La potente historia de Martina, fallecida con 16 años de un tumor cerebral, atrae a muchos a Dios
Conocer que no lo superaría la acercó a Jesús y le transmitió un «sí» que le trajo fe y serenidad ante la muerte.

Martina Gabbiani, cuya experiencia de enfermedad y muerte la acercó a Dios y está acercando a Dios a muchos.
Diego y Silvia recuerdan en esta conversación a su hija Martina Gabbiani, fallecida en 2023 a los 16 años de edad. La enfermedad de la chica, pero sobre todo su fe y su esperanza, cambiaron la vida de sus padres.
Les entrevistó Fabio Piemonte para Il Timone:
- "¿Qué estás haciendo aquí para salvarnos, oh Dios?"
Esta pregunta se convierte en un grito ahogado al que le cuesta salir cuando una vida es devuelta al Padre en la flor de la vida.
Con esta pregunta en el corazón, el padre Vincent Nagle se dirige a Carate Brianza (Lombardía), a la casa de Martina Gabbiani (9 de agosto de 2007-27 de diciembre de 2023), donde también se reúne con sus padres, Diego y Silvia, su hermana Cecilia y sus abuelos. Una familia ampliada que se convirtió también en un lugar de encuentro con muchos amigos y con quienes acompañaron a Martina a lo largo de su calvario por un tumor cerebral particularmente agresivo que, en diez meses, la llevó a los brazos del Padre con tan solo 16 años.
- "Oh Dios, ¿qué estás haciendo aquí, en esta circunstancia, en esta persona, en esta casa? ¿Es así como nos estás salvando? ¿Qué obra estás realizando, oh Dios Salvador?"
A estas preguntas responden los recuerdos vívidos y los valiosos testimonios de quienes la conocieron y la quisieron -padres, familiares, amigos, educadores-, recopilados en el reciente libro, Martina. Hai risvegliato molti cuori [Martina. Has despertado a muchos corazones], escrito por Anna Ballarino y Anna Grillo, dos profesoras y amigas íntimas de Silvia, la madre de Martina.

'Martina', de Anna Ballarino y Anna Grillo, que nos acercan a la impresionante vida y muerte de esta adolescente.
Pocos minutos después de la muerte de su hija de dieciséis años, Silvia envía este mensaje:
- "Para Martina, la promesa de la felicidad eterna ya se ha cumplido; lo digo con gran alegría y dolor infinito. Alegría de una madre que sabe que su hija puede por fin ver el rostro del Padre bueno y saborear Su belleza, y dolor por no poder abrazarla más. Os doy las gracias a todos y os pido que sigáis acompañándonos como señal de Su compañía en esta maravillosa aventura que es la vida".
Al escuchar a Diego y Silvia, Il Timone se dispone a entrar de puntillas no tanto en el dolor lancinante de dos padres que han perdido a una hija -para expresarlo, misteriosamente, no existe ningún vocabulario en la tan rica lengua italiana, que sí nombra a los "huérfanos" pero no a los padres que sobreviven a sus hijos-, sino más bien en la esperanza inquebrantable de que su hija ya disfruta de esa comunión llena de Amor que les espera un día en el Cielo.
-[Silvia] Mi hija es su sonrisa. Siempre ha afrontado todo con una gran sonrisa, que a veces podía malinterpretarse como un signo de superficialidad. Por el contrario, esa sonrisa era su forma de abordar la realidad. Martina siempre ha buscado y querido más, tanto en lo material como en las relaciones; alimentaba un profundo deseo de saber cada vez más, de tener cada vez más, de ir un poco más allá de lo que hay aquí.
»Además, era una niña muy serena en su relación con nosotros, tanto en los primeros días de la guardería como en los de la escuela, y muy positiva -lo cual no significa que no le costara nada en la vida-, en la medida en que siempre se enfrentaba con una actitud positiva incluso ante las dificultades, mostrándose siempre dispuesta a contarnos lo que le sucedía.

Martina Gabbiani, a la derecha de la foto, con sus padres Diego y Cecilia y su hermana Silvia delante del Mont Saint Michel en Francia.
-[Diego] Lo que siempre me llamó la atención de Martina, incluso en comparación con otras chicas de su edad, es que era una chica muy sencilla y siempre alegre. Como decía Silvia, le encantaba estar en compañía, entre la gente, le gustaba salir de casa sobre todo con sus amigos, pero también con los adultos, con sencillez de corazón; una sencillez que se manifestó de forma bastante evidente durante el periodo de la enfermedad. Tenía muchas pasiones, en particular le encantaban la danza, la buena comida y viajar.
-[Diego] Alegre, genuina y generosa.
-[Silvia] Sencilla, sonriente, serena y positiva.
