¿Y después del milagro? Raúl Mir evoca la vida de la samaritana en «El pozo de la promesa»
Una novela que busca recordar al lector que nadie está demasiado roto para no ser amado ni demasiado lejos para no ser encontrado.

Raúl M. Mir publica "una obra conmovedora sobre la dignidad recuperada, el perdón y esa «agua viva» que, una vez probada, sacia para siempre la sed más profunda".
Raúl Mir es autor de varios libros, entre ellos El equilibrio vital, y asiduo conferenciante sobre desarrollo humano sostenible y temas relacionados con la fe católica y la cultura. Presenta en esta entrevista concedida a Carlos Vilches para Religión en Libertad su novela El pozo de la promesa. Cartas de la samaritana de Sicar (Mensajero).
—Nace del Evangelio, pero también del corazón humano. Siempre me ha conmovido el encuentro de Jesús con la samaritana porque es un diálogo donde no hay reproche, solo verdad y misericordia. Esa frase resume lo que somos muchos antes de encontrarnos de verdad con Cristo: personas que viven, pero no del todo; que caminan, pero con el peso de la culpa, del abandono, del amor roto.
»Pero esta novela es también un ejercicio de mirada interior, casi un examen de conciencia. Al escribirla me vi obligado a analizar mi propia vida, a tomar conciencia de los fracasos personales, de las heridas que uno arrastra y que a veces intenta ocultar incluso de sí mismo. La historia nace de contemplar ese mediodía en Sicar… y de preguntarme qué ocurrió después, cuando el milagro ya había pasado y la vida debía seguir adelante, ya no desde la herida, sino desde la verdad. Creo que es la vida de todo ser humano.
—Porque la fe, cuando es auténtica, necesita transmitirse. La samaritana no escribe para explicarse a sí misma, sino para legar una herencia. La carta es un acto de amor: “Hijo, no quiero que vivas sediento como viví yo”. Además, la carta permite una voz íntima, sin artificios, donde esta mujer valiente puede desnudarse sin miedo, como lo hizo ante Cristo junto al pozo. Esa forma narrativa me ha permitido, además, ampliar el horizonte del relato y narrar otros sucesos en torno a la vida de Jesús y de los primeros años del cristianismo, siempre desde la mirada de quienes fueron testigos directos o vivieron a la sombra de aquel acontecimiento decisivo. De este modo, la experiencia personal de la samaritana se entrelaza con la historia viva de una fe que comenzaba a abrirse paso en medio del mundo. Pero que al mismo tiempo es muy actual.

"El pozo de la promesa. Cartas de la samaritana de Sicar", de Raúl M. Mir.
—Un lugar central. Dios no salva desde fuera de la herida, sino desde dentro. La samaritana no está idealizada: ha amado mal, ha sido rechazada, ha cometido errores, se ha equivocado. Pero ahí, precisamente ahí, es donde entra Cristo. La novela quiere decirle al lector: no tengas miedo de tu historia, porque es el lugar exacto donde Dios te está esperando. Es, en esencia, una historia de redención: nos muestra que incluso nuestras heridas, fracasos y momentos de sombra pueden convertirse en el escenario donde la misericordia divina se hace presente, donde lo roto puede ser sanado y lo perdido, recuperado. La samaritana nos recuerda que nadie está demasiado lejos para ser amado y transformado por Dios.
—Con mucho respeto y mucha oración. No quise “poner palabras nuevas” en la boca de Jesús porque la novela sigue fielmente el relato del Evangelio de san Juan, sino dejar que su presencia transformara el relato desde el silencio, desde la memoria. Cristo no necesita ocupar muchas páginas para ser el centro. Basta con que haya sido verdadero una vez… y lo cambia todo para siempre.
—No, y esa es una de las grandes tragedias del ser humano. La samaritana ha sido perdonada por Dios, pero ha necesitado años para aceptar ese perdón. A veces creemos en la misericordia divina, pero seguimos castigándonos. Esta novela es también un camino hacia la reconciliación con uno mismo, que no es soberbia, sino humildad: aceptar que Dios nos ama más de lo que nosotros sentimos.

Raúl Mir, escritor y autor de "El pozo de la promesa. Cartas de la samaritana de Sicar" (Mensajero).
—Es la experiencia de ser amado sin condiciones. No una emoción pasajera, sino una certeza que permanece incluso cuando todo se seca alrededor. El agua viva es descubrir que ya no necesitas mendigar amor, porque has sido encontrado. Es también comprender que te has equivocado muchas veces, que has fallado y que tus errores ha provocado dolor y daños y forman parte de tu historia, pero aun así eres amado plenamente. Cuando alguien prueba eso, puede perder muchas cosas… pero no vuelve a tener sed.
—Estoy plenamente convencido. La samaritana no era una mujer religiosa ejemplar. Era una mujer cansada, avergonzada, escéptica. Jesús no le pide credenciales, solo un poco de verdad. Creo que cualquier lector que haya amado y sufrido puede reconocerse en ella, incluso antes de reconocerse creyente. No olvidemos que la samaritana se convierte en la primera misionera de Jesús. Lo reconoce como el Mesías y corre con alegría a proclamarlo a las gentes que, incluso, le han despreciado. Lo hace con el convencimiento de quien ha sido transformada por Cristo. Dios sabe bien cómo actuar en el corazón humano. Pero hemos de estar atentos al susurro de esa llamada.
—Que la dignidad no se pierde por lo que hemos hecho ni por lo que nos han hecho. Se olvida, se cubre de polvo, pero no desaparece. Cristo no devuelve a la samaritana algo nuevo, sino lo que siempre fue suyo. Su dignidad como persona. Y Jesús la ama por quien es. Eso es uno de los aspectos más revolucionarios del cristianismo.
—Que nadie está demasiado roto para no ser amado, ni demasiado lejos para no ser encontrado.
—Un deseo sencillo pero pleno: que el lector tenga sed. Y que, al reconocerla, se atreva a acercarse al pozo de su propia vida… porque allí, todavía hoy, alguien sigue esperando para amarlo sin condiciones.
[El pozo de la promesa. Cartas de la samaritana de Sicar, de Raúl Mir, está ya a la venta en librerías y plataformas de compra digitales]