Un exorcista analiza los «10 mandamientos» de la Nueva Era: ¿hay algo diabólico detrás?
Andrés Esteban López Ruiz publica en la Asociación Internacional de Exorcistas el artículo «La Nueva Era: Espiritualidad anticristiana en la posmodernidad»

Creado por Mikao Usui a principios del siglo XX, el reiki sostiene la existencia de una fuerza vital universal que puede canalizarse con las manos, se lee en el artículo.
Una salvación sin gracia, una divinización sin la cruz y un Cristo que resulta en poco más que un símbolo. Son tres de las muchas notas con que la Asociación Internacional de Exorcistas ha caracterizado a la Nueva Era en el último artículo del sacerdote Andrés Esteban López Ruiz, La Nueva Era: Espiritualidad anticristiana en la posmodernidad.
Como integrante de la sociedad Cruzados de Cristo Rey y exorcista de la Arquidiócesis de México desde 2006, López Ruiz ha denunciado la “lógica anticristiana” que envuelve la corriente de la Nueva Era y especialmente su decálogo particular.
En el estudio, que desarrolla los orígenes, impulsores y sistema de creencias de la Nueva Era, el sacerdote no oculta su convicción de que esta corriente está inspirada “por la acción ordinaria y extraordinaria de demonios”. De hecho, asegura, su puesta en práctica “constituye formas de acceso a entidades preternaturales -demonios-”:
“Podemos y debemos afirmar con absoluta certeza que el conjunto de creencias de la Nueva Era ha sido progresivamente inspirado y articulado sobrenaturalmente por la acción ordinaria y extraordinaria de demonios, invocados en prácticas esotéricas que han influido directamente en diversos practicantes del ocultismo, manipulados por sus supuestos `guías espirituales´”.
Según el exorcista, dichos contenidos se encuentran en los mismos pilares doctrinales de la Nueva Era, entre los que se destacan “la crítica del mensaje cristiano en materia moral y espiritual; un sistema de creencias desarrollado bajo la inspiración e instrucción de entidades invocadas a través del espiritualismo y mediante la práctica de numerosas formas de ocultismo, tanto occidentales como orientales”.
Sintetizamos el análisis del exorcista en torno al decálogo o diez grandes pilares y creencias de la Nueva Era:
1º Todas las religiones son medios válidos
Como principio del decálogo de la Nueva Era, el exorcista advierte de un sincretismo que asegura que todas las religiones son medios válidos para alcanzar la iluminación. Por ello, comenta el exorcista, la Nueva Era “fusiona elementos del cristianismo, el judaísmo, el islam, el budismo, el hinduismo, el taoísmo, el confucianismo, el sintoísmo, así como de religiones antiguas (egipcia, babilónica, sumeria, fenicia) y, más recientemente, de religiones prehispánicas y rituales chamánicos”.
Según se puede leer en la introducción del documento, la Nueva Era se encuentra muy lejos de ser una religión estructurada o una secta organizada. De hecho, se presenta según López Ruiz como una visión sincrética del mundo, que fusiona diversas creencias y propone una espiritualidad alternativa centrada en la autocuración, la divinización del ser y la conexión energética de la humanidad con el cosmos.
En efecto, comenta, “tras la apariencia de bienestar, armonía y tolerancia, la Nueva Era propone un sistema doctrinal que sustituye al Dios Trinitario por una energía impersonal, a Cristo por figuras simbólicas o sincréticas, y a la gracia por técnicas de auto-salvación y autoconocimiento En la práctica, muchas de sus expresiones reproducen antiguas formas de idolatría, ocultismo y gnosticismo”.
2º Experiencias y no dogmas
Como segundo pilar, se destaca que la Nueva Era no propone una religión con dogmas fijos, sino “un conjunto de creencias que buscan inducir una experiencia espiritual transformadora” en la persona. Por ello, lo que importa entre sus seguidores no es tanto una adhesión doctrinal como la “experiencia interior, la emoción espiritual, el contacto con la energía divina”.
3º La percepción por encima la razón
Otro de los rasgos de la espiritualidad de la Nueva Era sería un subjetivismo centrado en experiencias que se interpretan como “signos de iluminación”. Una espiritualidad que se define como “eminentemente afectiva y no racional, que valora más el impacto psicofísico de experiencias aparentemente místicas que su contenido teológico”. Un rasgo que, según el exorcista de la Arquidiócesis de México, también refleja la sensibilidad posmoderna, donde la verdad no se basa en la razón sino en la intensidad de la experiencia.