-[Diego] Hay una anécdota en particular que da testimonio de su gran generosidad, que se manifestaba en el hecho de preocuparse siempre antes por los demás que por sí misma.
»Después de la primera operación empezamos el ciclo de quimioterapia y radioterapia, por lo que todos los días tenía que acompañarla a Milán, al Instituto Oncológico, para recibir estos tratamientos. Al principio había un poco de tensión y preocupación por su estado de salud, también porque íbamos a hacer algo cuyos resultados aún no conocíamos bien, ya que no sabíamos cómo reaccionaría a las sesiones de radioterapia. Íbamos en coche y, al aparcar un poco lejos del Instituto porque no había sitio cerca, tenía que acompañarla en silla de ruedas un pequeño tramo.
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»Por el camino nos encontramos con una persona pobre que pedía limosna, a la que yo ni siquiera había prestado atención al seguir adelante, también porque estaba absorto en mis pensamientos y preocupaciones de un padre que llevaba a su hija a un ciclo de radioterapia. Ella, en cambio, siempre ha estado muy atenta a los necesitados con los que se encontraba, por lo que me detuvo diciéndome: '¡Espera, papá, vuelve atrás!'. Quería saludar a esa persona y me animó a darle algo.
»Este episodio me impactó no tanto por el gesto en sí, sino porque, pensándolo bien, aunque era una niña de 15 años a la que acababan de comunicar que tenía un tumor, que había sido operada y debía continuar con las terapias, Martina prestaba atención a la realidad que la rodeaba y, al darse cuenta de que había una persona necesitada, supo llamar la atención de su padre, que no se había percatado de ello.
-[Silvia] Además de su generosidad, siempre me ha llamado la atención que Martina fuera muy firme a la hora de defender ante los demás aquello en lo que creía, incluso en situaciones nada fáciles. Quiero aclarar que, tan pronto como descubre que tiene un tumor, experimenta una maduración repentina en la fe y comienza a entablar una relación más profunda con el Señor.
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»Un día, durante la clase de religión, se hablaba de la fe en Cristo en momentos de prueba y sufrimiento, y sus compañeros sostenían que, ante el dolor, cada uno debía, en esencia, arreglárselas por sí mismo. Entonces Martina, poniéndose de pie, les respondió: 'Pensad en mí: si no tuviera fe, ¿cómo podría afrontar todo lo que estoy afrontando?'. Así era Martina, siempre tan decidida y firme a la hora de defender con sencillez aquello en lo que creía y lo que amaba.
-[Diego] Aunque creció en una familia que formaba parte del movimiento Comunión y Liberación, al principio Martina no participaba mucho en ese grupo hasta que, poco antes de enfermar, durante unas vacaciones de invierno que pasó con ellos, conoció a muchos amigos y, desde entonces, no se separó nunca de ese grupo, al que se acercó con la sencillez y la 'inocencia' propias de una quinceañera.
»Había encontrado un lugar en el que, aunque sonreían y se divertían juntos, se tomaban en serio esas preguntas sobre el sentido de la vida que ella también llevaba en el corazón. Y esto con mayor razón durante el periodo de la enfermedad, cuando se aferró con uñas y dientes a este grupo de amigos.
-[Silvia] Lo único que se me ocurre añadir es que ese grupo de amigos fue la forma en que el Señor se le manifestó más claramente y salió a su encuentro.
-[Silvia] Antes de enfermar, Martina tenía algunas dudas sobre la fe, por lo que, como muchos de sus compañeros de edad, no quería ir a misa.
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»Yo fui testigo -siempre se lo digo a mi marido- de una transformación radical en ese sentido que se produjo en cuestión de unos pocos días. Ella y yo entramos el sábado en el hospital y, desde allí, después de que nos comunicaran el diagnóstico, ya no salimos, ya que el miércoles de la semana siguiente la iban a operar. Recuerdo que el martes, mientras estábamos en el baño, Martina no podía moverse y yo intentaba ayudarla. De repente, se volvió hacia mí y me dijo: 'Oye, mamá, ¿cómo puede la gente vivir estas cosas sin tener fe?'.
»En ese momento me quedé atónita, y luego empecé a ser testigo de su entrega gradual a la fe: el Señor la tomó de la mano, tras su 'sí', respetando su libertad. Fue un camino in crescendo, incluso con respecto a la segunda operación que le daba tanto miedo, durante el cual ella se confiaba cada vez más a Jesús. Eso no quiere decir que no estuviera mal; pero estaba segura de lo que le estaba pasando. Una certeza que luego, bueno, nos arrastró.
-[Diego] Lo que caracterizó a Martina fue precisamente su 'sí': probablemente al principio de forma un poco inconsciente; luego, con el paso del tiempo, paradójicamente, incluso a medida que la situación se agravaba, se fue volviendo cada vez más consciente de ese 'sí'.
