Martes, 20 de octubre de 2020

Religión en Libertad

El Papa pide a Dios que conceda «la gracia de la creatividad» para así poder vencer a la pandemia

El Papa invitó a no olvidar la primera llamada del Señor, el primer amor / Vatican Media
El Papa invitó a no olvidar la primera llamada del Señor, el primer amor / Vatican Media

ReL

Este lunes durante la misa celebrada en la Casa Santa Marta el Papa pidió rezar por los artistas “que tienen una gran capacidad de creatividad y por la vía de la belleza nos muestran el camino a seguir. Que el Señor nos dé a todo la gracia de la creatividad en este momento”.

Ya en su homilía, Francisco invitó a pedir a Dios “la gracia de volver siempre a la primera llamada. No olvidar la primera historia, cuando Jesús me ha mirado con Amor y me ha dicho: éste es tu camino”.

“Cuando Jesús, a través de mucha gente me ha hecho entender cuál era el camino del Evangelio, y no otros caminos un poco mundanos, con otros valores, volver al primer encuentro, a mí siempre me ha impresionado que, entre las cosas que dice Jesús a las mujeres en la mañana de la Resurrección: vayan hacia mis discípulos y díganles que vayan en Galilea, allí lo encontrarán”, agregó.

Y recordó además que “la Galilea era el lugar del primer encuentro, allí habían encontrado a Jesús, cada uno de nosotros tiene la propia Galilea en su interior, se ha acercado y ha dicho [Dios] sígueme. En la vida sucede esto, que ha sucedido a la gente buena, porque dicen, ¿qué tenemos que hacer?, e inmediatamente, han obedecido, sucede que nos alejamos y buscamos otros valores, otra hermenéutica, otras cosas, y perdemos la frescura de la primera llamada”, señaló el Papa.

Homilía íntegra del Papa Francisco recogida por Vatican News

La gente que había escuchado a Jesús durante todo el día, y luego tuvo la gracia de multiplicar los panes y vio el poder de Jesús, quería hacerlo rey. Primero fueron a Jesús para escuchar la palabra y también para pedir la curación de los enfermos. Se quedaron todo el día escuchando a Jesús sin aburrirse, sin cansarse o (estar) cansados, pero estaban allí, felices. Pero cuando vieron que Jesús los alimentaba, lo cual no esperaban, pensaron: "Pero este sería un buen gobernante para nosotros y seguramente podrá liberarnos del poder de los romanos y llevar el país adelante". Y estaban encantados de hacerle rey. Su intención cambió, porque vieron y pensaron: "Bien... porque una persona que realiza este milagro, que alimenta a la gente, puede ser un buen gobernante. Pero habían olvidado en ese momento el entusiasmo que la palabra de Jesús hacía nacer en sus corazones.

Jesús se marchó y se fue a rezar. Se puede ver a esa gente, se quedaron allí, y al día siguiente buscaban a Jesús, "porque debe estar aquí" dijeron, porque habían visto que no había subido al barco con los demás. Y había un barco allí, se quedó allí... Pero no sabían que Jesús había alcanzado a los otros caminando sobre las aguas. Así que decidieron ir al otro lado del Mar de Tiberíades para buscar a Jesús y cuando lo vieron, la primera palabra que le dijeron fue: "Maestro, ¿cuándo has llegado aquí?", como diciendo: "No entendemos, esto parece una cosa extraña".

Y Jesús les hace volver al primer sentimiento, a lo que tenían antes de la multiplicación de los panes, cuando escucharon la palabra de Dios: "En verdad, en verdad les digo que no me buscan porque han visto signos – como al principio, los signos de la palabra, que les emocionaron, los signos de la curación – no porque hayan visto signos sino porque han comido de esos panes y los he saciado. Jesús revela su intención y dice: "Pero es así, has cambiado de actitud. Y ellos, en vez de justificarse: "No, Señor, no...", fueron humildes. Jesús continúa: "No trabajen por la comida que no dura, sino por la comida que queda para la vida eterna y que el Hijo del Hombre te dará. Porque sobre Él, el Padre, Dios, ha puesto su sello". Y ellos, buena gente, dijeron: "¿Qué debemos hacer para hacer las obras de Dios?". "Que creas en el Hijo de Dios". Este es un caso en el que Jesús corrige la actitud de la gente, de la multitud, porque a mitad del camino se había desviado un poco del primer momento, del primer consuelo espiritual y había tomado un camino que no era el correcto, un camino más mundano que evangélico.

Esto nos hace pensar muchas veces que en la vida empezamos a seguir a Jesús, detrás de Jesús, con los valores del Evangelio, y a mitad de camino nos hacemos otra idea, vemos algunos signos y nos alejamos y nos conformamos con algo más temporal, más material, más mundano, tal vez, y perdemos el recuerdo de ese primer entusiasmo que tuvimos cuando escuchamos hablar a Jesús. El Señor siempre nos hace volver al primer encuentro, al primer momento en que nos miró, nos habló e hizo nacer en nosotros el deseo de seguirle. Esta es una gracia para pedirle al Señor, porque en la vida siempre tendremos esta tentación de alejarnos porque vemos otra cosa: "Pero eso irá bien, pero esa idea es buena...". Nos estamos alejando. La gracia de volver siempre a la primera llamada, al primer momento: no olvides, no olvides mi historia, cuando Jesús me miró con amor y me dijo: "Este es tu camino"; cuando Jesús a través de tantas personas me hizo comprender cuál era el camino del Evangelio y no otros caminos un poco mundanos, con otros valores. Vuelve al primer encuentro.

Siempre me ha llamado la atención que entre las cosas que Jesús dijo la mañana de la Resurrección: "Ve a mis discípulos y diles que vayan a Galilea, allí me encontrarán", Galilea fue el lugar del primer encuentro. Allí habían conocido a Jesús. Cada uno de nosotros tiene su propia "Galilea" dentro, nuestro propio momento cuando Jesús se acercó a nosotros y dijo: "Sígueme". En la vida esto le pasa a esta gente - bueno, porque entonces les dice: "¿Pero qué debemos hacer?", ellos obedecieron inmediatamente - sucede que nos vamos y buscamos otros valores, otra hermenéutica, otras cosas, y perdemos la frescura de la primera llamada. El autor de la carta a los Hebreos también nos recuerda esto: "Recuerda los primeros días". La memoria, la memoria del primer encuentro, la memoria de "mi Galilea", cuando el Señor me miró con amor y me dijo: "Sígueme".

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