4º Espiritismo
El espiritismo, “pilar fundamental” de este sistema de creencias, parte de la premisa de que las personas deben ser iluminadas por seres de rango espiritual superior, como maestros, gurús, espíritus incorpóreos, maestros ascendidos o cualquier otra variante de supuestos “guías” espirituales.
“La invocación de estos guías se realiza mediante prácticas espiritualistas, mediumnidad, canalización o rituales que implican el contacto con entidades. Esta perspectiva está presente en casi todas las expresiones de la Nueva Era, aunque sus formas externas varían”, explica.
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5º La humanidad es parte de la misma energía divina
El energismo, constante en las prácticas de la Nueva Era, implica que todo el universo físico y la humanidad estarían compuestos de una misma energía divina que no solo es la fuente de todo lo que existe, sino que los mismos hombres forman parte de ella y pueden manipularla a voluntad tras realizar el llamado despertar de la conciencia. La activación de chakras y kundalini o la meditación trascendental son algunas de las formas de interactuar con esas supuestas energías.
6º Todo es Dios
Todo ello llevaría a un panteísmo presente en la Nueva Era que sostiene que Dios, lejos de ser una realidad concreta, es la energía cósmica, “no una persona distinta del mundo, sino la energía, la naturaleza y la fuerza vital que cada persona lleva dentro de sí”, explica. De todo ello se deduce que “todo es divino y que la humanidad es parte constitutiva de Dios, mientras que la iluminación no es otra cosa que el reconocimiento consciente de esta identidad y el alma una chispa de la divinidad universal”. En última instancia, la búsqueda espiritual no consiste en buscar fuera de uno mismo, sino en despertar a esta realidad.
7º "Yo soy": autonomía, autosuficiencia y autorredención
El exorcista mexicano apunta a la “teosis” o divinización del individuo como el objetivo último de este proceso de iluminación:
“El individuo debe descubrirse inmerso en la totalidad divina y alcanzar un estado de conciencia que le permita reconocer su propio ser divino. Lo ideal es que cada persona se apropie de la fórmula "Yo Soy", empoderándose espiritualmente con una perspectiva de autonomía, autosuficiencia y autorredención. Se trata de un despertar del potencial humano entendido como poder divino, sin referencia a un Dios personal ni necesidad de salvación externa”.
8º El animismo, origen de la Wicca, neobrujería y magia
Si la energía divina está presente en todo el cosmos, continúa López Ruiz, también se manifiesta en los seres inanimados -piedras, montañas…- y su expresión más evidente se encontraría en plantas, animales, humanos, tierra, agua o fuego. Presenta así una visión animista que atribuye consciencia o vibración espiritual a toda forma de existencia y que es la base de muchas prácticas energéticas y curativas de la Nueva Era. Además, agrega, “es el principio común de movimientos afines como la Wicca, es decir, la neobrujería, el neopaganismo y la magia natural”.
9º Esoterismo y ocultismo
A lo largo del artículo, se explica como la Nueva Era es profundamente esotérica en origen y estructura, facilitando incluso la práctica de “actos mágicos”:
“Su eclecticismo abarca tradiciones ocultistas orientales y occidentales, sin excluir ninguna forma de magia, brujería o espiritualismo que prometa el acceso a la iluminación o a un poder superior. En su esencia reside la creencia en la existencia de fuerzas sutiles, energías invisibles y agentes espirituales que pueden ser invocados o canalizados para producir efectos en los planos físico, psíquico o espiritual. La persona iluminada o iniciada tiene la capacidad de interactuar con estas fuerzas y realizar actos mágicos de transformación mediante rituales apropiados”.
10º La apertura a influencias sobrenaturales
En último lugar, se advierte de prácticas esotéricas que buscan provocar “experiencias de lo divino” o la “inmersión en la totalidad”. Estas son inducidas mediante ejercicios de yoga, meditación, activación de energía Kundalini o invocación de entidades espirituales. Prácticas que conducen a estados alterados de conciencia en los que el sujeto afirma entrar en contacto con lo absoluto, con el “yo divino” o con la fuente cósmica.
Joseph-Marie Verlinde, sacerdote y erudito en esoterismo hindú, es uno de los expertos citados por el exorcista que habrían puesto en entredicho estas prácticas por suponer una “peligrosa apertura a influencias sobrenaturales”: el despertar de la Kundalini no puede interpretarse como una experiencia energética inofensiva, sino como un fenómeno espiritual que a menudo conduce a graves trastornos psicológicos o incluso a la posesión demoníaca, asegura el erudito.