de experimentación desencarnada".
Diez momentos de la Historia
En la primera parte da la larga carta La vida en abundancia, el Papa ofrece una síntesis histórica de la relación entre la Iglesia y el deporte antes de su explosión como centro de la cultura a finales del siglo XIX y principios del XX, justo en torno al movimiento olímpico renacido con las primeras Olimpiadas de Atenas 1896 (las primeras Olimpiadas de Invierno fueron en Chamonix 1924).
Puede sintetizarse esa historia en diez momentos:
- "En el tiempo en el que [San Pablo] escribía, los griegos ya poseían desde hacía mucho tiempo tradiciones atléticas... Por ello, escribiendo a los corintios, Pablo recurrió a imágenes deportivas para introducirlos en la vida cristiana: «¿No sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio? Pues corred así: para ganar. Pero un atleta se impone toda clase de privaciones; ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita» (1 Cor 9, 24-25).
- "Siguiendo la tradición paulina, muchos autores cristianos utilizaron imágenes atléticas como metáforas para describir las dinámicas de la vida espiritual".
- "Los teólogos de la antigüedad y del medioevo refutaron con fuerza las doctrinas gnósticas y maniqueas, precisamente porque consideraban el mundo material y el cuerpo humano como intrínsecamente malos".
- "Esta comprensión positiva de la realidad física favoreció el desarrollo de una cultura en la que el cuerpo, unido al espíritu, estuviera plenamente involucrado en las prácticas religiosas: en las peregrinaciones, las procesiones, los dramas sacros, los sacramentos y la oración que hace uso de imágenes, estatuas y varias formas de representación".
- "La Edad Media estuvo marcada por la aparición de nuevas formas de práctica deportiva, como los torneos caballerescos, en los que la Iglesia concentró su atención ética, contribuyendo también a reinterpretarlos en clave cristiana, como lo testimonia la predicación del abad San Bernardo de Claraval".
- "La Iglesia reconoció el valor formativo del deporte... Hugo de San Víctor, en su obra Didascalicon, destacó la importancia de las actividades gimnásticas en el currículo de los estudios, ayudando a configurar el sistema educativo medieval. La reflexión de Santo Tomás de Aquino sobre... una vida virtuosa... no se refiere sólo al trabajo o a las ocupaciones consideradas serias, sino que necesita también tiempo para el juego y el descanso"... Tomás reconoce que las personas juegan porque el juego es fuente de placer y, por tanto, lo practican por sí mismo. Respondiendo a una objeción según la cual un acto virtuoso debe ser dirigido a un fin, él observa que «las acciones lúdicas no se ordenan a ningún fin extrínseco, sino que se ordenan al bien del que juega, porque le son agradables o le proporcionan descanso». Esta «ética del juego» elaborada por Tomás de Aquino ejercitó una notable influencia en la predicación y en la educación".
- "El humanista Michel de Montaigne [filósofo católico y devoto, 1533-1592] [justificó] la inserción de la educación física y del deporte en la jornada escolar".
- "Estos principios fueron aplicados en las escuelas de los jesuitas, avalados por los escritos de San Ignacio de Loyola, en particular por las Constituciones de la Compañía de Jesús y la Ratio Studiorum".
- "En ese contexto se incorporan también las obras de grandes educadores, desde San Felipe Neri a San Juan Bosco. Este último, por medio de la promoción de los oratorios, estableció un puente privilegiado entre la Iglesia y las nuevas generaciones, haciendo también del deporte un espacio de evangelización".
- "En esta línea, se puede recordar también la encíclica Rerum novarum (1891) de León XIII, que estimuló el surgimiento de numerosas asociaciones deportivas católicas, respondiendo así, en el plano pastoral, a las cambiantes exigencias de la vida moderna y a las nuevas costumbres emergentes".
Jubileos del Deporte
A partir del siglo XX, con el auge del deporte como entretenimiento generalizado y espectáculo de creciente implantación, las referencias de la Iglesia al deporte son innumerables, y León XIV recuerda en particular los dos Jubileos del Deporte celebrados por San Juan Pablo II en 1984 y en 2000.
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