Domingo, 26 de enero de 2020

Religión en Libertad

Por ser tratamientos experimentales, irreversibles y sin rigor diagnóstico

Intervenir a un niño para «afirmar su identidad de género» viola sus derechos, afirman dos expertos

Implantación de un bloqueador de la pubertad en una niña biológica de 12 años, en 2017, en un hospital californiano. Imagen: vídeo NBC Bay Area.
Implantación de un bloqueador de la pubertad en una niña biológica de 12 años, en 2017, en un hospital californiano. Imagen: vídeo NBC Bay Area.

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Las intervenciones físicas en el cuerpo de los niños para "afirmar" su "identidad de género" violan los principios éticos más razonables y deberían estar prohibidas: es lo que sostienen Ryan T. Anderson Robert P. George, expertos en ciencias políticas y en jurisprudencia, en un reciente artículo en Public Discourse:

A la izquierda de la foto, Robert P. George, profesor de Jurisprudencia en la Universidad de Princeton y antiguo miembro de la Comisión Mundial de la Unesco para la Ética de la Tecnología y el Conocimiento Científico. A la derecha, Ryan T. Anderson, fundador y director de Public Discourse, licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de Princeton y doctor por la Universidad de Notre Dame.

Las intervenciones físicas en el cuerpo de los niños para "afirmar" su "identidad de género" violan los principios éticos más razonables y deberían estar prohibidas

Hace unas semanas, muchos estadounidenses se inquietaron ante la noticia de un niño de Texas de siete años de edad que ha sido objeto de una batalla por la custodia legal tras el divorcio de sus padres. Las luchas por la custodia de los hijos siempre son algo trágico, pero esta era especialmente desconcertante debido al desacuerdo entre los padres sobre la atención médica de su hijo. No se trataba de una decisión médica habitual respecto a un niño, en la que los padres tienen que considerar las distintas opciones de tratamiento y ponderar los probables éxitos, efectos secundarios y riesgos. No, este caso versaba sobre las diferencias de opinión radicalmente distintas de los padres sobre la identidad -el "género"- de su hijo. Uno de los progenitores cree que su hijo es una niña, una niña atrapada en el cuerpo de un niño.

Ha sido este desacuerdo el que ha llevado a una dura batalla sobre el tratamiento. Por lo tanto, sin decir nada concreto sobre el caso de este niño, queremos ofrecer a los lectores nuestra perspectiva sobre lo que está en juego: las cuestiones antropológica, ideológica y ética.

Consideramos que el procedimiento de "afirmación de género" viola los principios éticos médicos, que es profundamente amoral reforzar a un niño en su creencia de que no es un varón (o a una niña de que no pertenece al sexo femenino), y que es especialmente amoral interferir en el desarrollo físico normal de un niño para "afirmar" una "identidad de género" que es ajena a su sexo biológico y corporal. La infancia y la adolescencia ya son suficientemente difíciles tal como son. Los adultos no tienen que corromper la ecología social en la que los niños desarrollan una comprensión madura de sí mismos como niños o niñas, en el camino que les lleva a convertirse en hombres o mujeres. Los profesionales médicos no deben realizar intervenciones radicales en los cuerpos de los jóvenes basándose en una ideología sobre la identidad que no tiene fundamento alguno.

No somos personas "en" nuestro cuerpos, somos nuestros cuerpos

Nadie nace en el cuerpo equivocado, porque nadie nace "en" un cuerpo. Más bien somos nuestros cuerpos. No hay nada que pueda estar "en" el cuerpo equivocado, porque el alma es la forma sustancial del cuerpo, no un tipo de sustancia separada.
Los seres humanos no son personas incorpóreas que viven y utilizan cuerpos que no son personales. No somos fantasmas en máquinas. Nuestros cuerpos son un aspecto esencial de nosotros, son el tipo de entidad que somos: un cierto tipo de animal con naturaleza racional, un ser humano. Nosotros, usted, yo y cada ser humano, es un organismo corporal personal. Y el sexo de un organismo está determinado por cómo dicho organismo está estructurado respecto a la reproducción sexual. Al haber dos modos complementarios de estar estructurados sexualmente, hay dos sexos: hombre y mujer, masculino y femenino.

