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¿Quién es Isidoro Bakanja, el joven que León XIV alaba en el Jubileo del Trabajo?

Isidoro Bakanja, joven congoleño devoto del Rosario y el escapulario, asesinado por negarse a ocultar su fe

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Este sábado 8 de noviembre miles de peregrinos han participado en la Plaza de San Pedro en el Jubileo del Mundo del Trabajo. El Papa León XIV les ha recibido en una audiencia general con una proclamación jubilar: "¡Podemos cambiar!" Remitiéndose 1 Cor 1,26-27, el Papa señala que San Pablo dice a los corintios que entre ellos, al vivir cristianamente, la tierra ya ha comenzado a parecerse al cielo. Por ejemplo, Dios reúne a personas que, de otro modo, jamás se habrían conocido.

“Los criterios de Dios, que siempre parten de los últimos, son ya en Corinto un «terremoto» que no destruye, sino que revitaliza el mundo. La palabra de la Cruz, de la que Pablo da testimonio, despierta la conciencia y reaviva la dignidad de cada persona”, detalló el Papa.

El modelo de Isidoro Bakanja

Después, el Pontífice presentó la figura de Isidoro Bakanja, asesinado en 1909 en el Congo Belga, en condiciones de explotación laboral y racial, y beatificado en 1994 por Juan Pablo II.

“Nacido en 1885, cuando su país era colonia belga, no fue a la escuela porque no había ninguna en su ciudad, sino que se convirtió en aprendiz de albañil. Se hizo amigo de los misioneros católicos, los monjes trapenses: le hablaron de Jesús y, alrededor de los veinte años, decidió seguir la instrucción cristiana y recibir el Bautismo. Desde ese momento, su testimonio se hizo cada vez más luminoso”, explicó el Papa.

No arredrarse ante un jefe anticristiano

El jefe de Isidoro era un europeo que odiaba al cristianismo. "El patrón odiaba el cristianismo y a los misioneros que defendían a los nativos de los abusos de los colonizadores, pero Isidoro llevó su escapulario con la imagen de la Virgen María al cuello hasta el final, soportando toda clase de maltratos y torturas sin perder la esperanza”, resumió el Papa León.

Los jefes europeos de Isidoro le ordenaron dejar de predicar el Evangelio y quitarse el escapulario carmelita. Como se negó, le apalizaron brutalmente y le encadenaron, dejando que sus heridas se infectaran. Cuando finalmente otro inspector supo de su situación, ya no era posible salvar su vida. Isidoro dijo al inspector: "Diles que estoy muriendo por ser cristiano". Los misioneros locales que acudieron le pidieron que perdonara al violento que le había apalizado. Bakanja, que tenía entre 24 y 30 años, les aseguró que ya lo había perdonado. "Cuando esté en el cielo, tendré que orar mucho por él", admitió.

Hoy nadie recuerda a esos blancos poderosos y violentos, mientras que el joven africano es beato y modelo de santidad para millones de jóvenes y laicos. A menudo se señala su figura en las JMJs y otros encuentros juveniles y del mundo del trabajo.

Un poder que desconcierta

“¡Esperar es dar testimonio! Isidoro muere declarando a los Padres Trapenses que no guarda rencor; es más, promete rezar incluso en la otra vida por quienes lo han reducido a tal estado”, detalla el Papa. Su vida es ejemplo que rompe las cadenas del mal. Es una nueva fuerza que desconcierta a los orgullosos y derriba a los poderosos de sus tronos.

“Así nace la esperanza. A menudo, las antiguas Iglesias del norte del mundo reciben este testimonio de las Iglesias jóvenes, que las inspira a caminar juntas hacia el Reino de Dios, un Reino de justicia y paz. África, en particular, clama por esta conversión, y lo hace brindándonos numerosos jóvenes testigos de la fe”, proclamó el Pontífice. 

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