»A través de ese asentimiento, el Señor pudo obrar en ella, hasta el punto de que Martina parecía estar libre del resultado. Esto, naturalmente, no significa que no deseara su propia curación; al contrario, quería curarse con todas sus fuerzas y hasta el último momento pedimos el milagro de la curación. Pero, paradójicamente, sobre todo en el último mes y medio -cuando su estado se había agravado muchísimo y, aunque no nos dijo nada, comprendió que se estaba muriendo-, estaba incluso más serena, precisamente porque se había entregado por completo.
»Probablemente había experimentado en esos meses este amor a través de sus amigos, su familia, los médicos y todos los que la habían cuidado; un Amor que era más fuerte que el dolor que estaba soportando -como ella misma repitió en varias ocasiones-, que la tranquilizaba de alguna manera respecto a lo que le estaba sucediendo y a lo que iba a suceder.
-[Diego] A veces, claro, había momentos en los que el miedo y la rabia se apoderaban de ella. Recuerdo noches en las que gritaba llorando, con la mirada puesta en el cielo: '¿Por qué a mí, por qué a mí?'. Verla así me partía el corazón y le rogaba al Señor que me llevara a mí en su lugar. Pero incluso en esos momentos ella estaba en relación con Él, le pedía a Él; en ese grito estaba la pregunta del primer día del diagnóstico: 'Señor, prométeme que no me estás engañando, prométeme que tú eres el Bien para mí'. Cuando tenía miedo, me pedía que recitáramos juntos el rosario o que la llevara a misa y yo, al estar con ella, aprendía a mirar hacia donde ella miraba.
-[Silvia] Hay un mensaje de Martina que responde precisamente a esta pregunta:
- 'Hubo un tiempo en el que le pedía a Jesús que me dejara morir, porque ya no podía soportar sufrir de esa manera, pero ahora, a pesar del cáncer, soy feliz, porque el amor que estoy recibiendo es más grande que el dolor que estoy soportando'. Y añadía: 'Ahora veo cuánto me quieren, cuánto me queréis, el amor es el centro de mi vida', lo que confirma una conciencia lúcida e íntima de lo que Martina experimentaba precisamente en ese tiempo de prueba y sufrimiento.
-[Diego] A Silvia le decía de vez en cuando, y hoy sigo repitiéndoselo en broma, que será difícil estar a la altura del 'sí' de Martina al designio de amor del Padre, y así es, porque ella nos ha hecho experimentar que no hay circunstancia en el mundo que pueda impedir que Él se manifieste. Me gustaría poder vivir el resto de mi vida con la misma intensidad y fe que Martina, completamente entregado a Su abrazo.
-[Silvia] La certeza del Paraíso, de que Él existe, nos da la serenidad necesaria para afrontar cualquier cosa. Dios nos ha mostrado a través de Martina la esencia de las cosas, nos ha mostrado la fragilidad humana que solo cobra sentido en relación con Cristo. Martina me ha mostrado la verdadera vida, ha sido y es para mí la salvación, me ha elevado la mirada. También me ha enseñado a amar de verdad, ese amor que no es posesión, sino apertura hacia el destino del otro, seguros de un proyecto de bien sobre cada uno de nosotros.
-[Silvia] Con ella tuve la certeza de la existencia del Espíritu Santo, de Dios. Esta verdad es la que me sostiene ahora; y, aunque echo de menos a mi hija y el dolor me hace sufrir, tengo serenidad en el corazón, en el sentido de que estoy segura y me alegro de que el Espíritu Santo actúe; lo he visto en Martina y lo veo en mí, ¡y Dios es Dios y existe de verdad si obra! Por eso, en el trabajo y en las cosas que hago, elijo y decido mirando al Cielo, consciente de que todo lo que hay aquí me sirve para ganarme el paraíso; por eso elijo por el bien y no por mí, porque aquí lo dejo todo y la eternidad está allá.
-[Diego] Lo que sigo diciendo con firmeza, lo que he aprendido de Martina, de lo que ella da testimonio en beneficio de todos, es el tema de la esperanza, una esperanza que se basa en una certeza -que es precisamente lo que decía Silvia-, es decir, la certeza de que Dios vence en cualquier circunstancia, incluso en el caso de una enfermedad incurable en una adolescente: Dios vence también esa circunstancia porque en Cristo ya ha vencido a la muerte, por lo que incluso esa realidad se salva gracias a que Él ha resucitado. Nosotros hemos vivido y, por tanto, hemos experimentado esto, por lo que podemos mirar al futuro con la certeza en los ojos y en el corazón de que todo está salvado.