El aspecto binario de la sexualidad es una realidad biológica. No existe base científica -y desde luego, tampoco ideológica-, que niegue esta realidad. El que haya algunas personas que sufran de trastornos del desarrollo sexual, considerados a veces condiciones de intersexo, no niega esta realidad. Los trastornos del desarrollo sexual no constituyen un tercer sexo o un espectro de sexo. No hay un tercer gameto, ni una tercera gónada, ni un tercer genital, ni un tercer sistema reproductivo. Tampoco hay un "espectro" entre los dos sistemas reproductivos, a pesar de que la realidad de estos dos sistemas puede, y a veces lo hace, desarrollarse de maneras desordenadas. (Para ampliar este tema, léase el capítulo 4 de When Harry Became Sally.) Es una falsedad señalar  los trastornos de desarrollo físico para justificar un punto de vista ideológico sobre el género como algo fluido, no binario y separado de nuestra corporeidad como hombres o mujeres.

When Harry became Sally, de Ryan T. Anderson, que juega en su título con el de la célebre película  de Rob Reiner Cuando Harry encontró a Sally (1989), con Meg Ryan y Billy Crystal, es uno de los mejores abordajes publicados hasta el momento sobre la ideología de género aplicada al drama de las personas con disforia de género.

"La afirmación de género" está basada en estereotipos ideológicos y sexuales

Obviamente, las personas pueden expresar su identidad sexual como hombre o como mujer en una gran variedad de formas. Pueden conformarse a las normas o estereotipos culturales vigentes, o pueden separarse de ellos. Pueden sentirse cómodas con las expectativas culturales vigentes, o pueden sentirse incómodas. Pueden decidir actuar de una manera no conforme al género, o pueden  optar por ser convencionales. Ninguno de estos casos, sin embargo, cambia el hecho de ser hombre o mujer.

Y sin embargo, un segmento cada vez amplio, y con mayor influencia, de la institución médica y educativa insiste en que el sexo de una persona es meramente "asignado" al nacer y, por consiguiente, puede haber sido asignado mal y ahora hay que reasignarlo a través de las terapias de "afirmación de género". Es la ideología llevando la voz cantante, mientras que los hechos científicos son arrinconados. Según esta ideología, lo que determina de manera adecuada el sexo es la "identidad de género", es decir, el supuesto "sentido interno de género" de una persona (qué es esto, nadie exactamente lo sabe, pero se nos dice que el género, en este aspecto, es fluido y existe como un espectro). Cuando la identidad de género de una persona choca con su cuerpo, se defiende la necesidad de llevar a cabo intervenciones médicas para que su cuerpo y su identidad coincidan. La afirmación, insistente y a veces indignada, es que alguien que se identifica como mujer es una mujer (incluso si "ella" -insistimos sobre este pronombre- es biológicamente un hombre). Por lo tanto, hay que utilizar la tecnología médica para proporcionar a esa persona un cuerpo "femenino".

Esto conlleva evidentes problemas filosóficos. Si alguien que se identifica como mujer es una mujer, entonces el tipo de cuerpo que esa persona ya tiene es el de una mujer. Es decir, según esto el cuerpo de una mujer es el cuerpo que cualquiera que se "identifique" como mujer tiene. Así es como se leen titulares como "el pene de una mujer" o "un hombre embarazado". Por consiguiente, ¿con qué coincide el cuerpo de esa persona?

¿Por qué debería alguien que se identifica como mujer atenerse a las nociones "estereotípicas" de cómo debería ser el cuerpo de una mujer? ¿Por qué debería esa persona tomar hormonas y someterse a cirugía para conformarse a esos estereotipos? Hemos pasado de querer romper los estereotipos sexuales a crear una cirugía plástica que remodela los cuerpos según esos estereotipos. Y si el género es fluido y existe en un espectro, ¿qué tipo de cuerpos habría que proporcionar a las personas "no binarias" o "de género ambidextro"? ¿Qué tipo de hormonas y cirugía deberían proporcionarles los médicos? Un médico ofrece "Vaginoplastia con preservación del pene", es decir, se crea una nueva vagina a la vez que se preservan el pene y los testículos.

