Fumata blanca en Montana para saludar a Pío XIII.
Tras localizar a un buen puñado, como no era posible llevarlos a todos hasta su finca de Montana (Estados Unidos), lo que hicieron fue una votación por teléfono, para cuya autenticidad cada elector tenía un código encriptado que permitía verificar su identidad.
En 1998 se reunieron para el cónclave, y los electores fueron llamando y dando la contraseña mediante el código secreto antes de emitir su voto. Tras el recuento resultó elegido... -¿no lo adivinan?- el mismo Pulvermacher, que se denominó Pío XIII.
Sus seguidores no eran tan modestos como Miguel I, así que por la chimenea del rancho de Montana hubo fumata blanca. Y también hubo “Habemus Papam!”, sólo que por teléfono. Fueron llamando uno a uno a los votantes para contarles el resultado.
Había un problema: Pulvermacher no era obispo. Pero Pulvermacher lo solucionó por la vía rápida. Consagró obispo a su amigo Gordon Bateman (aunque estaba casado), y luego Bateman, ya obispo, le consagró a él. Murió en 2009.
Valeriano corredentor
Pío XIII no es el único antipapa ex capuchino de nuestros tiempos. También está Valeriano Vestini, quien no siguió la costumbre de cambiar de nombre, y fue elevado al antisolio antipontificio bajo el nombre de Valeriano I.
El padre Vestini hacía su apostolado católico normal en Chieti (Italia) hasta que en 1983 una vidente empezó a tener sueños, y el fraile empezó a interpretarlos como visiones celestiales. El mensaje divino prometía que los terciarios franciscanos del pueblo serían elevados como videntes al nivel de los niños de Lourdes o Fátima, así que algunos terciarios franciscanos del pueblo empezaron a tener sueños como la primera vidente. Y Don Valeriano, venga a interpretarlos todos.
A la altura de 1989 las locuciones interiores del grupo incluían ya a la Santisima Trinidad y a todos los santos del cielo. Y en 1990… ¡zas!: los mensajes sobrenaturales establecieron que Don Valeriano debía convertirse en Papa. Y no sólo en Papa, sino en corredentor. Y además contaría para su apostolado con un “Novísimo Testamento” para completar el Nuevo Testamento que todos conocemos.
Ya como Papa, Valeriano I empezó a crear cardenales. Pero en 1993 fue suspendido a divinis por sus superiores en la orden, y felizmente la medicina surtió efecto. En 1995 volvió a la Iglesia, un caso poco frecuente entre quienes cruzan la línea roja de pretender rivalizar, aunque sea de manera esperpéntica, con la autoridad del Papa.
Papa con 24 años
Uno de los antipapas más recientes es Óscar de la Compasión, elegido en 2006 en Luján (Moreno, provincia de Buenos Aires) por treinta obispos sedevacantistas bajo el nombre de León XIV, cabeza de la nueva Iglesia Católica Remanente y probablemente uno de los antipapas más jóvenes de la historia, con sólo 24 años.
Óscar Michaelli empezó a tener en 2002 visiones de la Virgen que se repetían a diario y le insistían en fundar una orden religiosa. Al correrse la voz, muchos personas acudían a verle rezar el rosario, durante el cual entraba en éxtasis y tenían lugar comuniones místicas y curaciones. Óscar conoció la Sociedad de Nuestra Señora de la Compasión, un grupo sedevacantista que existía desde 1990, y se vinculó a él -de ahí su nombre-. Luego empezó a viajar por el mundo buscando un obispo que lo ordenara. Lo consiguió, y Óscar Michaelli regresó a Argentina convertido en Monseñor Óscar de la Compasión.
Empezó a consagrar obispos y decidió hacer un cónclave al que acudirían otros obispos sedevacantistas para elegir Papa. Enviaron sendas cartas a Benedicto XVI y al cardenal Tarcisio Bertone, su secretario de Estado, para que abandonaran el Vaticano y poder celebrar allí el cónclave. Incomprensiblemente, no les hicieron caso, así que tuvieron que celebrarlo en Argentina, siendo elegido León XIV.
El joven antipapa sólo reinó dos años, pues murió víctima de una leucemia. Tuvo tiempo, en cualquier caso, de escribir nueve encíclicas, seis bulas, varias definiciones dogmáticas y convocar un Concilio, el Concilio Ecuménico de Moreno.
Cuando murió León XIV le sucedió Inocencio XIV, que dimitió a los cinco meses viéndose incapaz de vencer las divisiones internas por herejías y misticismos varios. En su lugar fue elegido Alejandro IX, quien a sus treinta años empezó su pontificado con una bendición urbi et orbi y un mensaje que arrancaba así: “Actualmente somos pocos, pero vamos creciendo”. Todo un literario ejercicio de elevación oratoria pontificia...
Primera entrega - Antipapas de nuestro tiempo: de Benedicto XL al Pío XIII chino, pasando por Inocencio XIV
Segunda entrega - Piedrecita, Rabí I, el elegante Juan Gregorio XVII, Pedro II de Pennsylvania y el Palmar de Troya
[Agradecemos al padre Luis Gómez sus sugerencias y documentación para tirar de este curioso hilo.]