Viernes, 13 de diciembre de 2019

Religión en Libertad

Así terminaréis todos


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Digo que así terminaréis todos los de las próxima generaciones, no como un desafío resentido o maldición gitana, por haber sido recluido en un “parking” de ancianos y tullidos, sino como comprobación de lo que se ve venir desde una residencia de “mayores”, como se dice en el lenguaje edulcorado de lo políticamente correcto.

Antiguamente, los abuelitos apuraban sus días de peregrinar por la Tierra en casa de alguno de sus hijos. Pero aquella era una sociedad sedentaria, escasamente móvil, que a lo sumo emigraba por oleadas del campo a la ciudad; si bien solían hacerlo, muchas veces de forma escalonada, toda la tribu familiar, los viejitos incluidos, si no habían quedado allá en la aldea, al cuidado de la casuca, la vaca, el burro y las cuatro miniparcelas de la heredad, para el solaz de los emigrantes que volvían y vuelven en tiempo de vacaciones. Luego vino el turnarse los hijos por meses u otros períodos de la atención de los padres. Y así estos iban, de piso en piso, con lo puesto y muy poco más, soportando los malos modos de la nuera o la brusquedad del yerno. Pero ahora ni siquiera esta mala solución es posible.

No es posible, principalmente, porque los hijos, cada vez más escasos, no pueden estar pendientes las veinticuatro horas del día, como requiere el estado de salud y acaso mental de los abuelos, perdón, de sus mayores. Ahora todos los matrimonios, incluidos los de quita y pon, intentan trabajar ambos para percibir unos ingresos que les permitan llevar una vida acorde con los hábitos de los tiempos. Muchos viajes, hasta los lugares más remotos y exóticos, y el trabajo fuera del hogar, donde sólo quedan durante horas y horas acaso el gato, el perrito o el canario. Pero los abuelitos, especialmente si tienen dificultades para valerse por sí mismos, no son una mascota más, ni un trasto antiguo inerte, sino un ser vivo a veces muy exigente, porque las personas, con los años, nos hacemos más egoístas de lo “normal”, si tiene algo de normal el egoísmo.

Conclusión: las residencias de “mayores” se han convertido en la gran solución para no dejar en la calle o mal atendidos a las personas según vamos cumpliendo años y nos convertimos en seres inútiles y, para algunas familias, incluso molestos. Por su parte, los viejos tampoco pueden -podemos- pretender ser un lastre o una carga para los hijos, de modo que les impida llevar su propia vida, a la que tienen derecho, del mismo modo que hicimos nosotros cuando nos emancipamos de la carpa familiar. Es ley de vida, solemos decir apelando al tópico; pero es un tópico absolutamente real.

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