En lugar de reconocer la incoherencia de su visión del mundo, las personas líderes en la defensa de la ideología de género responden a esta pregunta del siguiente modo: cualquier parte corporal, modificación y hormonas que la persona desee. Tal como se puede leer en un artículo publicado en 2019 en el Journal of Adolescent Health: "Con aproximadamente un tercio de los adultos transgénero y con diversidad de género [TGD sus siglas en inglés, de transgender and gender diverse] y un 40% de los jóvenes TGD identificándose como no binarios, las pautas de atención que refuerzan los sistemas binarios de la identidad de género pueden limitar el acceso a los servicios clínicos y restringir la capacidad de las personas no binarias para recurrir a los sistemas médicos. Enmarcar el género como algo sólo binario define las opciones y los resultados terapéuticos en referencia sólo a dos experiencias de género, lo que tiene un impacto sobre el acceso".

Ir más allá del binarismo es el próximo horizonte de la intervención médica, que requiere también ir más allá del diagnóstico médico. Desde luego, las propuestas más recientes para la "atención de género" afirman que no es necesario en absoluto basarse en un diagnóstico de disforia de género, y que debe realizarse sólo basándose en la elección individual de la persona, siempre que esta persona de un "consentimiento informado" para esta decisión. Según un reciente informe estatal, "la atención sanitaria para los jóvenes TNG [transgénero, no binarios y con género expansivo o no conforme] debe estar basada únicamente en el paciente y debe tener las menores barreras posibles. El modelo de consentimiento informado para el acceso a la asistencia sanitaria relacionada con la transición permite a los pacientes TNG el acceso a la atención médica fundamental que necesiten [sic: deseen], sin que tengan que aportar la aprobación de un terapeuta o de un profesional de la salud mental".

Es decir, una mera afirmación es todo lo que se necesita para transformar el propio cuerpo, incluso hasta el punto de causar una esterilidad permanente.

Afirmando falsedades y mutilando cuerpos

Los problemas filosóficos evidencian por qué este tratamiento protocolizado es erróneo y viola los principios éticos médicos. El propósito de la medicina es proporcionar salud y plenitud al ser humano, ayudar al florecimiento humano en el ámbito físico y psicológico. La salud es entendida no como la satisfacción de los propios deseos, sino como un buen funcionamiento de la mente y el cuerpo, en el que nuestros varios sistemas corporales alcanzan su objetivo: el sistema circulatorio hace circular la sangre; el sistema digestivo digiere los nutrientes; el sistema respiratorio absorbe el oxígeno, etc., y donde nuestros pensamientos y sentimientos alcanzan su fin al hacer que entremos en contacto con la realidad. Así, cualquier intervención médica que afirme las falsas creencias de alguien es intrínsecamente errónea. Afirmar una falsedad a través de la tecnología médica es algo equivocado desde el principio.

No hace falta decir que el hecho de que alguien se identifique como algo no significa necesariamente que sea esa cosa. Algunos aspectos de la realidad están determinados por cómo alguien se identifica, pero muchos otros aspectos de esa realidad son bastante independientes respecto a nuestra identidad elegida. Por lo tanto, a veces identificarse con algo -como fan del equipo Red Sox, por ejemplo- te hace esa cosa. Pero a menudo no es así. El hecho de que Rachel Dolezal se identifique como afroamericana no hace de ella una afroamericana. Cuando afirmó que era afroamericana, estaba diciendo algo que no era verdad, algo que no correspondía a la realidad, independientemente de lo que ella consideraba ser su identificación. Del mismo modo, identificarse como "una mujer" no hace que un hombre sea una mujer: esta identidad no corresponde a la realidad. Lo que hace que una mujer lo sea (o que un hombre sea hombre) es el hecho de ser un ser humano y, como tal, un cierto tipo de organismo que está estructurado para la reproducción sexual de una cierta manera. Por lo tanto, los profesionales médicos que buscan "afirmar" a la gente en una "identidad de género" que es contraria a la realidad hacen que su propósito sea errado.

Esto no es todo. No sólo algunos profesionales médicos afirman falsedades, sino que en este proceso mutilan cuerpos, por lo que están poniendo malos medios (la mutilación) al servicio de malos fines (afirmar falsedades). Administrar altas dosis de estrógeno a un hombre que rechaza su realidad masculina en aras de una identidad alternativa (ya sea esta mujer, no binaria, de género ambidextro, etc.), o administrar altas dosis de testosterona a una mujer que rechaza su realidad femenina en aras de una identidad alternativa (ya sea esta hombre, no binaria, etc.), o extirpar órganos reproductivos y utilizar la cirugía plástica para crear partes o apéndices que se parecen a los del sexo opuesto (o a ninguno o a ambos), mutila el cuerpo en un esfuerzo por reforzar falsas creencias en conflicto con la realidad. Es una falacia de la profesión médica, una violación de los principios éticos médicos.

