Domingo, 26 de septiembre de 2021

Religión en Libertad

La marca de la bestia

Arguis, retablo de la leyenda de San Miguel.
Victoria de San Miguel sobre el anticristo, cuando, por artes mágicas, se finge resucitado e intenta ascender al cielo: Retablo de la Leyenda de San Miguel (1440), del Maestro de Arguis, Museo del Prado.

por Juan Manuel de Prada

Opinión

Un amable lector nos lanza una pregunta inquietante: «En alguna ocasión le he leído que, para enterarnos de las últimas noticias, debemos leer el Apocalipsis. ¿No le parece que en las presentes circunstancias, cuando amenazan con imponernos un carné de vacunación para poder viajar o ir de compras, cobra una nueva significación la llamada ‘marca de la Bestia’?». Vamos a intentar atender la curiosidad de nuestro lector.

En el Apocalipsis (13, 17-18), en efecto, se nos habla de un distintivo que los hombres -«pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos»- se ponen «en su mano derecha, o en sus frentes, de manera que ninguno pudiese comprar o vender, sino el que tuviera la señal». Esta ‘marca de la Bestia’ se inspira en los certificados que algunos emperadores romanos expedían a quienes realizaban sacrificios a los dioses; certificados que, en las persecuciones decretadas contra los cristianos, desempeñaron un papel importantísimo, permitiendo su rápida identificación. En tiempos de Diocleciano se llegaron a expedir téseras que testimoniaban que su poseedor había rendido culto al César, impidiendo comerciar o incluso viajar a quienes no pudieran exhibirlas.

Todos los intérpretes del Apocalipsis de los primeros siglos coinciden en imaginar la ‘marca de la Bestia’ a modo de tésera o salvoconducto, aunque no faltan los que la imaginan a modo de tatuaje o marchamo en la piel. Mucho más recientemente se ha especulado con que esta ‘marca de la Bestia’ podría ser una identificación electrónica (al modo de un código QR), o bien un implante injertado en el propio cuerpo, al estilo de un microchip, en el cual estarían registrados todos los datos -civiles, médicos, laborales, bancarios y hasta genéticos- del portador. No han faltado quienes han advertido que esta ‘marca de la Bestia’ podría interferir en el sistema neurológico humano, manipulando la personalidad de sus portadores y controlando sus movimientos, como si fueran autómatas o zombis. Pero para convertir a las personas en masa cretinizada no hace falta intervenir con un microchip en sus cerebros; basta con moldear las conciencias mediante una ubicua propaganda sistémica.

La apariencia material de la ‘marca de la Bestia’ podemos imaginarla de mil maneras, según los adelantos tecnológicos de cada época. Pero esto no nos servirá para penetrar en su auténtica naturaleza. Pues, según se nos narra en el Apocalipsis, esta ‘marca de la Bestia’ no la imprime la Bestia del Mar, sino la Bestia de la Tierra. Todos los exegetas del Apocalipsis coinciden en identificar a la Bestia del Mar (con sus siete cabezas que simbolizan una coalición mundial) con un Anticristo de naturaleza política; y coinciden en identificar a la Bestia de la Tierra (que tiene «dos cuernos como de cordero», remedando a Cristo, pero habla «como una serpiente») con un poder religioso corrompido que falsifica la religión y la pone al servicio del Anticristo político, empujando a los hombres suave y melosamente (como lo haría un corderito) a la apostasía.

Así que esta ‘marca de la Bestia’, independientemente de su naturaleza material, debe incorporar una profesión de apostasía religiosa. Dicha profesión puede ser neta y expresa (abjurando de Dios) o bien mediante la participación (a sabiendas) en acciones horrendas que la denotan (una misa negra o ceremonia en la que se descuarticen fetos, por ejemplo). Y esta ‘marca de la Bestia’ se llevará en la frente y en las manos (donde la frente simboliza el modo de pensar y las manos el modo de obrar); es decir, incorporada a nuestra propia vida, a nuestro propio cuerpo, con publicidad y descaro, libre y voluntariamente, con orgulloso afán de proselitismo.

La Bestia del Mar animará a los hombres a dejarse imprimir esta ‘marca’, convenciéndolos de que hacerlo es un acto benéfico para el bien común; y quienes no accedan a imprimírsela no podrán «comprar ni vender»; esto es, se verán señalados con desprecio y burla al principio, después con odio furioso, viéndose excomulgados (apestados) de todo linaje humano, incluso de sus amigos y parientes (que pueden convertirse en sus mayores enemigos). No debe olvidarse, sin embargo, que luego el Apocalipsis (16, 2) indica que quienes han recibido la ‘marca de la Bestia’ perecerán de una «úlcera repugnante y maligna» (una enfermedad arrasadora) cuando el primer ángel derrame su copa, desatando una plaga que anuncia la derrota del Anticristo.

Hasta aquí lo que una exégesis no fantasiosa del Apocalipsis nos dice de la ‘marca de la Bestia’. Esperamos que a nuestro amable y curioso lector le haya servido para enterarse de las últimas noticias.

Publicado en XL Semanal.

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