Religión en Libertad

Una familia de 8 hermanos: 5 religiosas y 2 jesuitas, entre ellos el padre Jorge Loring

Los Loring Miró tienen una plusmarca en España difícil de igualar: 7 hermanos religiosos de 8.

De izquierda a derecha: Nuria, Conchita, Jaime, Carmina, Jorge, Adela, Montserrat, Georgina.archivo

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Hay historias que son sorprendentes, y una de ellas es la de la familia Loring Miró, entre los que se encuentran dos conocidos jesuitas: Jorge, gran predicador y divulgador del Evangelio por medio mundo, y autor del long-seller Para salvarte, que pasó gran parte de su vida en Cádiz, y su hermano Jaime, intelectual e iniciador de obras sociales y universitarias, todas ellas radicadas en Córdoba.

Nuria Junguito Loring, sobrina de todos ellos, explica en primera persona para Religión en Libertad la historia de película de esta conocida familia, y los define como que estaban "hechos de otra pasta".

También se interroga sobre qué factores propiciaron el que abrazaran casi todos la vida religiosa: ¿Fue la educación, sus padres, ambiente familiar, una infancia entre Madrid y Barcelona, la república, la guerra civil?

Nuria apunta a un eje vertebrador de todos los hermanos Loring Miró: "Fue la fortaleza, la gran fe de su madre, su confianza en Dios, la espina dorsal, o el eje, que los sostuvo en la oración y en la entrega a la Divina Providencia".

Los Loring Miró: Hechos de otra pasta

Siempre me ha divertido el asombro que provocaba el comentario de que mi madre eran 8 hermanos, y que, de ellos, 5 eran religiosas y 2 Jesuitas. Solamente mi madre, Carmina, la más pequeña, se casó.

Pero aparte de cifras, lo realmente llamativo es que ninguno de estos hermanos fue un "tibio" que pasó desapercibido por la vida. Todos tuvieron una vida muy comprometida con su fe y la verdad. Entregados y luchadores.

Intento hacer aquí una mínima descripción de cada uno de los hermanos, desde los ojos de una sobrina:

  • Tío Jorge, jesuita, el mayor, muy afable y muy cariñoso, siempre adelantado a su tiempo, disfrutaba y utilizaba cualquier avance para dar mayor difusión. Un valiente incansable para la Gloria de Dios, nunca paró de investigar y de predicar. Su labor sigue dando frutos.

El padre Jorge Loring murió en 2013.archivo

  • Tía Adelita (religiosa de La Asunción), dicen que tenía mucho genio, pero siempre generosa y divertida. Fue muchos años misionera en Filipinas.
  • Tía Tina (Montserrat), tímida y muy lista, vivió en México, donde falleció en un accidente de coche. Tan querida que en Querétaro la veneran y le han puesto su nombre a una Fundación.
  • Tía Mercedes (religiosa de La Asunción), otra valiente, muy alegre. Tuvo varios destinos: Londres, Guayaquil, Barcelona, Madrid. Siempre del lado de los más humildes, luchando por la justicia. Como ella decía he tenido una vida plena, con sufrimiento y feliz. Siempre con su lema "En Tus manos Señor".

Mercedes Loring, religiosa de La Asunción.

  • Tía Nuria (religiosa de La Asunción) no la conocimos. Falleció a los 29 años por enfermedad del corazón. Recuerdo que la abuela me decía que era santa. Siempre pendiente de cómo ayudar a los demás.
  • La sexta, tía Conchita (religiosa de La Asunción), para mí la más desconocida, aventurera, buena y rebelde.
  • Tío Jaime, jesuita. Gran estudioso, profesor, escritor… íntegro, sensato. Un genio muy bondadoso y algo arisco.
  • Y, la más pequeña, Carmina, ¡la mejor madre, esposa y abuela!

Algunas veces nos hemos preguntado qué fue lo que les marcó de esta forma de educación, sus padres, el ambiente familiar, una infancia entre Madrid y Barcelona, la república, la guerra civil…

El padre de todos ellos fue Jorge Loring Martínez, que nació en Málaga en 1889. Su familia levantó ferrocarriles, industrias, incluso un Museo Loringiano con piezas arqueológicas… y él heredó esa pulsión por el progreso.

Se hizo ingeniero de Caminos en Madrid, pero su pasión por la aeronáutica lo convirtió en uno de los grandes pioneros de la aviación española. Diseñó y fabricó aviones, incluso proyectó y luchó por una línea de dirigibles Zeppelín, Sevilla-Argentina.

Conocer y enamorar a mi abuela tampoco fue fácil. La vio paseando con su madre en Barcelona. La abuela era muy guapa, pero, sobre todo, le llamó la atención con el cariño que atendía a su madre, realizando frecuentes paradas, pues parece ser que la bisabuela Celia tenía algún problema con los botines. 