Interferir con el desarrollo de los niños

Las cosas van a peor cuando se trata de prepúberes o adolescentes. Sea lo que sea lo que uno piense sobre la ética de los profesionales médicos que ayudan a los adultos a "transicionar", todos deberían estar de acuerdo en que los adultos no deben interferir con el desarrollo natural y sano de los cuerpos y las mentes de los niños. A los niños hay que dejarles el tiempo y el espacio para que se desarrollen hasta la madurez. Decirle a un niño que es del sexo opuesto (o de ambos sexos o de ninguno, algo que apoyan los actuales libros infantiles "sin género"), o alentar la equivocada creencia de un niño de que es algo distinto a lo que realmente es (por muy sensible que uno pueda y deba ser al manejar esta situación), es profundamente injusto hacia ese niño. Interferir en el desarrollo físico de un niño, impedir que llegue de manera normal a la pubertad, todo por un intento de "afirmar" su "identidad de género" rechazando la realidad corporal, es profundamente amoral.

Los adultos no deben interferir en el desarrollo natural del cuerpo de un niño con el fin de alterar su apariencia basándose en la ideología. Sin embargo, esto es precisamente lo que defienden muchas asociaciones médicas. Prescriben un tratamiento protocolizado en cuatro partes, que empieza en la primera infancia para los niños "transgénero y de género diverso": transición social, bloqueadores de la pubertad, tratamiento de sustitución hormonal y cirugía.

Estas pautas están basadas en una antropología filosófica incorrecta, una comprensión equivocada del propósito de la medicina y, literalmente, en ninguna prueba científica. La declaración oficial de la Sociedad Endocrinológica con la que fomenta este tratamiento protocolizado observa que los seis tratamientos recomendados para adolescentes están basados en pruebas "escasas" o "muy escasas". Además de los problemas filosóficos y éticos que plantea este tratamiento protocolizado, hay un manifiesto problema de ciencia médica: ¿cómo es posible que se fomente un plan médico tan radical, que conlleva transformar el cuerpo de los niños, basándose en una investigación tan deficiente? Parte de la explicación es que no todas las asociaciones médicas en conjunto han abrazado estas pautas, sino que han sido unos subcomités altamente ideologizados dentro de estas asociaciones los que han decidido fomentarlas.

Cinco puntos que hay que recordar

¿Qué más podemos decir sobre esta intervenciones -en sentido estricto, estas intervenciones no médicas- a las que son sometidos los cuerpos de los jóvenes?

Aspecto experimental

Primero de todo, estos procedimientos son puramente experimentales. No se ha realizado ni un sólo estudio sobre las consecuencias que tiene a largo plazo impedir que un niño sano físicamente no tenga un desarrollo puberal normal. Los fármacos usados para retrasar de manera indefinida la pubertad no han sido aprobados por la FDA (Food and Drug Administration) para este uso, y se usan sin dicha aprobación. Aunque conocemos algunas de las consecuencias negativas que causan estos bloqueadores de la pubertad a largo plazo, como aumento del riesgo de la pérdida de densidad ósea, una estatura más corta y pérdida de memoria, no tenemos ni idea de cuáles son todas las consecuencias físicas y psicológicas. No hay modo de saberlas, salvo la experimentación sobre los cuerpos de los jóvenes. En sí esta es una experimentación humana amoral que, además, se hace sobre niños. No sabremos las consecuencias totales hasta dentro de veinte, o treinta, o cuarenta años, incluso más. Además, las clínicas que llevan a cabo estos experimentos no los están clasificando, que es lo que deberían hacer, como tratamientos experimentales. Y tampoco los están exponiendo a los pacientes y familiares, ni buscan la aprobación del Institutional Review Board (IRB), necesaria para toda investigación experimental sobre seres humanos.

