Jueves, 30 de junio de 2022

Religión en Libertad

Los asesinos del clima

Marquesina con el anuncio: ¿el futuro o asesinos del clima?
«¿El futuro o asesinos del clima?» El interrogante que se planteó en las marquesinas alemanas es todo un signo de unos tiempos en los que la vida humana parece el enemigo a batir. Foto: Twitter.

por Álex Navajas

Opinión

Una campaña publicitaria absolutamente obscena aparecida hace un tiempo en Alemania muestra a una madre con sus dos hijos pequeños sobre los que lanza la siguiente pregunta: “¿El futuro, o unos asesinos del clima?”. La madre es blanca, al igual que sus hijos, algo que no es casual o baladí, porque haber planteado esa misma cuestión sobre una mujer negra o árabe y su prole habría desatado las iras más furibundas de los sumos pontífices de la religión de lo Políticamente Correcto. Todo está perfectamente calculado: los tres seres humanos que aparecen en la imagen, al ser blancos, son culpables. O, al menos, sospechosos. Sobre ellos sí se puede proyectar la sombra de duda de si no serán una rémora, una carga insoportable para el planeta.

La campaña publicitaria de marras, así, a las bravas, tiene reminiscencias nazis. Hitler buscaba para Alemania su Lebensraum, su espacio vital donde pudiera desarrollarse plenamente. Hoy, el Lebensraum es el planeta que, según quieren hacernos creer los artífices del Nuevo Orden Mundial, está completamente saturado de personas. Sobran seres humanos. Tener dos hijos es visto como una irresponsabilidad dentro de los nuevos pecados ecológicos. Adoptar seis gatos, sin embargo, es un acto de generosidad digno de admiración. Explotar una granja de vacas para el consumo humano es altamente contaminante, pero mantener una perrera con cientos de canes es merecedor del mayor elogio. En los supermercados, los pasillos dedicados al cuidado de las mascotas son cada vez más largos, mientras que menguan los destinados a los bebés. Pocos suicidios colectivos en la historia de la Humanidad han discurrido entre tanta indiferencia y anestesia generalizada.

Las tornas han cambiado: campañas publicitarias como ésta y otras similares, que no habría podido ni siquiera imaginar Joseph Goebbels en sus mejores sueños, son vistas como normales y hasta positivas por una gran parte de la población, mientras que las campañas a favor de la familia en países como Hungría y Polonia son tildadas de nazis y fascistas. El mundo al revés.

La raíz del problema, como tantas otras veces, la encontramos en el egoísmo. “Como yo no he sabido embridarme y vivir con austeridad, el otro sobra”, sería la formulación. Es la incapacidad de admitir el propio error, el propio pecado -porque hemos quedado en que el pecado ya no existe-. Por tanto, la culpa es del que viene después de mí. Que él arregle los platos que yo he roto. Resulta pintoresco ver a numerosos youtubers e influencers predicarnos sobre el cuidado que debemos tener del planeta a la vez que se suben al enésimo avión para visitar el rincón más recóndito o el último destino de moda. Porque ellos sí lo valen. Los asesinos del clima son los que vienen a continuación y a los que no vamos a dejar ni siquiera nacer. No sea que acaben con nuestro mundo de confort.

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