Elena Calero, la joven de Alcalá que puede ser santa: alegre y discreta, ofreció todo por Dios
Murió con 23 años tras padecer una leucemia: la Adoración la sostuvo hasta el final.
Tras su fallecimiento, se encontró un cuaderno en el que había transcrito frases de santos.
Elena Calero Baamonde fue una joven de 23 años, de la diócesis de Alcalá de Henares (Madrid, España), que falleció en 2014 a causa de una leucemia. Su alegría, sencillez y fortaleza, además del ofrecimiento de su vida por los sacerdotes, fueron una de las señas de identidad de esta Sierva de Dios.
"Lo que buscaba siempre era estar pendiente de los demás. No ponía su corazón en lo material, su corazón miraba al Cielo", comentaba en una entrevista Belén Calero, postuladora de la causa de beatificación y hermana pequeña de la Sierva de Dios.
La Adoración de los viernes
Elena estudiaba Administración y dirección de empresas, tenía novio y perspectivas de futuro y, como decía Belén, "estaba profundamente enamorada de Cristo, era el centro de su vida, algo que nunca podía faltar". Su hermana solía repetir una frase: "Jesucristo es mi inseparable vivir".
Tras recibir el sacramento de la Confirmación, Elena pasó de vivir la fe en la comunidad parroquial de Santiago Apóstol de Alcalá de Henares a la de San Pedro Apóstol en la Catedral-Magistral. Allí empezó a acudir al grupo de jóvenes y a una cita semanal que nunca se perdía: la Adoración Eucarística de los viernes.
Poco a poco, la fe de Elena Calero ganó en profundidad gracias a la vida de la parroquia y a recibir frecuentemente los Sacramentos. Con el paso del tiempo, el carácter servicial de Elena la llevó al frente del grupo de jóvenes. Sin embargo, era discreta, huía del protagonismo. Belén explicaba que no le gustaba que la llamaran "líder".
Elena, en el centro, junto a sus padres y hermanas.
La postuladora de la causa también se refería a la importancia que tuvo para Elena la estancia de Erasmus en Viena en el curso 2011-2012. Allí conoció a las Hermanas de San Carlos Borromeo, con quienes entabló una estrecha relación de amistad. En 2024 se descubrió la existencia de unas cartas personales escritas por ella a estas religiosas.
El 18 de junio de 2013, tras una analítica y una llamada de urgencia del laboratorio, a Elena le diagnostican una leucemia mieloide crónica. "¿Cómo lo recibe ella? Al principio con esa incertidumbre de '¿qué va a pasar con mi vida? ¿Qué va a ser…? El susto se lo llevó, todos nos lo llevamos. Pero, poco a poco, confiando que eso que estaba ocurriendo era una llamada que el Señor le estaba dando para vivir más cerca de Él, para seguirle más de cerca".
El caer enferma no la alejó del servicio a la parroquia. Al contrario, se puso aún más a disposición de los sacerdotes y de los jóvenes para lo que fuera necesario. Siempre repetía: "Por favor, no olvidéis rezar por el Seminario Mayor y Menor de Alcalá de Henares, corazón de nuestra diócesis".
Esta preocupación por los seminaristas y por los sacerdotes no era superficial. "Era consciente de que sin los sacerdotes no tenemos Sacramentos y los Sacramentos son la fuente de la vida de la Iglesia", afirmaba Belén en el programa Ecclesia es domingo.
Tras su fallecimiento, se encontró un cuaderno-diario espiritual. En él había transcrito frases de santos y algún comentario de las homilías de los Papas. También había recogido reflexiones personales hechas en sus momentos de oración ante el Santísimo. En estos sencillos escritos quedaron reflejadas sus vivencias de la enfermad y sus peticiones al Señor.
Belén explicaba que en este diario "ella constantemente le pide al Señor que le dé fuerza, siempre dando gracias. Es un ofrecimiento; además, con esa palabra: 'ofrecimiento' de su vida.
Y además, especialmente, en esos últimos meses en los que vemos unos escritos, unas intenciones por las cuales dice 'mi enfermedad por los sacerdotes, por el aumento de las vocaciones a la vida consagrada' . Y en su diario escribe un listado de distintas personas por las que dice: 'mi enfermedad la ofrezco por ellas'".
Al final de su vida, cuando ya no podía ingerir alimentos o líquidos, Elena pudo recibir, con gran esfuerzo, su última comunión de manos del entonces obispo de Alcalá de Henares, Reig Plá. Los frutos del ofrecimiento de su vida pudieron verse desde el momento de su fallecimiento.
"Elena era una joven que no pertenecía a ningún movimiento, que no pertenecía a ningún grupo en específico, era una joven de su parroquia, entregada en la catequesis, a los niños, en el cuidado del grupo de jóvenes que especialmente le habían encomendado. Es precisamente ella una joven que no tenía otra realidad que la Iglesia diocesana a la que pertenecía y a la que tanto estaba ligada".
"Su vida precisamente es un ejemplo de que no hay que hacer grandes cosas. La vida, al fin y al cabo, tenemos que vivirla de una forma extraordinaria pero también con simples gestos. Ella era consciente de que no hace falta hacer grandes hazañas para poder responder a este llamado, simplemente vivir con sencillez y ofrecerlo todo", concluía Belén.