Aspecto irreversible

Segundo: a los padres se les dice que estos procedimientos son "totalmente reversibles", pero no es verdad. Dejar los bloqueadores de la pubertad, con la esperanza de retomar el desarrollo, no revierte el desarrollo biológico que se había detenido. No puedes volver atrás en el tiempo y revertir ese retraso. Dicho esto, como una cuestión empírica, virtualmente todos los niños a los que se les ha administrado bloqueadores de la pubertad como parte de la "afirmación de género" reciben tratamiento de sustitución hormonal, siguen identificándose con el sexo opuesto e intentan que sus cuerpos tengan la apariencia del sexo opuesto. El resultado final es la esterilización. Por lo tanto, es correcto decir que dar bloqueadores de la pubertad a un niño como parte de la intervención de "afirmación de género" es poner al niño en un camino que lleva a la infertilidad irreversible y permanente. Esto es algo que ningún niño puede comprender plenamente y, mucho menos, dar su pleno consentimiento.

Aspecto de autorrealización

Tercero: muchos expertos temen que estos tratamientos protocolizados se conviertan en una profecía autocumplida. Decirle a un niño pequeño que es una niña (u otra cosa), o a una niña que es un niño (u otra cosa), bloquear su desarrollo biológico natural impidiendo que se conviertan en hombre o mujer y, después, someterles a un tratamiento de sustitución hormonal lo único que hace es reforzar las falsas creencias. Al contrario, seguramente es el desarrollo puberal el que ayuda a los jóvenes a sentirse cómodos en sus cuerpos. Imaginemos la cantidad de testosterona, el crecimiento repentino y la maduración de un cuerpo masculino y cómo esto puede ayudar a un chico joven a sentirse cómodo como hombre. El 80-95% de los jóvenes con un conflicto de identidad de género reconciliará de manera natural su identidad con su cuerpo si no se interfiere con su desarrollo. En comparación, el 100% de los niños de un estudio holandés que recibieron bloqueadores de la pubertad recibieron también tratamiento de sustitución hormonal. Los bloqueadores de la pubertad, en lugar de "comprar más tiempo", lo que hacen es bloquear y mantener al niño en la identidad transgénero.

Falta de rigor diagnóstico, sobre todo en los casos de niños inmaduros

Cuarto: el diagnóstico de que alguien "es" del sexo opuesto es médica y científicamente infundado y es particularmente indignante aplicado a los niños. ¿En qué otro aspecto permitimos que la autoafirmación de un niño constituya la base para tomar este tipo de decisiones que alteran la vida, o permitimos que los niños sean sometidos a estos cambios permanentes de sus cuerpos? Los niños no tienen la experiencia ni las habilidades cognitivas para saber qué significa ser un niño o una niña, un hombre o una mujer. Y, sin embargo, los "expertos sobre el género" les dicen a los padres que si su hijo afirma de manera "persistente, insistente y consistente" que es del sexo opuesto (o de ninguno o de ambos), esto significa que sí es del sexo opuesto (o de ninguno o de ambos). Es una sinrazón. Está claro que la disforia de género -el sufrimiento causado por el propio sexo corporal- es una condición real y seria. Todas las confusiones sexuales lo son y merecen nuestra compasión y un tratamiento adecuado para ayudar al paciente a sentirse cómodo con su propio cuerpo. Pero tener disforia de género u otro tipo de confusión sexual no hace que uno sea del sexo opuesto. O de ambos sexos. O de ninguno.

Lo que guía el diagnóstico de los "expertos de género" son juicios ideológicos basados en estereotipos. "Expertos de género" punteros afirman que no estar conforme con los estereotipos sexuales es un signo de la verdadera "identidad de género" de una persona. Un ejemplo: cuando a la Dra. Diane Ehrensaft, directora de salud mental del Child and Adolescent Gender Center de la Universidad de California, San Francisco, se le preguntó como un niño de uno o dos años, que aún no habla, puede comunicar su verdadera identidad de género, respondió lo siguiente: "Tengo un colega que es transgénero. Y hay un vídeo de él cuando era un niño pequeño -su sexo asignado al nacer era niña- en el que, esa niña, se arranca los pasadores del pelo. Y los tira al suelo. Y llora. Este es un mensaje de género". Continúa Ehrensaft: "A veces los niños de uno o dos años, cuando empiezan a hablar dicen 'Yo niño' cuando tú les dices 'niña'. Justo esas dos palabras. No es un mensaje preverbal, sino que es un mensaje verbal temprano. Y a veces hay la tendencia a decir: 'Cariño, eres una niña porque las niñas tienen vagina y tú tienes una vagina, por lo que eres una niña'. Y cuando son algo más mayores les oyes decir: '¿No me has oído? He dicho que soy un niño con vagina'. Vale, los niños no son capaces de decir esto cuando tienen uno o dos años. Pero un niño puede mostrarte los juguetes con los que quiere jugar y si se siente incómodos por el modo cómo le respondes a él y a su género, es que le estás tratando con el género equivocado".

