Sábado, 18 de septiembre de 2021

Religión en Libertad

Ordenado en Bolonia junto a la tumba de Santo Domingo en el VIII centenario de su muerte

Fray Pietro, sacerdote dominico e hijo de sacerdote: una historia de «providenciales» casualidades

Fray Pietro Zauli, dominico
Fray Pietro Zauli, el tercero desde la izquierda es desde el 1 de mayo sacerdote dominico

J. Lozano / ReL

La Orden de Predicadores, conocidos popularmente como dominicos debido a Santo Domingo de Guzmán, está en este 2021 de celebración por el octavo centenario de la muerte de su fundador, enterrado en Bolonia, una ciudad fundamental para entender la historia de esta importante orden religiosa nacida en España.

Y precisamente junto a la tumba de Santo Domingo en la basílica que lleva su nombre en Bolonia se produjo el pasado 1 de mayo uno de los actos del centenario más simbólicos, la ordenación de tres nuevos sacerdotes y de dos nuevos diáconos de la Orden de Predicadores. Ocho siglos después la obra fundada por el santo de Caleruega sigue ofreciendo frutos en la Iglesia.

En la homilía de la ordenación, el cardenal Zuppi, arzobispo de Bolonia, afirmaba precisamente que “esta celebración es uno de los momentos más importantes de todo el centenario, porque contemplamos la vida que continúa de generación en generación. Y es una alegría para toda la Iglesia y especialmente para la de Bolonia…”.

Entre estos nuevos dominicos se encuentra un joven que tiene una historia muy especial. Es un joven sacerdote, hijo de sacerdote. Y ambos han sido ordenados por el mismo obispo en apenas tres años.

Pietro de blanco, junto a su hermano Paolo, novicio dominico, su padre, antes de ser ordenado sacerdote y su otro hermano.

Pietro de blanco, junto a su hermano Paolo, novicio dominico, su padre antes de ser ordenado sacerdote y su otro hermano.

Fray Pietro Zauli es uno de los tres nuevos sacerdotes y durante estos años uno de sus referentes en el aspecto vocacional ha sido Luca, su propio padre, diácono permanente desde 1997 que enviudó en 2012 y que se convirtió en sacerdote diocesano de Bolonia en 2018 una vez que sus hijos ya eran lo suficientemente mayores.

Este joven sacerdote de 26 años nació en 1994 y experimentó “un profundo periodo de discernimiento vocacional” junto a un conocido dominico, el padre Attilio Carpin, hasta que finalmente  en 2015 dio el paso para vestir el tradicional hábito blanco y negro de los dominicos.

“Para mí representa una coincidencia verdaderamente providencial recibir la ordenación sacerdotal de manos del arzobispo Zuppi porque es el mismo prelado que consagró a mi padre sacerdote hace casi tres años”, explica al diario Avvenire, propiedad de los obispos italianos.

Y sobre este día tan importante en su vida, el ya padre Zauli aseguraba: “Dios me da el sacerdocio de Cristo, no me atrevo a imaginar recibir un don mayor que éste”.

Pero tras su ordenación, quizás 2018 sea el otro grana año de este dominico, pero también para toda su familia. “El día antes de mi cumpleaños, el 8 de septiembre de 2018, hice mi profesión solemne como dominico con los votos perpetuos de castidad, pobreza y obediencia. Y una semana después, el 15 de septiembre, mi padre recibió la ordenación sacerdotal”, explica fray Zauli.

Pero la cosa no quedó ahí puesto que su hermano Paolo también decidió ingresar en la orden dominica. Fue el 22 de septiembre, una semana después de la ordenación de su padre y dos de su profesión de votos perpetuos.

Pietro, con barba oscura, en el centro de la fila inferior junto al resto de la comunidad de Santo Domingo de Bolonia

Pietro, con barba oscura, en el centro de la fila inferior junto al resto de la comunidad de Santo Domingo de Bolonia

“El día 22 mi hermano Paolo, el más joven de 'nuestra' tribu familiar, decidió que quería llevar el hábito de los frailes dominicos, iniciando su noviciado en la Orden”, relata Fray Zauli.

Y recuerda que su hermano Paolo “es el único de los tres hermanos que ha tenido el privilegio de ser bautizado por mi padre Luca, que se ordenó diácono en 1997”.

“En mi familia todo esto es particularmente brillante, porque la implicación es esencialmente la misma: estamos llamados al mismo sacerdocio con mi padre y a la misma consagración religiosa con mi hermano Paolo. Verdaderamente la vocación de uno nunca es un evento solitario”, añade.

Estos frutos familiares no son casuales. “Nuestros padres nos educaron en la fe y en seguir la voluntad de Dios. Gracias a ellos aprendí el valor del catecismo y a leer en profundidad la Summa theologiae de Santo Tomás de Aquino. Siempre he experimentado como un pequeño signo de la Providencia la participación de mis padres en los años 80 en los estudios teológicos y filosóficos realizados en Bolonia por el carismático fraile checo y ahora siervo de Dios Tomáš Týn (1950-1990) aquí mismo en el convento de Santo Domingo. Mi madre Gabriella, filósofa de formación, era entre otras cosas atea y provenía de una familia anticlerical y comunista. Se convirtió profundizando la filosofía y la teología cristianas, gracias al encuentro con unos sabios sacerdotes. La conversión, cuando es cierta, es contagiosa. Incluso a través de esos estudios llegó a mis padres el don de su conversión al catolicismo, su amor floreció y los llevó al compromiso y por tanto al matrimonio”, añade el nuevo sacerdote.

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