El abuelo las siguió hasta el portal, y consiguió que la portera le diera sus nombres y apellidos. En el Liceo encontró quién conociera a la familia Miró Bordas para presentárselas. Una familia de la burguesía catalana, que vivían en el Ensanche de Barcelona.

Aunque ya casados, se instalaron en Madrid, donde se encontraba la fábrica del abuelo. Eran frecuentes también las temporadas en Barcelona, o en una casa de la Costa Brava.

Tenían un buen nivel de vida, lo que permitió a los hijos disfrutar de actividades y una buena formación, pero la guerra civil truncó todo. La guerra civil no solo fusiló a curas, campesinos o anónimos. También se llevó por delante a ingenieros, científicos, médicos, empresarios, artistas y hombres que no empuñaron un arma.

El asesinato del abuelo Jorge

El abuelo Jorge, no era militar ni conspirador. Era un industrial, un hombre trabajador, con una vida entregada a construir; no a destruir. Y, aun así, fue detenido, humillado y, finalmente, asesinado en septiembre de 1936. No se podía reconocer porque estaba destrozado. Lo identificaron por los zapatos.

La abuela tuvo varias amenazas de que la llevarían a ella y al hermano mayor, Jorge, a "dar el paseo". En Madrid sufrieron mucho, con amenazas, hambre, arrinconados en dos habitaciones, pues entraron a vivir a su casa unos milicianos.

Mis tíos comentaban cómo la abuela reunía a sus hijos de rodillas para rezar la letanía a La Providencia de Dios… y Dios actuó mucho. Un día vino un señor con un brazalete con la bandera belga -rojo, amarillo y negro-, que se parece a la republicana, y dijo que había oído hablar de lo mal que lo estaban pasando, y preguntó cómo podía ayudar. Este sería llamado el "Señor Providencia".

La abuela lo que quería era salir de Madrid e irse a Barcelona con su madre. El "Señor Providencia" organizó retirar mobiliario y enseres (por lo visto los refugiados que se metieron en su casa, no se atrevieron a protestar porque creían que era alguien importante). Hospedó a todos en su casa, hasta que pudo meterlos en un autobús de la Cruz-Roja, que pasando por Valencia los llevaría a Barcelona.

Fueron años muy duros y de mucha hambre. Recuerdo comentar que se tomaban las naranjas con cáscara. Ya en Barcelona, alguien les pidió que alojaran en casa a un señor perseguido al que llamaban el Sr. Carrasco. ¡Resulta que era un jesuita!

Cuando terminó la Guerra Civil, una cuñada de la abuela, tía Cristina, los acogió en su casa en Málaga. Ella también viuda y con 13 hijos. No fue mucho tiempo, pero son situaciones de convivencia con 21 primos en una postguerra, que debe de marcarte, ¡desde luego en generosidad!

Pronto pudieron alquilar su piso en el Paseo Reding. Las niñas iban al colegio de La Asunción y los dos chicos en los Jesuitas del Palo. Era normal entre las hermanas colaborar con las hijas de La Caridad: iban a un dispensario en El Perchel, un barrio muy humilde de Málaga, donde realizaban curas y ponían inyecciones.

En 1942, Jorge, el mayor de los hermanos, había ido a Madrid para estudiar la carrera de Ingeniero Aeronáutico, pensando que tenía que sacar a la familia adelante. Le comentó a la abuela que sentía vocación de jesuita, pero debía estudiar la carrera. Su madre le animó a que dejase la carrera. "Jorge, ya nos arreglaremos, Dios nunca nos deja".

La enorme fe de la abuela Montse

Por su parte, la abuela Montse (Montserrat Miró Bordas), que se derrumbó con una fuerte depresión tras la muerte de su marido, y que de una vida cómoda pasó a una vida de amenazas, persecución, hambre…, a pesar de todo, supo educar y sacar adelante unos hijos fuertes, sanos y llenos de principios.

Fue la fortaleza, la gran fe de su madre, su confianza en Dios, la espina dorsal, o el eje, que los sostuvo en la oración y en la entrega a la Divina Providencia. Una fe, una unión y confianza en Dios, que nos transmitía mientras vivió.

La fe de la abuela Montse sostuvo a esta gran familia.archivo

Siempre he pensado que los hermanos Loring Miró están "hechos de otra pasta". La guerra les hizo sufrir mucho. Supieron darle la vuelta al dolor que llega y no puedes evitar. Ponerse en manos de Dios, con absoluta confianza, les permitía envolver el sufrimiento con la oración y saber ofrecer el dolor, que ha de llegar y que se acepta. Esto te hace grande. ¿Porqué? No lo sé. Pero es así.

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