Este es el tipo de error diagnóstico -los informes de los mismos niños sobre su "género"- que lleva a los médicos a realizar intervenciones drásticas en los cuerpos de los jóvenes. En lugar de reconocer que los niños en un estadio temprano del desarrollo son sencillamente demasiado inmaduros para comprender qué es lo que hace que alguien sea un niño o una niña, este enfoque diagnóstico lo que hace es cosificar los sentimientos internos basados en una experiencia humana y un conocimiento limitados. Desde un punto de vista científico y médico, ¿qué significa decir que alguien es un  niño con vagina? ¿Qué significa ser un "niño" en esta ideología? Y, sin embargo, los médicos utilizan la tecnología para mutilar los cuerpos de los jóvenes -todo porque dicen que son niños con una vagina-, y los cirujanos creen que pueden crear algo que se parece a un pene. Pero como hemos dicho antes, en esta comprensión ideológica del "género" nunca se explica por qué un niño necesita un pene. Los profesionales médicos, adultos, explotan la confusión de los niños.

Podríamos dar innumerables ejemplos de este enfoque de "afirmación de género", con el que se intenta diagnosticar un imposible ("estar atrapado en el cuerpo equivocado", "ser un niño/niña") basándose en una ideología fundada en estereotipos ("el sentimiento interno de género"), difundida por niños que carecen del desarrollo corporal, la capacidad intelectual y la experiencia social para saber qué significa ser plenamente un hombre o una mujer. Tal vez baste un ejemplo ulterior. Johanna Olson-Kennedy, director médico del Center for Transyouth Health and Development en el Hospital infantil de Los Ángeles, describe cómo ayudó a una niña de ocho años a descubrir que realmente era un niño: "Le pregunté: '¿Alguna vez comes Pop-Tarts?'. Y la niña dijo que sí, desde luego. Y yo le dije: 'Bien, ¿sabes que llegan en ese envoltorio de aluminio?'. Sí. 'Vale, ¿y qué pasaría si hubiera una Pop-Tart de fresa en un envoltorio de aluminio dentro de una caja que dijera que son Pop-Tarts de canela? ¿Sería una Pop Tart de fresa o de canela?'. La niña dijo: 'Sería de fresa'. Y entonces le dije: 'Por lo tanto...' y la niña se volvió hacia su madre y le dijo: 'Creo que soy un niño y la niña es el envoltorio'".

Este es el dualismo del yo corporal en plena manifestación. El cuerpo es sólo el "envoltorio de aluminio" del yo real, la máquina en la que reside el fantasma. Es el tipo de consejo que reparten los directores médicos de las clínicas de género punteras.

Esta misma defensa del dualismo ha llevado a la clínica de Olson-Kennedy a realizar dobles mastectomías en niñas de trece años. Esta misma defensa del dualismo ha llevado a Olson-Kennedy a rechazar con arrogancia cualquier tipo de inquietud sobre el arrepentimiento por la transición: "Y otra cuestión sobre la cirugía mamaria: si más adelante en tu vida quieres pechos, vas y te los haces poner". Elimina cualquier posible inquietud sobre la capacidad cognitiva de los adolescentes de tomar decisiones como estas que alteran toda la vida, y reivindica: "En realidad, la gente toma decisiones que pueden alterar toda una vida en la adolescencia. Continuamente. Continuamente... Lo que sabemos es que los adolescentes tienen la capacidad, hoy en día, de tomar decisiones razonadas y lógicas". Ah, y esas dobles mastectomías en niñas de trece años se llevaron a cabo como parte de un estudio sobre niños que están transicionando, financiado por los contribuyentes y dirigido por Olson-Kennedy.

Olson-Kennedy explica (minuto 0:55) qué decirle a una chica que duda si amputarse los pechos: «Si más adelante en tu vida quieres pechos, vas y te los haces poner».

