Sin móvil y ajenas al algoritmo, las monjas que triunfan con un pódcast de 5 millones de visitas
Dominican Sisters Open Mic, producido en Michigan (EE.UU), es un ejemplo llamativo de éxito casero.
Los fragmentos más difundidos del programa ponen de manifiesto que las historias humanas, bien contadas, siguen despertando interés.
Un espacio sobrio sirve de escenario: dos micrófonos, dos protagonistas con hábito y una conversación poco habitual. La hermana Miriam Holzman, con el velo negro dominico, revisa los últimos detalles de audio mientras ajusta sus gafas con calma.
En frente, la hermana John Dominic Rasmussen, más mayor, se coloca en su asiento, luciendo un crucifijo al cuello. El entorno está cuidado, una estantería con una Biblia y varios símbolos religiosos. Tras ellas, el equipo de producción se prepara para un nuevo episodio de Dominican Sisters Open Mic. La Vanguardia y The New York Times cuenta su historia.
Lo narrativo con lo visual
En los últimos años, los videopódcast se han consolidado como uno de los principales motores de contenidos virales. Su éxito radica en un lenguaje propio que combina lo narrativo con lo visual.
El pódcast Dominican Sisters Open Mic, producido en Michigan (EE.UU), es un ejemplo llamativo de cómo un formato aparentemente ajeno a las lógicas del algoritmo puede alcanzar millones de visualizaciones en TikTok.
Las monjas dominicas charlan sobre su vocación, su día a día, su formación académica —en muchos casos con doctorados— e incluso sobre intereses personales como los juegos de mesa. Todo ello se presenta con un estilo cercano, directo y sin artificios.
Los fragmentos más difundidos del programa ponen de manifiesto que las historias humanas, bien contadas, siguen despertando interés incluso en medio del ritmo vertiginoso de internet. Da igual si el protagonista es un aventurero, un deportista de élite o, como en este caso, una monja de clausura.
Parte de este éxito se explica por su naturalidad. El equipo selecciona momentos comprensibles para cualquier espectador, evitando discursos teológicos complejos. "No hace falta tener conocimientos de teología para encontrar interesante o divertida la vida de una monja", explican desde la producción. Además, el contraste entre los códigos propios del pódcast digital y una estética religiosa poco habitual en este entorno ha generado un efecto inesperado en redes sociales.
Sin embargo, uno de los aspectos más sorprendentes ocurre fuera de cámara. Las protagonistas mantienen una relación mínima con la tecnología. "No usamos móviles salvo cuando es necesario por trabajo, y eso forma parte de nuestra forma de vida", explican.
Reconocen también que viven al margen del entorno digital y de las reacciones que generan sus contenidos. "Nos centramos en preparar el episodio y después volvemos a nuestra rutina, que es rezar y vivir nuestra vida", señalan. Incluso antes de grabar, algunas de ellas rezan, integrando su práctica espiritual en un formato pensado para plataformas digitales.
La repercusión del pódcast ha llegado incluso a figuras inesperadas. Entre quienes han mostrado interés se encuentra la modelo Vivian Wilson, hija de Elon Musk, que llegó a afirmar que estaba "obsesionada" con uno de los vídeos.
Al mismo tiempo, algunos usuarios han llegado a dudar de la autenticidad de las protagonistas, preguntándose si podrían ser creaciones de inteligencia artificial. Esa reacción responde, en parte, a su naturalidad y a la ausencia de exageración o sobreproducción, rasgos poco frecuentes en los contenidos que dominan plataformas como Instagram, YouTube o TikTok.