Francisco: «Custodiar la Palabra de Dios es un trabajo fatigoso, consiste en leer la vida con ella»

Misa en Santa Marta.
Aprendamos, como María, a recibir y a custodiar la Palabra de Dios. Fue la invitación que el Papa Francisco formuló en la misa de la Casa de Santa Marta este sábado 8 de junio, memoria del Corazón Inmaculado de la Santísima Virgen.
La ocasión la ofreció el Evangelio del día, que narra el asombro de los maestros de la Ley en el Templo al escuchar a Jesús, y cómo María guardaba (custodiaba) en su corazón la Palabra de Dios. El asombro, observó el Pontífice, “es más que el gozo: es un momento en el que la Palabra de Dios viene, es sembrada en nuestro corazón”. Pero “no se puede vivir siempre en el asombro”, que se traduce “en la vida con la custodia”. Es precisamente lo que hace María, de quien se dice que “se maravilló” y custodió la Palabra de Dios.
“Custodiar la Palabra de Dios... ¿Qué quiere decir esto? ¿Que recibo la Palabra, tomo una botella, meto la Palabra en la botella y la custodio? No. Custodiar la Palabra de Dios quiere decir que nuestro corazón se abre a esa Palabra como la tierra se abre para recibir las semillas. La Palabra de Dios es una semilla que es sembrada. Y Jesús nos ha dicho qué ocurre con la semilla. Algunas caen a lo largo del camino, vienen los pájaros y las comen; esta Palabra no ha sido custodiada, esos corazones no han sabido recibirla”.
Otras, continuó, caen en una tierra pedregosa y la semilla muere: son aquellos que “no saben custodiar la Palabra de Dios porque no son constantes: cuando les sucede una tribulación se olvidan”.
La Palabra de Dios, observó el Papa, cae también en una tierra no preparada, no custodiada, donde hay espinas. Y ¿qué son las espinas? Jesús, subrayó Francisco, habla "del apego a las riquezas, los vicios”. De este modo, “custodiar la Palabra de Dios significa meditar qué nos dice esta Palabra con lo que sucede en la vida”. Y “María hacia esto”, “meditaba y hacía la comparación”.
Se trata de “un gran trabajo espiritual”: “Juan Pablo II decía que con este trabajo, María tenía una particular fatiga en su corazón: tenía el corazón fatigado. Custodiar la Palabra de Dios se hace con trabajo: el trabajo de buscar qué cosa significa tal cosa en este momento, qué me quiere decir el Señor en este momento, cómo se entiende tal situación frente a la Palabra de Dios. Leer la vida con la Palabra de Dios: esto significa custodiar”.
Pero también recordar. “La memoria –dijo el Papa– es custodia de la Palabra de Dios. Nos ayuda a custodiarla, a recordar todo aquello que el Señor ha obrado en mi vida”. Nos recuerda, puntualizó, “todas las maravillas de la salvación en su pueblo y en mi corazón. La memoria custodia la Palabra de Dios”.
El Papa concluyó su homilía invitando a todos a meditar “cómo custodiamos la Palabra de Dios, cómo conservamos este asombro, para que los pájaros del camino no la coman ni los vicios la sofoquen”. “Nos hará bien cuestionarnos, con las cosas que ocurren en la vida: ¿en este momento, qué me dice el Señor con su Palabra? Esto se llama custodiar la Palabra de Dios, la Palabra de Dios es el mensaje que el Señor nos da en todo momento. Custodiarla con esto: custodiarla con nuestra memoria. Y también custodiarla con nuestra esperanza. Pidamos al Señor la gracia de recibir la Palabra de Dios y custodiarla, y también la gracia de tener un corazón que se fatiga en esta custodia. Así sea”.