La reasignación de género no tiene buenos resultados

Quinto y último: no sólo la reasignación de sexo es física y metafísicamente imposible, sino que no tiene buenos resultados psicosomáticos. Por lo tanto, aunque usted esté en desacuerdo con nosotros sobre la filosofía del cuerpo y la ética médica de la "transición", debería preocuparse en saber por qué un tratamiento protocolizado experimental basado en unos criterios diagnósticos sinsentido no produce los resultados deseados de felicidad y plenitud. El 41% de los adultos que se identifican como transgénero intentan el suicidio en algún momento de sus vidas; y los adultos que se han sometido a la cirugía de reasignación de sexo tienen diecinueve veces más probabilidades de suicidarse que la población general. Estos resultados son inaceptables. Y las investigaciones más serias demuestran que los procedimientos de reasignación de sexo no mejoran el bienestar.

Como informó incluso la Administración Obama en 2016, los estudios más serios sobre los procedimientos de reasignación de sexo "no demuestran cambios clínicos significativos o diferencias en los resultados de los tests psicométricos" después de la reasignación. Una serie de datos amplios y a largo plazo publicados en Suecia justo este año demuestra un resultado similar: la transición hormonal no produce ningún beneficio mental para estos pacientes. Al mismo tiempo, los datos del estudio demostraron que "los efectos benéficos de la cirugía para las personas transgénero son tan mínimos que una clínica tiene que realizar hasta 49 cirugías de afirmación antes de que se dé cuenta de que un paciente necesita tratamiento psiquiátrico posterior". Imaginen un gran sufrimiento, sentirse tan mal con su propio cuerpo que se contempla la posibilidad de la transición y, después de hacerlo, no se mejora en absoluto. Si estos son los resultados de la transición, ¿por qué animar a los niños a recorrer este camino?

Lo que los niños necesitan

Los niños que sienten un gran sufrimiento por su sexo corporal deben ser tratados con amabilidad, respeto, compasión y amor. Hay que protegerlos de los acosadores, las burlas, la discriminación y cualquier otra forma de maltrato. Son seres humanos valiosos a los que hay que dar cualquier asistencia que necesiten para ayudarles a sentirse cómodos con sus cuerpos.

Esto incluye proporcionarles la terapia necesaria para afrontar cualquier trauma o dinámica social subyacente relacionada con su hogar o el colegio y que pueden tener un papel en la disforia. Esto incluye también ayudarles a romper con los estereotipos sexuales equivocados o expectativas culturales que subyacen a su disforia. Pero esto conlleva también un rechazo absoluto a las ideologías que refuerzan los estereotipos sexuales. Que te guste más el color rosa o jugar con muñecas no te hace una niña. En lugar de enseñar a los niños a identificarse basándose en lo bien que encajan en las expectativas culturales dominantes sobre el sexo, deberíamos enseñarles que la verdad de su identidad sexual está basada en sus cuerpos y que a veces las asociaciones culturales vinculadas a los sexos son, de hecho, erradas o demasiados estrictas. (Sobre este último punto, léase el capítulo 7 de When Harry Became Sally.) Las niñas pueden jugar a fútbol y cazar sin tener que ser "niños" o "no binarias". Hay una maravillosa variedad de modos de expresar la propia corporeidad como mujer.

Se necesita una legislación prudente que prohíba a los adultos interferir en el desarrollo corporal normal y natural de los niños. Los procedimientos de "afirmación de género" violan los principios éticos médicos. Es profundamente amoral interferir en el desarrollo físico normal de un niño como parte de la "afirmación" de una "identidad de género" contraria a su sexo corporal. Si bien los bloqueadores de la pubertad pueden ser un tratamiento adecuado en los casos de pubertad precoz porque retrasan la pubertad a una edad biológicamente apropiada, no es lo que se está haciendo en estos casos. Utilizar los bloqueadores de la pubertad para retrasar o bloquear de manera permanente la pubertad biológica natural es amoral y es una violación de los derechos del niño a su integridad corporal. Administrar tratamientos de sustitución hormonal a menores para que sus cuerpos se parezcan estéticamente a los del sexo opuesto, o al de su "identidad de género" preferida, es también una violación de los principios éticos y de los derechos del menor. Extirpar quirúrgicamente los genitales o algunas características sexuales secundarias para "afirmar" una "identidad de género" -como se ha hecho con las niñas de trece años que han sido sometidas a doble mastectomía en una "investigación" pagada con dinero de los contribuyentes-, es algo particularmente atroz y abyecto. Los gobiernos deberían prohibir este mal uso de la tecnología médica y proteger a los niños de estos daños.

Traducido por Elena Faccia Serrano.

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